viernes, 31 de marzo de 2017

La vendedora de globos


Día tras día, mañana y tarde, siempre en el mismo rincón, la pequeña vendedora ofrece incansable su mercancía. Alegría, ilusión, sueños y sonrisas regala en forma de globos de colores. Al anochecer, cuando el parque cierra sus puertas y su mundo queda desierto, cuenta la niña sus escasísimas ganancias y, en silencio, inicia el camino de regreso a casa. Lentamente, con cada paso, la sombra alargada de un dolor antiguo y peligroso, una cruel y muy amarga bofetada de realidad, estalla en su alma. Dos lágrimas heladas por el tiempo brillan en sus ojos. Los cierra con fuerza para no derramarlas y, cual astuta aprendiz de Mary Poppins, murmura entre dientes su conjuro impronunciable a la espera del golpe de viento que cambie su suerte y lejos, muy lejos, sobre los tejados la arrastre. Y así, bien aferrada al ramillete de globos que tampoco hoy consiguió vender, sobrevolar un instante la ciudad dormida y desaparecer al fin entre esas nubes tan suaves, tan blanditas, casi como de algodón de azúcar, que durante toda la tarde han flotado en el cielo. Aunque sabe, por supuesto, que su mágico deseo jamás se cumplirá.






Este relato apareció publicado en el nº 32 (abril 2.017) de la revista "Valencia Escribe" y obtuvo el primer premio en el concurso promovido por la Comunidad "Relatos Compulsivos" en febrero de 2.018.

         Imagen: Banksy balloon girl.

sábado, 25 de marzo de 2017

Futuro velado


Una fotografía desvaída, casi olvidada. Unos ojos de niña oscuros, sabios y profundos en ella miran a la cámara. Serenos. <<Sé que vas a hacerme daño. Sé que voy a sufrir y no tengo miedo>>, parecen gritarle a un mundo que al otro lado del objetivo, inclemente y paciente, su turno aguarda, conscientes ya en aquel momento −tan temprano amenazados por las sombras− de que habrán de soportar el dolor que, el destino para los más fuertes siempre reserva. Seguros de que podrán con él. Confiados.
Ingenua y pequeña flor dañada por la escarcha.
Mucho tiempo después, unos ojos de mujer desamparados y sin llanto tratarán de ocultar con infinito esfuerzo su miedo, su soledad y su tristeza. Lucharán por olvidar la herida de una vida entera, el angustioso desconsuelo de lo irremediable, mientras se preguntan con feroz melancolía dónde irán a parar los pensamientos nunca escritos, los sentimientos no expresados, los momentos de felicidad nublados.

 Un alma desencantada y vacía a esos ojos asomada, muy suave y muy bajito murmurará entonces −poderoso conjuro contra el más terrible hechizo− unos versos dulces, exaltados, tristísimos y, a fuerza de palabras, recuerdos y fantasmas, quebrará un rayo de luz la gélida y tempestuosa oscuridad. Apenas un instante. Justo a la caída de la tarde.


Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Munemasa Takahashi.

lunes, 20 de marzo de 2017

Fin

Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer. Dos lágrimas heladas brillaron en sus ojos, conmovida como nunca estuvo por tan absoluta belleza. Lejanas y tristes ardían en el firmamento las estrellas, día y noche confundidos en aquel silencio abismal. Rompía el sol ya la oscuridad de la tierra cuando la joven astronauta se rindió. Extraviada en aquel vacío hondo y oscuro, imposible su regreso, decidió concluir al fin semejante agonía de añoranza y soledad. La escotilla cedió con suavidad. Salió. Flotaba... De pronto, algo la retuvo. Un llanto. Una súplica. Una oración. ¡Resiste, amor...! Ineficaz conjuro. Inmensidad. Paz. Abismo. Luz.... Suave, muy despacio, se apagó su corazón.


Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.

viernes, 10 de marzo de 2017

Zombie


 Seis cuarenta y cinco de la mañana. Suena el despertador. Amanece y la luz es muy escasa. Jaime se despereza y con un manotazo detiene el estridente sonido del reloj. Se levanta -ojos soñolientos, pelo enmarañado- y cruza el pasillo. Entra en el cuarto de baño. Se ducha. Se lava los dientes. Regresa al dormitorio. Hace la cama y se viste con esmero - traje azul marino, camisa blanca, corbata de rayitas rojas. Toma las llaves y la cartera y sale de casa. Desayuna como cada día en el bar que hace unos meses abrió justo en su esquina -zumo de naranja, café con leche y una tostada con mantequilla y mermelada de albaricoque. Camina despacio hacia el trabajo, le gusta la soledad de las calles a esa hora tan temprana. Cumple con diligencia su jornada laboral -larga y tediosa como todas- y regresa, de nuevo a pie, exactamente por la misma ruta aunque ahora las calles parecen otras, más alegres y bulliciosas. Como de costumbre, nadie repara en él. Llega a casa. Prepara una cena ligera que ingiere frente al televisor. Comprueba la hora en su reloj. Nunca se acuesta demasiado tarde. A las seis cuarenta y cinco en punto sonará el despertador.


Relato para los Viernes Creativo de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la fotografía de Erik Johansson.

sábado, 4 de marzo de 2017

Ángeles caídos


      Con feroz eficacia la mortal consigna se cumplió. Era una guerra, decían los ejecutores. Diferente quizás, sí, pero guerra al fin y órdenes siempre fueron órdenes.
Desaparecer, de eso se trataba. Sin huellas. Sin errores. Sin rastro. Vidas náufragas en la tempestad.
Sobre un mar enfurecido y bravío, acogedor -cómplice jamás- incontables ángeles llovieron sin cesar.
Pactos de silencio. Secretos lacerantes. Vergüenza. Horror. Tanto, tanto dolor.
Ecos lejanos, voces y llantos que regresan del pasado.
Blancos pañuelos de mayo, rostros cansados, pasos lentos y callados.
Dignidad eterna de los humillados.


Microrrelato finalista semanal el día 4 de marzo de 2.017 en el concurso "L'art d'escriure" del programa Wonderland de Radio 4 RNE.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Un cuento de hadas


Una vez, hace muchos muchos años, en lo más profundo de un valle custodiado por altas montañas, a orillas de un río de aguas claras y profundas, existió la más misteriosa y exótica ciudad que jamás nadie hubiera podido imaginar. Sus calles -estrechas y empinadas- olían a jazmín, a pan recién horneado, a especias dulces y aromáticas, canela y miel, almendras y pistachos. Resonaba en ellas el eco de mil risas y juegos infantiles, el bullicio alegre de los zocos, la vida y la felicidad. El tañido melodioso de las campanas acompañaba el paso de las horas y al anochecer, derrotado al fin el día, cuando todo era ya soledad y silencio, la magia susurraba al viento sus secretos y escribía su leyenda bajo cielos benignos y estrellados.
Un trágico vaticinio ensombrecía, sin embargo, el futuro de aquel reino: el soberano más cruel y perverso que los tiempos jamás conocerían habría de gobernar con furia ciega su destino. Con él desaparecería la inocencia y la esperanza y una implacable plaga de muerte y desolación todo lo invadiría.
        Imposible fue conjurar el sortilegio y, así, un día, un sol de fuego todo lo abrasó. La fantasía de los cuentos de hadas con sus genios, príncipes, conjuros y princesas que mil y una noches poblaron el cielo de sueños e ilusión huyó despavorida y aguarda desde entonces el despertar de un mundo apático y aletargado que con terrible indiferencia contempla su desgracia y la piensa muy lejana. Sólo entonces se quebrará tal vez el maléfico hechizo y las noches de Oriente recuperarán de nuevo su magia y su poesía.





Este relato aparece publicado en el nº 31 (marzo 2.017) de la revista "Valencia Escribe".