viernes, 7 de diciembre de 2018

Fedra - Reseña



"El amor debería estar prohibido. Te da muy poco y te lo quita todo".

Estrenada en el pasado festival de Mérida, se representa estos días en Valencia "Fedra" bajo dirección de Luis Luque y en la adaptación que del mito hace Paco Becerra. Es ésta una Fedra diferente, inspirada al parecer en una versión del clásico griego anterior a la ahora conocida que en algún momento se perdió. Una historia con tintes muy actuales que se centra en la lucha interna de la protagonista frente a la difícil elección entre deber y sentimiento a que en un determinado momento la expone la vida. Enferma de amor, enamorada de su hijastro, ella se debate entre sincerarse y afrontar su deseo −en torno a ese deseo se articula toda la función− o mantenerse fiel a la moralidad y a los eternos y siempre implacables convencionalismos sociales.
Texto lleno de poesía y personajes muy bien definidos. Magníficos todos los actores y en especial Lolita Flores que, de un modo muy sobrio y contenido pese a lo que quizá se pudiera esperar, logra dar vida a un personaje atormentado, herido, cargado de erotismo y sentimiento. Una mujer combativa y libre que rechaza ser juzgada, que reclama respeto y defiende por encima de todo su derecho a amar sin miedo, sin culpa y en libertad.
El decorado, metafórico y muy visual, refuerza por último en todo momento y muy acertadamente (imágenes, luces, sonido) el drama que sucede en escena.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Nostalgia



Una caricia, una sonrisa, un beso suave y a soñar... "dulces sueños, mi amor".
Antiguas noches de invierno se cuelan de improviso en mis recuerdos y, casi casi a traición, entre melancolías y nostalgias al instante los enredan. Noches de mimos y risas; de confidencias e ilusiones; de planes de futuro y proyectos de aventura; de carantoñas y cuentos antes de dormir, siempre cómplice algún libro entre sus manos: Peter Pan, La Isla del Tesoro, Mujercitas...  Noches tiernas con sabor a infancia: hojaldre y chocolate caliente, pijama y zapatillas, nervios y deberes apresurados en la cama. Tan lejano ahora todo ya... Tiempos de candor e ingenuidad que la vida detuvo para siempre en un instante eterno. Antes del espanto y del dolor. Antes del silencio, de la indiferencia, del perverso maleficio que secuestró la inocencia de su alma. Antes de que las hadas traicionaran su magia y los monstruos ganaran, implacables, la batalla. Antes de tantas lágrimas a destiempo derramadas sobre pupitres ardientes de vergüenza y rabia. Antes de aquella última carta... Cuando mi niña era feliz y en mi corazón habitaba la alegría, la poesía y la esperanza.





       Segundo premio "Relatos Compulsivos". Noviembre 2.018.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Equívocos



Cada noche, en la frágil intimidad de un cuarto cerrado, tras la puerta que blinda del mundo una huraña vida adolescente, se obra el milagro. En silencio. Casi en secreto. Al resguardo de miradas indiscretas, al abrigo de perversos comentarios, a salvo por fin de incomprensiones, de juicios y crueles veredictos, de maliciosas sonrisas... entre brochas y pinceles, espuma y brillantina, secadores, lacas y paletas de colores −rojo en los labios, negro en las pestañas, melocotón en las mejillas− poco a poco, muy despacio, desgarro y culpa ceden paso a esperanza y alegría y cual asombroso e insólito truco de magia −abracadabra− una niña entonces sonríe.
Desde su escondite, Andrés la observa. De frente, de espaldas, de perfil... Atónito y deslumbrado. Embrujado por esos ojos hechiceros que, de su miedo y su vergüenza, pícaros, se burlan; náufrago de un rostro de mujer (casi) que de su rabia, de su llanto y su dolor, tras el maquillaje y la impostura, siente que se apiada. <<Andrea...>>, al instante susurra el niño rozando sus dedos el cristal, mientras dentro del espejo un reflejo que parece −y sólo parece− ajeno le sonríe y un latido de felicidad palpita breve en su corazón herido.  







          Imagen: Víctor Lax.

Este relato resultó mencionado en el certamen octubre-noviembre 2.018 de "Esta Noche Te Cuento".

          http://estanochetecuento.com/equivocos-marta-navarro/
          http://estanochetecuento.com/resultados-para-la-laca-de-victor-lax/

domingo, 11 de noviembre de 2018

Secretos de ultratumba


Medianoche. Oscuridad y silencio. Calla el mundo. Mi tiempo comienza. Tras el lúgubre tañido de las campanas, eco extraño y sobrenatural que la quietud de esta tristísima madrugada quiebra, desde lo más hondo de la tierra, mis restos al mundo de nuevo regresan. Errante y espectral −ojos vidriosos, pasos vacilantes, piel rasgada, extremidades rígidas, rostro plomizo y ceniciento− como todos esperan o quizá me imaginaron un día −deshecho y quejumbroso− así hoy yo, confundido entre la espesa niebla que por doquier en torno a mí se extiende, casi en humo diluido, mi presencia entre los vivos, tímido y cauteloso, revelo.
 Con infinito esmero días, semanas, meses enteros, preparé mi aparición. Al cabo, el tiempo ahora se cumplió y esta tenebrosa, gélida y dolorida noche de difuntos para ser testigo de tan estelar momento fue la elegida. Nada habrá de fallar. Exitosa, sin duda, resultará la misión. Y yo mismo de ello, llegada la hora, daré fe.
Sé bien la incomprensión y el pavor que mi labor despierta mas no siento que deba por ella excusarme, cumplo a conciencia un deber al que −nada ahora importan los motivos− desde tiempo inmemorial, lealtad debo.
Y sin embargo...
Tantas miradas, adivino, pronto caerán inclementes sobre mí, tantos ojos estupefactos que en un instante, bien lo sé, pasarán del asombro al reproche, de la aprensión al terror... ¡Ay! Una intolerable ansiedad se apodera de esta triste ánima del Purgatorio desolada y penitente, arden mis mejillas y hasta la misma médula mis ruinosos huesos se estremecen sólo con pensarlo.
¡Pobre de mí! ¡Si el mundo conociera cómo odio ser centro de atención!  ¡Cómo lamento esta condición de muerto viviente mía en noches como esta! ¡Cómo tanto protagonismo me espanta!
Pánico escénico, así supe un día a mi extraña dolencia los galenos llaman. Siglos ha que en secreto guardo tan fatal diagnóstico. ¡Qué vergüenza! Si en esta cerrada, claustrofóbica, quisquillosa y tan mojigata sociedad de ultratumba alguien se enterara sería mi fin. Irreparable el daño para mi reputación.
Hasta ahora, casi por milagro, todo ha salido bien, nunca criatura alguna nada sospechó y así confío hasta el fin de los tiempos habrá de ser. Misterios hay en el mundo que jamás se debieran desvelar. Y aunque grande es el horror que carga mi conciencia, grande siempre fue también mi talento para el disimulo, arte que tantas veces mi dolor vistió de alegría y, entre el jolgorio y la diversión que por  doquier acá en México reina siempre estos días, de mascarada quizá disfrazó mi llanto.
A salvo como creo estar, nadie tendrá jamás noticia de mi impostura.
Y sin embargo...
Atrapado me encuentro en la tela de una araña envenenada y pegajosa de la que, presiento, no lograré escapar.
Vetada la caricia de las lágrimas a las cuencas vacías  de mis ojos, un llanto seco y dolorido anuda esta noche mi garganta. Un llanto que no alivia, que lastima y quema.
 En secreto, con fervor anhelo que el alba venza al fin a la tiniebla, atisbar la suave luz que alumbre el nuevo día y así a mi cripta poder entonces regresar. Tornar a la rutina de mis horas, a la aburrida tranquilidad de mi guarida, a mi retiro, a mis ausencias, a mis recuerdos y desvelos, al rumor de un tiempo pasado, ingenuo y más feliz con sabor a antiguos otoños de infancia, a crema de calabaza, a dulce de membrillo, a chocolate caliente, a nueces y castañas...
Humildes sueños que una y otra vez contra este aciago y miserable destino mío sin remedio se estrellan. Y quisiera llorar. Y no puedo. Y entre melancolías, soledades y nostalgias se ahoga esta triste alma, en el limbo de la inexistencia para siempre perdida.





          Relato para Zenda #DiadeMuertos

viernes, 9 de noviembre de 2018

Primera memoria. Ana Mª Matute - Reseña.


"Algo había, como un gran mal, debajo de la tierra..."

Con "Primera memoria", ganadora del premio Nadal en 1.959, inició Ana Mª Matute la trilogía conocida como "Los mercaderes" de la que forman también parte "Los soldados lloran de noche" y "La trampa".
Narrada en primera persona, desde la voz de una protagonista ya adulta que muchos años después recuerda a la niña que fue, es ésta una novela desesperanzada y muy cruel en torno a la pérdida de la inocencia y los inevitables abismos que de improviso y con frecuencia frente a nosotros se abren al alcanzar la madurez.
Sin estar directamente presente  la guerra en ningún episodio del relato, es a través de la vida y la rutina estival −lecciones de latín, primeros cigarrillos, escapadas a playas recónditas− de dos primos pertenecientes a familias de bandos distintos y ya casi adolescentes (Matia y Borja) que habrán de pasar juntos el convulso verano de 1.936 en la casa familiar de la abuela, como la autora nos adentra en las causas más hondas del conflicto −tema de fondo latente en la novela− en un mundo de odios y humillaciones, de culpas, prejuicios, de  grandes y pequeñas maldades, dando vida a una  historia oscura y muy opresiva en torno al miedo, la rabia y la culpa.
 Magistral siempre Ana Mª Matute, incluso en sus primeras obras.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Inclemencia



Como un enjambre tras recibir la pedrada de un niño, como una marioneta a la que un dios cruel cortó los hilos, como un ángel sin alas en tierra hostil abandonado... Aturdido, perplejo, malherido por tu traición y por tu olvido, clamo tu nombre, suplico tu ayuda, lloro mi espanto y mi destierro. Tú, a mi dolor indiferente, giras el rostro y entonces... entonces al fin comprendo. Triste, incómodo fantasma de una guerra antigua y olvidada, errante peregrino sin asilo, desde mi orilla y tu frontera, noche y día, sin  fe  ni esperanza, pese a todo −¡ay, Europa!−  sueño contigo. 




 Microrrelato finalista semanal el día 3 de noviembre de 2.018 en el concurso "L'art d'escriure" del programa Wonderland de Radio 4 RNE.

viernes, 2 de noviembre de 2018

La golondrina - Reseña



"Lo que realmente nos hace humanos es nuestra capacidad de sentir como propio el dolor de los demás".

Inspirada en el atentado islamista que en 2.016 tuvo lugar en Estados Unidos, en un bar de Orlando, "La golondrina" (Teatro Olympia de Valencia), escrita por Guillem Clua y dirigida por Josep Mª Mestres, es una reflexión profunda en torno al dolor, al sufrimiento y a las consecuencias del odio. A través de la historia de Amelia, rígida profesora de canto rota por la muerte de un hijo y de Ramón, alumno que reclama su ayuda para, en homenaje a la madre fallecida, poder interpretar la nana que da nombre a la obra, el texto plantea en realidad temas tan hondos como la incomunicación, las relaciones familiares, el miedo, el duelo, la culpa, la vergüenza, la fragilidad del ser humano o el inmenso poder sanador que siempre tienen  amor y  perdón. El modo, al fin, en que  afrontamos el dolor o la importancia del camino a elegir cuando lo impensable, casi lo imposible, sucede.
Repleta de giros argumentales, de secretos, de verdades y mentiras, es esta una obra delicada y muy emotiva, dolorosa pero también esperanzadora y pese a todo luminosa.
Gran texto, magníficamente interpretado por los dos actores que integran el reparto (Carmen Maura y Félix Gómez), con mucha naturalidad y contención, alejados ambos en todo momento de un dramatismo innecesario e incluso en ocasiones con algo de ironía y ciertos chispazos de  humor.

viernes, 26 de octubre de 2018

Mil soles espléndidos. Khaled Hosseini - Reseña



"Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas, o los mil soles espléndidos que  se ocultaban tras sus muros".

"Mil soles espléndidos" fue tras la famosísima "Cometas en el cielo" la segunda novela de Khaled Hosseini e igual que ocurría en aquella, más  allá de las peripecias de los personajes,  nos enfrenta con su relato el autor a casi tres décadas de la historia reciente de Afganistán, desde la invasión soviética hasta la implantación del régimen talibán y la posterior ocupación americana.
Es esta una historia de miseria, de guerra, de humillaciones y tremendas injusticias pero también de amistad, de amor, de complicidad, de coraje y valentía. Una historia que conmueve, que fluye de un modo muy ágil  y atrapa al lector desde la primera línea, que cede a las mujeres el protagonismo absoluto de la narración para a través de ellas mostrarnos la opresión, la violencia y el sinsentido de un régimen talibán que las invisibiliza, las cosifica y las aplasta implacablemente y para poner de manifiesto asimismo como pese a todo, a fuerza de dignidad, logran ellas tantas veces sobreponerse al horror y resistir a la barbarie.
Una historia por encima de cualquier otra cosa de grandes personajes, tierna, sincera y muy sensible pero también feroz, durísima y muy desgarradora.

sábado, 20 de octubre de 2018

En horas bajas


Desde que murió nada ha salido bien. Tan ilusionado como estaba con su nueva condición, tantos trucos como había aprendido, tantos ensayos y al fin... ¡un fiasco total! eso ha resultado. ¿Para esto tanto esfuerzo? refunfuña con amargura, al filo del más sobrenatural ataque de nervios que podáis imaginar. Pese a todo él es un profesional y noche tras noche −esperanzado, infatigable− continúa intentándolo. Apariciones espectrales, rechinar de dientes, espeluznantes chirridos... Pero ocurre que ya nadie cree en los fantasmas y así no hay modo de trabajar. Y sabe que no es su culpa pero ¡ay! es tanta su vergüenza...
  





Microrrelato finalista semanal el día 20 de octubre de 2.018 en el concurso "L'art d'escriure" del programa Wonderland de Radio 4 RNE.

miércoles, 10 de octubre de 2018

No tocar



Lejana sombra de un pasado que para siempre el viento se llevó
Atmósfera, luz, palabra, polvo...
Efímero instante que pasa y ya no es
Nostalgia, humo, bruma, silencio...
Notas tenues de un piano
Luz, viento, escarcha, rocío...
Arcoíris atrapados entre pompas de jabón
Soledad, espejismos, huellas, destellos...
Suave perfume del tiempo
Felicidad, fascinación, levedad, belleza...
Dolor y música de las cosas perdidas
Alma y llanto, corazones conmovidos
Dulces hadas del otoño embrujadoras y hechiceras.
Sueños fugaces...
Frágiles
Tan frágiles que el más leve roce los quiebra.



 Poema para Zenda #otoño

martes, 2 de octubre de 2018

Un mal día



¡Ay madre! ¡Buena la hice! ¡Si es que no se puede ser tan impulsivo...! Pero la puerta estaba abierta y tanto en mi jaula  me aburría que pensé que no estaría mal salir a dar una vueltecita. Un paseo rápido, curiosear un poco y antes de la cena otra vez en casa.  Tan contento, todo en su sitio y nadie al tanto de mi travesura. Lo que no podía imaginar es que el mundo exterior me fuera a cautivar de esta manera, que fuera tan inmenso y tan divertido. Deslumbrado me tiene. Y, sí, reconozco que la excursión se me ha ido un poquito de las manos o de las garras, debería decir mejor. Y es que lo estaba pasando tan bien que he perdido completamente la noción del tiempo y el sentido de la orientación. Cosa no tan extraña, por otro lado, si pensamos que hasta ahora mi mundo se había limitado siempre a la desangelada carpa donde habito, a feroces entrenadores con pretensión de gladiadores y a majorettes de sonrisa postiza e impostados ademanes de corista.  Pero ya digo que soy impulsivo y pensar, lo que se dice pensar, no pienso mucho las cosas, la verdad.  En fin, que cuando me he querido dar cuenta estaba perdido, hambriento y llorando sin consuelo sobre una acera mi inconsciencia, detalle éste en particular que me avergüenza terriblemente y del que no sé si mi orgullo herido se repondrá alguna vez pero que, si vamos a ser sinceros, debo reconocer sin paliativos.  Para colmo de infortunios cuando, al oír la sirena de ese camión de bomberos detenido ahora frente a mí, he logrado levantar la mirada del suelo lo que he entrevisto a través de dos gruesos lagrimones me ha espantado de tal modo que todas las mechas de mi magnífica melena de león han comenzado a temblar descontroladas porque tampoco es que yo sea muy intuitivo y hasta es posible que a estas alturas ya me esté volviendo, quizás, algo paranoico pero tengo la impresión de que toda esta gente que ha comenzado a rodearme muy buenas intenciones no tiene...







Este relato aparece publicado en el nº 44 (octubre 2.018) de la Revista "Valencia Escribe".

martes, 25 de septiembre de 2018

Latidos de olvido


Te pierdo. Sé que te pierdo. Lentamente. Sin remedio. Y tengo tanto miedo...
El puñal que atraviesa mi corazón, a cada instante se retuerce más y más y de tristeza y soledad, de derrota y desamparo, impotentes y heridos, amargas lágrimas lloran mis ojos.
Y sin embargo...
 Eres tú quien pese a todo me rescata del dolor. De nuevo. Como siempre.
Sonríes y ya nada importa. El miedo, el cansancio, el frío, el futuro tan incierto... todo se desvanece.
Tomo tu mano. En silencio. Muda la súplica en mis labios por no truncar el hechizo.
Una ventana de visillos blancos filtra con dulzura el último sol de la tarde y un destello de felicidad, algo que no me atrevo a llamar esperanza, me asalta por sorpresa.
La sonrisa fugaz que por ensalmo ahuyenta de tu rostro el desconcierto embruja mi alma, mi corazón herido.
Se clavan tus ojos en los míos y, salvado un momento, sólo un momento, este abismo de olvido, siento de nuevo la magia que alguna vez −tiempo antiguo y dichoso− habitó mi mundo.
 Eternidad  robada al más cruel, al más obstinado e injusto, al más perverso ladrón de recuerdos a quien nadie se enfrentó jamás.





           Imagen: Vivian Maier.

           http://estanochetecuento.com/latidos-de-olvido-marta-navarro/

sábado, 22 de septiembre de 2018

Kathleen. Christopher Morley - Reseña.


"El joven sufrió una de las más severas conmociones del corazón conocidas en la historia de la raza humana".

Inédita en castellano hasta el año 2.016 pero publicada por primera vez en 1.913,  "Kathleen" de Christopher Morley, es una divertidísima novela que, ambientada  en un club literario de la Universidad de Oxford y a partir del hallazgo casual de una carta, desemboca rápidamente en una comedia de enredo en torno a las peripecias de los protagonistas y la competición en que todos ellos se enzarzan por localizar a su autora. Construye así el autor una historia repleta de un agudo y sutil humor británico, embarazosos malentendidos, diálogos y situaciones disparatadas al estilo de las de grandes clásicos del cine (posteriores) como "La Fiera de mi Niña" o "Con Faldas y a lo Loco" y, como aquellas, igual de inolvidables y cautivadoras.
Bajo ese disfraz de comicidad subyace, sin embargo, una reflexión profunda sobre temas tan importantes como el amor, la amistad, el honor, la familia, la importancia y el poder de la literatura... Todo ello impregnado por un cierto halo de evocación y nostalgia que irremediablemente nos hace detener la mirada en el tiempo de una juventud perdida y una época ya pasada.
Con un tono ágil y muy particular, compone Morley una historia amable y sencilla, elegante, aguda, ligera y muy inteligente, quizá también algo autobiográfica.
Una lectura clásica, desenfadada y muy amena que se lee de un tirón y deja al terminar una sonrisa en los labios.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Moriría por ti y otros cuentos perdidos. F.S. Fitzgerald - Reseña.



"Poca de la ficción americana no lleva algo de mi sello. En mi modestia, fui original".

Vida y arte se entremezclan siempre, sin  remedio y con firmeza, en la literatura de Francis Scott Fitzgerald y buena prueba de ello son los cuentos recopilados en esta antología, "Moriría por ti y otros cuentos perdidos". Escritos entre 1.920 y 1.940 y recuperados ahora por la editorial "Anagrama", todos los escritos aquí reunidos (relatos, textos autobiográficos, guiones cinematográficos...) fueron en su momento rechazados por editoriales y revistas y en su mayoría no llegaron nunca a ser publicados por no encajar del todo al parecer en la imagen que  lectores y editores se habían forjado de Fitzgerald como escritor de la "Edad dorada del Jazz".
Son todos ellos relatos duros, ingeniosos, quizá más negros y sarcásticos de lo en él habitual, que sin duda ponen de manifiesto las preocupaciones literarias  y vitales del autor y abordan temas como la locura, la guerra, el desamor, el alcohol, el paso del tiempo o el dolor por la juventud perdida. Relatos que asoman al lector a un abismo de miedos, de inseguridades, decepciones, flaquezas, derrotas... para atraparlo después, casi al instante, con su lucidez, con su tristeza, con su ironía y su particular y muy reconocible sentido de la belleza.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Otoño en Buenos Aires


Otoño. Del año la estación más bella. La estación de los poetas. Melancólico, sereno, tenue y dorado otoño que los días acorta, los árboles desnuda y mi memoria sin remedio transporta hacia un pasado roto y herido, hacia un tiempo para siempre detenido en un instante eterno.
No es ésta una historia feliz, les advierto. Es una historia de dolor y muerte, de fantasmas que infinitas noches poblaron, de desolación y rabia. Aunque sobre todas las cosas, sí, es una historia de amor.
Se llamaba Álvaro. Era un muchacho alto y muy delgado, alegre, romántico, divertido, con grandes ojos color caramelo revoltosos y burlones que ocultaban un pellizco de vulnerabilidad. Desde el primer instante supe que amarlo era mi destino, que siempre sería él mi lugar en el mundo. Y es ahora por eso tan grande mi desamparo...
Le vi por última vez un día de marzo frío y brumoso, húmedo de lluvia. Primeros atisbos del otoño cruel que aquel año asolaría Buenos Aires. Se despidió con un beso y un guiño pícaro, entusiasmado con algún proyecto que traía entre manos y seguro me contó pero ya después no logré recordar. Charcos de cristal brillaban en la calle. Subió a su motocicleta −chubasquero y libros a la espalda− y se perdió entre el tráfico de la mañana. Nunca regresó y el rumbo de mi vida para siempre y sin remedio se torció. Nada volvería ya a ser como solía.
Tan definitiva y abrupta fue su desaparición que no parecía real, no podía serlo, resultaba imposible, impensable. Tan fuerte era, día tras día, la impresión de pesadilla que yo creía soñar. Nadie desaparece sin rastro, sin explicación, sin motivo, me decía. Aunque justamente eso era lo que acababa de ocurrir. Humo entre la niebla. Desvanecido sin más.  Y a nadie pareció extrañar. Tiempo gélido y oscuro de silencios y miedos callados. 
Anduve todos los lugares posibles en un amargo y tristísimo recorrido por la burocracia del dolor. Hospitales, administraciones, puestos de guardia... Incluso a las puertas de la Morgue en mi desesperada pesquisa llamé y allí, con el corazón encogido y el alma espantada, uno tras otro, metódicamente, decenas de cuerpos revisé. Cadáveres anónimos destinados a yacer en el olvido eterno de cualquier tumba sin nombre. Ninguno era el suyo.
Extraviada en el laberinto de la duda, suspendida en un limbo de secretos y sospechas, enloquecí. El tiempo se volvió contra mí. Moría por dentro, enferma de tristeza y desesperanza. Le echaba tanto de menos... Sus bromas, sus risas, su voz, su ternura. Le buscaba en sueños incansablemente para despertar atormentada por terribles visiones. Los años cayeron de golpe sobre mí, sin piedad. Me convertí en un ser gastado y triste, profundamente herido, incapaz de hallar consuelo para tanta impotencia e inocencia perdida, atrapada en un callejón ciego, asfixiada por la incertidumbre, devorada por el miedo.
Y fue entonces que algo muy extraño sucedió. Una noche, entre sueños y desvelos, escuché una voz en mi mente que, insistente, susurraba una y otra y otra vez "no existe la muerte, sólo el olvido. Recuerda. Siempre recuerda...". Mi corazón en el sueño se detuvo, desperté con aquellas palabras en los labios y algo muy profundo, esencial −lo supe de inmediato− cambió en ese momento en mi interior. Comprendí que debía aceptar al fin que aquella pena insoportable habitaría siempre mi alma, que habría de dejar a la tristeza arañar suavemente mis días, aprender de nuevo a respirar, a vivir con esta ausencia que quema.
Luchar contra el olvido. Impedir que borre tu nombre el olvido, hijo, esa fue desde entonces mi única misión y cientos de compañeras leales, con idéntica herida en el alma, hallé en esa lucha. Jamás en ella me encontré sola.
Han pasado los años, tantos que parece imposible y aquí seguimos. Reuniéndonos cada jueves. Pañuelo en las cabezas, pancartas en las manos, cansancio en los rostros. Siguen aquí las huellas del pasado y con ellas nosotras, las madres, clamando vuestros nombres. Reclamando justicia y dignidad. Dando voz a tantos humillados.
Tantos destinos robados. Tanto dolor y muerte ocultos en crueles madrugadas. Tanto silencio. Tanta vergüenza.
Triste historia la mía. Historia de un amor, les dije, un amor eterno que más allá de la vida y la muerte perdura. Historia también de una espera, de un llanto, de un lamento, de un desgarro que contra el olvido resuena sobre una plaza inmortal en la que el tiempo un otoño se detuvo. Sombrío y feroz otoño de mi malherido Buenos Aires.





Relato publicado en el libro "Los Cuentos de las Estaciones". Valencia Escribe. Marzo 2.018.

viernes, 24 de agosto de 2018

Cuento de una noche de verano


Se llamaba Belinda y era la más bella muñeca del escaparate. Delicada, exquisitamente hermosa, una pequeña dama vestida de seda, encajes y suave terciopelo, ojos azules, rubor en las mejillas, rubios cabellos recogidos en perfectos bucles sobre su cuello de cera. Sentada al piano suspendidas las manos sobre las teclas unas veces, de pie tras el cristal otras, acunada en la nostalgia, siempre melancólica, indiferente y frágil, miraba la vida pasar. Etérea, suave, transparente, dulce como un sueño de infancia.
Los días en el almacén de antigüedades se iban así sucediendo uno tras otro, cada uno parecido al anterior −apacibles, perezosos, rutinarios− entre la admiración y la indolencia que la muñequita despertaba hasta que en algún momento y sin que nadie pudiera explicar cómo, algo muy extraño sucedió. Una mañana ardiente y luminosa de aquel lánguido e inacabable verano, la vitrina que hasta entonces ella ocupaba amaneció vacía. Belinda no estaba. En su lugar, el rastro deshojado de  una rosa blanca de cristal.
Cuentan que, enamorada de un titiritero que por aquel tiempo de paso se hallaba en la ciudad −un muchacho guapo de ojos grises y vivaces, rostro atezado por el sol e irresistible sonrisa soñadora− aturdida de amor, tras él huyó una noche de luna llena. Raudas y fugaces, divertidas, cómplices, chispeantes, atrevidas... cientos de perseidas en el firmamento destellaban y su magia y fantasía sobre el mundo aquella noche vertían.
Burlado de tan fantástico modo, casi por milagro, su destino de inanimado y lujoso juguete inalcanzable, de feria en feria, felices y sin rumbo, siempre juntos los dos, recorren desde entonces los caminos. Eternos vagabundos perdidos por  el mundo.
Sus vestidos ahora rasgados y en desorden, el cabello desgreñado, los brazos descascarillados, magullada su blanquísima piel de porcelana, nada en ella recuerda ya a la bella damisela, siempre al borde de la vida acurrucada, que alguna vez fue. Brillan sus ojos, antes tristes y apagados y un sentimiento desconocido, algo muy cercano a la esperanza, habita su alma. Y es que frente a él, por primera vez, su corazón latió. Una palabra, un gesto, una sonrisa a tiempo y... una vida que renace por arte de magia.
 Sucedió que sólo aquel joven alegre, descarado, irreverente y bohemio que por ventura quiso el azar  cruzar en su camino, fue capaz de consolar su dolor, de ver lo que nadie más acertó nunca a comprender: la soledad, la tristeza, el insondable vacío en que se ahogaba. Y sólo él le dio también una razón para soñar. Con la quietud y la inmensidad de un hechizo rozaron sus ojos los suyos, un beso con dulzura infinita dejó en sus labios y con bellas, suaves palabras de amor sus oídos arrulló. Como el regalo más precioso apareció para quererla cuando menos lo esperaba, para siempre borró las sombras del pasado y un nuevo destino, una vida entera le entregó: fulgurantes noches repletas de estrellas, tibios amaneceres cubiertos de rocío, cálidas brisas perfumadas de jazmín, la belleza muda de un instante en que nada pasa y pasa la vida. Ráfagas de alegría y felicidad, mariposas en el alma, secretos de amor, estremecimientos de ternura, caricias en el corazón... Latidos de magia y de poesía.
Y es que a veces, sólo a veces, los sueños se cumplen. Es entonces que el destello errante de una estrella, el acompasado latir de dos corazones, el dulce contacto de unas  manos que se unen, un abismo de soledad y silencio resquebraja, sombras y desdichas ahuyenta y una noche de verano misteriosa y hechicera al mundo deslumbra con su luz, con su encanto, con su embrujo y su belleza.






Relato publicado en el libro "Los Cuentos de las Estaciones". Valencia Escribe. Marzo 2.018.


domingo, 19 de agosto de 2018

Tras la máscara. Louisa May Alcott - Reseña



"No era una muchacha brillante y poseía pocas de esas encantadoras artes que cautivan a un hombre y le roban su corazón".

Continúa "D'Epoca Editorial" su magnífica labor de recuperar pequeñas joyas olvidadas de la literatura del XIX con "Tras la máscara", novela breve que  Louisa May Alcott (autora de la célebre "Mujercitas" y sin duda eclipsada −también encasillada− por su éxito) publicó por primera vez y bajo pseudónimo en 1.866.
Es este un relato de intriga que tiene por protagonista a una mujer fuerte, decidida, inteligente y ambiciosa, un personaje que en absoluto se ajusta a los cánones del momento, inmerso en una historia que desafía claramente el papel atribuido a las mujeres por la sociedad de la época y que contiene una carga de crítica social que de ningún modo la autora pretende enmascarar, que sorprende también por su tremenda fuerza psicológica y por el modo en que sobre él se sostiene toda la trama.
Cuidadísima la ambientación, el relato de los comportamientos sociales y el reflejo de esa  inevitable rigidez y encorsetamiento tan propios de las clases victorianas que se adivina siempre latente en las decisiones de los personajes. Muy bien mantenida la intriga y la tensión de la narración e inesperado y sorprendente un final cargado de frescura, inteligencia e ironía.
Una historia diferente, original y repleta de matices, recuperada ahora en una edición bellísima.

miércoles, 15 de agosto de 2018

A vuelta de correo


Mi queridísimo Miguel:

Tu carta me ha emocionado de un modo que no alcanzo a explicar. Tanto tiempo esperé, tanto lloré de soledad, tan por costumbre tuve siempre esconder mis sentimientos... Y de pronto ahora tu voz: dulce, serena, tan cálida, tan cercana. Un destello de poesía que rasga la penumbra. Y mi corazón, un corazón hondamente herido, se rinde sin remisión.
Quisieras verme, dices, después de tantos años. Y yo tiemblo de miedo y de ternura. El tiempo, implacable como suele, nunca perdona y de mí tan sólo quedan ya los restos doloridos de la mujer joven y hermosa que quizá alguna vez fui.
 Un alma cansada y vagabunda soy ahora. Un alma triste que disfraza de sonrisa su dolor que, con elegancia, decidió rendirse un día, blindarse para no sufrir, para no sucumbir jamás al desconsuelo. Una mujer herida, afligida por un dolor continuo de ausencia, que muy raramente cede al capricho de soñar despierta la fantasía de un amor eterno, mágico y sin duda para ella inalcanzable.
Tarde, muy tarde, comprendí cuánto duele la renuncia, lo no vivido, lo ya perdido para siempre.
No pudiste olvidarme, dices. Leo tus palabras una y otra y otra vez. Me asusta pensar que no seas real, que tal vez sólo en mi cabeza existas y vago como alma en pena con tus letras en las manos, incrédula, ilusionada e indecisa como nunca estuve. Quisiera protegerte, salvarte (salvarme) de la decepción que presiento. Y sin embargo...
No soy quien esperas. Es lo que trato de decir. Nunca lo fui y no pretendo engañarte. Pero el azar, tan caprichoso y enigmático siempre, cruzó en el camino la misma herida sin cicatriz de estos dos desconocidos y tal vez... si tú quisieras...

Con incertidumbre y esperanza: L

P.D. Rescátame de las sombras, te pido.






Este relato resultó seleccionado entre los finalistas del "III Concurso de Cartas Ojos Verdes Ediciones" y aparece publicado en la Antología del concurso "Cartas Quemadas". Agosto 2.018.

sábado, 4 de agosto de 2018

Otros tiempos


Tenía el gesto grave, la piel mate, muy seca, surcada por arrugas profundas como tajos de cuchillo, los párpados hinchados a causa del hambre, del frío y la falta de sueño. Apenas dormía, comía poco, mal, siempre a destiempo. Arrastraba su mirada una resignación honda y antigua, un cansancio de siglos, su corazón una dureza nacida de la mezquindad de los tiempos, de la costumbre de la miseria, de la más absoluta pobreza. Jamás nadie la vio llorar ni de sus labios escapó una queja. Seis criaturas colgaban siempre de sus faldas. Seis criaturas a las que alimentaba, vestía, cuidaba si enfermaban... Seis criaturas a las que nunca apretó fuerte contra el pecho ni sentó jamás a sus rodillas, con las que nunca bromeó al calor de la lumbre mientras pelaba judías o patatas ni enseñó a coser coloridos muñecos con retales y trapos, a las que nunca en noches de llanto consoló al dulce ritmo de una nana. Seis criaturas a las que jamás golpeó y de ningún modo maltrató pero a las  que tampoco nunca abrazó y pocas, muy pocas veces, besó. Se llamaba Juana. Así la recuerdo. Mi madre. Y aquellos −ácidos, doloridos, amargos− otros tiempos.








          Este relato resultó mencionado en el certamen julio-agosto 2.018 de "Esta Noche Te Cuento".

          http://estanochetecuento.com/otros-tiempos-marta-navarro/
          http://estanochetecuento.com/los-resultados-de-las-sabanas-de-garcia-rodero/


           Imagen: Cristina García Rodero.

domingo, 29 de julio de 2018

Tiempo de fiesta



Amanece. Sopla el viento y hace frío. Aún no ha roto el sol la madrugada y la humedad cala los huesos. Desapacibles e inhóspitas son pese al verano las noches de esta tierra tan lejana de mi hogar, tan ajena para mí, tan distante y de todo, de mi mundo entero, tan al norte. Así al menos yo las siento. Ningún destello hallo en ellas de lirismo, de alegría, de belleza o de poesía. Nada que un instante permita dar a mi largo peregrinaje sentido y me deje al fin descansar, aceptar que alcancé mi destino, que era este mi lugar.
Admito sin embargo que tal vez sólo sea esta impresión reflejo inevitable de mi ánimo sombrío, de la extraña melancolía que a esta hora intempestiva araña mi alma, de la sangre caliente y sureña que recorre mis venas.
Ha llovido. El perfil de la ciudad se dibuja entre los charcos. El lodo mancha las aceras. Poco a poco se concentran sobre ellas los primeros corredores. Sobrecogidos y temerosos, todos juntos, casi hermanados, entonan −apenas un murmullo− sus cánticos ancestrales. Rito atávico y secular, algo supersticioso quizá, en demanda de la bendición, de la protección y de la ayuda de un santo al que por algún misterio que intuyo él mismo a comprender no alcanza, con mucho, poco o ningún fervor, durante estos días cruentos, feroces y desmedidos todos, propios y extraños, veneran.
 Comienzan los operarios de limpieza su tarea. Un día más se  preparan las calles para el espectáculo, para la épica, para el renacer de un mito que duele, que deslumbra e invariablemente, pese a todo, aún fascina.
Un eco antiguo de leyenda flota ya en el aire y todo lo impregna, un murmullo de aventuras, de dramas y tragedias, de amores y pasiones, la huella omnipresente de una historia y unas letras inmortales, de una fábula turbulenta, desgarrada y magistral.
Arranca la fiesta. Ya se arremolina la multitud sobre las vallas, sobre los muros de piedra, ya truenan los tambores.
Una repentina y desconocida aprensión me vence de pronto. Un sentimiento triste que es derrota y desengaño, que es soledad y desamparo, decepción y amargura. Y rabia. Y  miedo.
Llega mi turno. Me preparo: cabeza erguida, músculos palpitantes. Un martilleo de cascos −vacas y cabestros− resuena sobre el empedrado. Las calles se intuyen atestadas, abarrotadas de gente por completo. Por ellas me dejo dócil guiar. Ningún resquicio encuentro que me tranquilice al verlas. El vocerío me aturde y me desorienta. Gritos, golpes, carreras, embestidas...  
Ebria de vino y sangre, la humillación, la crueldad y la muerte, una vez más, de nuevo y como siempre, sin pesar ni caridad, con solemne y devastador descaro, disfraza la tradición en esta hora, hoy aquí, de romanticismo, de ardor, de orgullo, de coraje y valentía.
Y sin embargo...   
Nunca hubo belleza en el dolor, debieran saberlo. Ningún atisbo de grandeza asomó ni asomará jamás al rostro de quien tan innecesario y gratuito daño causa.
Aterrado, aguardo con ansia el anochecer. El último, no me engaño, con absoluta lucidez lo espero. El que con clemencia infinita pondrá fin a esta tortura, a tantísimo dolor y desconcierto. El que atónito y generoso dará a mi espíritu alivio y le regalará la paz y el descanso eterno. El viento del sur, piadoso, cómplice, siempre conmigo compasivo, susurrará quizás entonces a mi oído muy suave y muy bajito dulces historias de un tiempo antiguo, amable y más, mucho, muchísimo más feliz y acunado en el recuerdo de  la pradera que un día fue mi mundo y mi lugar, de una dehesa (¡ay, mi preciosa, mi añorada, mi bellísima y serena dehesa!) de verdes pastos y ardientes ocasos, mi corazón herido se apagará tranquilo.
Tal vez doblen entonces un breve instante las campanas y os preguntéis por quién. Lo harán por mí, por todos nosotros. Pero lo harán también y sobre todo −prestad atención a lo que ahora os digo− por esta tierra irredimible, por esta tierra dura, inmisericorde, inclemente y cruel.






Reto especial Toro de Lidia "Relatos Compulsivos". Segundo puesto.

sábado, 28 de julio de 2018

Cuerpos Celestes



En el firmamento sonríen burlonas las estrellas
Curiosas, despistadas, románticas y traviesas
De un amor bello e inmortal, guardianas sigilosas
Cómplices, protectoras, ardientes y veleidosas
El secreto de un hechizo amparan ellas con candor
Testigos imprevistos del más extraño conjuro de amor
Dos destinos paralelos, en el alba de los tiempos, el azar enlazó
Y a añorarse en la distancia a dos almas solitarias para siempre condenó
Sin presente, sin futuro, sin fe, sin esperanza
El amanecer es su momento y cuánto tienen
Su todo y su nada
Su instante de eternidad
Dolorido eco de un lamento que raudo en el aire se deshace
 <<Hasta mañana, amor...>>
Sobre el horizonte, ella se desdibuja deshecha en llanto
Sobre las nubes, él arde encendido de pasión




Poema para Zenda  #pasionesdeverano

viernes, 20 de julio de 2018

Ordesa. Manuel Vilas - Reseña


"Los muertos son la intemperie del pasado que llega al presente desde un aullido enamorado".

Es "Ordesa" una historia íntima y profunda, una autobiografía personal y familiar a medio camino entre la novela y la poesía, nacida del desagarro, del dolor y del desconsuelo. Una historia bella y muy conmovedora donde el autor, Manuel Vilas, trata de hallar sentido y dar explicación al dolor que, dice, desde niño lo acompaña y que acentúa ahora la muerte de los padres. Una historia sobre la pérdida continua que implica la vida, sobre el paso del tiempo, sobre la culpa, sobre el desarraigo, el miedo, la soledad, la vulnerabilidad  y la ausencia,  sobre el amor y la necesidad de querer y ser queridos que todos sentimos y que de todo nos redime.
Estructurada en capítulos muy breves, deja en ellos el narrador fluir sus pensamientos de un modo algo caótico pero no casual en un ejercicio de nostalgia que golpea, que duele y estremece.
 Recupera el autor de este modo su propia historia −también con ella la de una generación y un mundo que se extingue− y va trazando poco a poco la de esos tan queridos fantasmas familiares que últimamente lo acompañan, que siente ahora mucho más cercanos que cuando estaban vivos y con los que conversa del modo en que en su momento hubiera debido y no supo o no fue capaz de hacer. Necesita tanto sentir de nuevo su amor, sentir que su existencia y sus a veces extraños comportamientos tuvieron algún sentido, que intencionadamente los idealiza y los sublima hasta el punto de convertirlos en música, casi en magia.
Texto sincero y descarnado, tierno, irónico y ácido por momentos, muy valiente también, que deja al terminar una sensación de inmensa melancolía y honda tristeza.