viernes, 31 de marzo de 2017

La vendedora de globos


Día tras día, mañana y tarde, siempre en el mismo rincón, la pequeña vendedora ofrece incansable su mercancía. Alegría, ilusión, sueños y sonrisas regala en forma de globos de colores. Al anochecer, cuando el parque cierra sus puertas y su mundo queda desierto, cuenta la niña sus escasísimas ganancias y, en silencio, inicia el camino de regreso a casa. Lentamente, con cada paso, la sombra alargada de un dolor antiguo y peligroso invade su alma. Dos lágrimas heladas brillan en sus ojos. Los cierra con fuerza para no derramarlas y, cual pequeña aprendiz de Mary Poppins, murmura entre dientes su conjuro impronunciable a la espera del golpe de viento que cambie su suerte y -lejos, muy lejos- sobre los tejados la arrastre. Y así, bien aferrada al ramillete de globos que tampoco hoy consiguió vender, sobrevolar un instante la ciudad dormida y desaparecer al fin entre esas nubes blanditas, como de algodón de azúcar, que durante toda la tarde han flotado en el cielo. Aunque sabe, por supuesto, que tampoco esta vez sucederá.


Este relato aparece publicado en el nº 32 de la revista Valencia Escribe.
http://www.yumpu.com/es/document/view/58071760/ve-32-abril
         Imagen: Banksy balloon girl.

sábado, 25 de marzo de 2017

Futuro velado


Una fotografía desvaída, casi olvidada. Unos ojos de niña oscuros, sabios y profundos miran a la cámara. Serenos. "Sé que vas a hacerme daño, sé que voy a sufrir y no tengo miedo", parecen gritarle a un mundo que al otro lado del objetivo inclemente y paciente su turno aguarda, conscientes ya en aquel momento -tan temprano amenazados por las sombras- de que habrán de soportar el dolor que para los más fuertes siempre el destino reserva. Seguros de que podrán con él. Confiados. Con orgullo.
Ingenua y pequeña flor dañada por la escarcha.
Mucho tiempo después, unos ojos de mujer desamparados y sin llanto tratarán de ocultar con infinito esfuerzo su miedo, su soledad y su tristeza luchando por olvidar la herida de una vida entera, el angustioso desconsuelo de lo irremediable, mientras se preguntan con feroz melancolía dónde irán a parar los pensamientos nunca escritos, los sentimientos nunca expresados, los momentos de felicidad nublados.
 Un alma desencantada y vacía a esos ojos asomada, muy suave y muy bajito murmurará entonces -casi como un conjuro contra el más terrible hechizo- unos versos dulces, exaltados, tristísimos y, a fuerza de palabras, recuerdos y fantasmas, quebrará un rayo de luz la más gélida y tempestuosa oscuridad. Apenas un instante, justo a la caída de la tarde.


Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Munemasa Takahashi.

lunes, 20 de marzo de 2017

Fin

Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer. Dos lágrimas heladas brillaron en sus ojos, conmovida como nunca estuvo por tan absoluta belleza. Lejanas y tristes ardían en el firmamento las estrellas, día y noche confundidos en aquel silencio abismal. Rompía el sol ya la oscuridad de la tierra cuando la joven astronauta se rindió. Extraviada en aquel vacío hondo y oscuro, imposible su regreso, decidió concluir al fin semejante agonía de añoranza y soledad. La escotilla cedió con suavidad. Salió. Flotaba... De pronto, algo la retuvo. Un llanto. Una súplica. Una oración. ¡Resiste, amor...! Ineficaz conjuro. Inmensidad. Paz. Abismo. Luz.... Suave, muy despacio, se apagó su corazón.


Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.

sábado, 11 de marzo de 2017

Polvo y silencio


"Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro".
 Safo de Lesbos.

Brillan las estrellas sobre los tejados y una luna helada flota en  la penumbra. El día ha sido lluvioso y tristón. Algo insólito en esta época del año, tan próximo ya el verano. Barrida la tormenta, el cielo se muestra ahora despejado. La noche es fría. Solitario como un fantasma, un joven camina por las calles de Palermo. Un sentimiento desconocido, algo muy cercano a la congoja invade su alma. Aspira el aire limpio y húmedo de la madrugada y lentamente sus ojos se llenan de lágrimas. No sabe bien por qué llora. Nunca fue hombre de ternuras pero la mujer que tras él deja lo ha conmovido de un modo extraño. Encontró tanta bondad en sus ojos, tanta ilusión todavía, tanta ternura, tanta dignidad en esa cansada vejez...
Desde su Amberes natal, Anton ha viajado hasta Sicilia sólo por conocerla. Una mujer menudita, de mirada transparente, vieja como el mundo y casi ciega pero aún con la memoria despierta y muy cortés, es lo que ha encontrado. Con ella ha pasado el día, en el pequeño taller que en la casa familiar todavía conserva, a pesar de no poder ya apenas pintar.
Mientras el joven bosqueja su retrato, ella -indiscutible maestra del arte- le desvela, generosa, sus secretos y retazos de su vida con ellos le entrega. El mayor regalo que este pintor, a punto de convertirse ya en uno de los mejores retratistas de su siglo, jamás recibirá.
Con una voz tranquila y dulce en la que, a su pesar, se filtra un poso de melancolía, recuerda la anciana el orgullo que la muchacha que alguna vez fue -casi una chiquilla- sintió frente a su primera obra, el mimo con que preparaba los lienzos, la delicadeza infinita con que escogía los pigmentos -ocre, dorado y bermellón siempre en su paleta- el modo en que los molía... Y, perdida en su recuerdo, al joven pintor cuenta ahora la importancia que para ella tuvo en aquel momento demostrar al mundo su valía, su capacidad como artista; su intensa pasión por la pintura; su oscuro y difícil aprendizaje entre un grupo de varones repletos de prejuicios contra los que anhelaba competir en condiciones de igualdad, decidida a no convertirse en una rareza, empeñada siempre en ser la mejor pintora posible, dueña de una férrea voluntad y una rara confianza en sí misma.
Le habla de sus viajes por Europa, de su admiración por Miguel Ángel, del cariño y el respeto con que el genio la trató; de su larga estancia en la corte de España a la que, junto a un pequeño séquito, una mañana de invierno fría y muy brumosa, próximo ya a concluir aquel año de 1.559, llegó como dama de la nueva reina; de cómo muy pronto, sin apenas darse cuenta, se convirtió también en su profesora y amiga, de los innumerables retratos de la familia real que en aquella época realizó.
Le habla de su entusiasmo, de su tenacidad y rebeldía, de su eterna devoción por la belleza, de la incansable búsqueda de autenticidad que siempre rigió su vida y su pintura.
Habla y habla sin parar, risueña y chispeante. Feliz. Y Anton la escucha encandilado, en silencio, atrapado por el eco de una voz que el don de aligerar las cosas parece haber adquirido, fijos los ojos en ese semblante amable y surcado por el tiempo que ahora ella tiene, en su sonrisa sabia y fatigada algo desteñida ya por las inclemencias de la vida, en cierta expresión de candidez en la que, pese a la nostalgia y el cansancio, él cree adivinar alegría. Y dibuja. Una y otra vez esboza su rostro, obediente a sus instrucciones, midiendo la luz y la distancia: ni demasiado cerca, ni demasiado alto, ni demasiado bajo para que las sombras no marquen mucho sus arrugas, le dice con infantil coquetería. Trazos y contraluces con los que pretende atrapar la dulzura de un alma. Del alma que a los ojos de esa mujer luchadora y valiente se asoma. El alma de una soñadora de imágenes que, contra viento y marea -piensa, conmovido- ha sabido vencer la asfixiante grisura a que la condenaba el mundo para dejar en él testimonio de su mirada, de su gusto por el equilibrio y la sobriedad, de su cercanía y su ternura, de la inmensa humanidad que revela su pintura.

El frío y la caminata apenas aquietan el ánimo del pintor que, impaciente, espera rompa el día para plasmar sobre el lienzo las impresiones que sin tregua asaltan su mente, cautivado como nunca estuvo por una mujer casi centenaria, humilde, serena y algo ingenua todavía, que intacta conserva su vocación de pintora. Sobrecogido, atravesado por una oleada suave de dulzura y pena insoportable, vulnerable, agradecido, emocionado hasta las lágrimas. Así se siente el joven Van Dyck tras su encuentro con la mayor pintora que hasta entonces los siglos conocieron, incapaz de imaginar en ese instante lo pronto que su obra será silenciada bajo nubes de polvo y olvido y que mucho tiempo después, el retrato que a punto ahora él está de pintar, rescatará del pozo de sombras al que ha de ser arrojada -mujer, al fin- a la gran Sofonisba Anguissola.

viernes, 10 de marzo de 2017

Zombie


 Seis cuarenta y cinco de la mañana. Suena el despertador. Amanece y la luz es muy escasa. Jaime se despereza y con un manotazo detiene el estridente sonido del reloj. Se levanta -ojos soñolientos, pelo enmarañado- y cruza el pasillo. Entra en el cuarto de baño. Se ducha. Se lava los dientes. Regresa al dormitorio. Hace la cama y se viste con esmero - traje azul marino, camisa blanca, corbata de rayitas rojas. Toma las llaves y la cartera y sale de casa. Desayuna como cada día en el bar que hace unos meses abrió justo en su esquina -zumo de naranja, café con leche y una tostada con mantequilla y mermelada de albaricoque. Camina despacio hacia el trabajo, le gusta la soledad de las calles a esa hora tan temprana. Cumple con diligencia su jornada laboral -larga y tediosa como todas- y regresa, de nuevo a pie, exactamente por la misma ruta aunque ahora las calles parecen otras, más alegres y bulliciosas. Como de costumbre, nadie repara en él. Llega a casa. Prepara una cena ligera que toma frente al televisor. Comprueba la hora en su reloj. Nunca se acuesta demasiado tarde. A las seis cuarenta y cinco en punto sonará el despertador.


Relato para los Viernes Creativo de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la fotografía de Erik Johansson.

lunes, 6 de marzo de 2017

Un deseo

Cerró los ojos y sopló las velas. En su recuerdo: mil y una noches repletas de estrellas; alegría, inocencia, ternura y esperanza; olor a jazmín; el tañido melodioso de las campanas meciendo con dulzura el despertar de la ciudad. Una ciudad ya para siempre convertida en nostalgia. Frente a ella: el cruel silencio de las fotografías; oscuridad, tristeza, cansancio; frío y devastación. En su alma: un deseo; una súplica; una oración. Entre las nubes, lejos, muy lejos, de aquella tierra tan herida: la magia. En el destierro eterno de los mundos perdidos: un hechizo. Un genio acurrucado en su lámpara que lágrimas de impotencia y rabia lloraba.


Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.

sábado, 4 de marzo de 2017

Ángeles caídos

Con feroz eficacia la mortal consigna se cumplió. Era una guerra, decían los ejecutores. Diferente quizás, sí, pero guerra al fin y órdenes siempre fueron órdenes.
Desaparecer, de eso se trataba. Sin huellas. Sin errores. Sin rastro. Vidas náufragas en la tempestad.
Sobre un mar enfurecido y bravío, acogedor -cómplice jamás- incontables ángeles llovieron sin cesar.
Pactos de silencio. Secretos lacerantes. Vergüenza. Horror. Tanto, tanto dolor.
Ecos lejanos, voces y llantos que regresan del pasado.
Blancos pañuelos de mayo, rostros cansados, pasos lentos y callados.
Dignidad eterna de los humillados.


Microrrelato finalista semanal el día 4 de marzo de 2.017 en el concurso "L'art d'escriure" del programa Wonderland de Radio 4 RNE.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Un cuento de hadas


Una vez, hace muchos muchos años, en lo más profundo de un valle custodiado por altas montañas, a orillas de un río de aguas claras y profundas, existió la más misteriosa y exótica ciudad que jamás nadie hubiera podido imaginar. Sus calles -estrechas y empinadas- olían a jazmín, a pan recién horneado, a especias dulces y aromáticas, canela y miel, almendras y pistachos. Resonaba en ellas el eco de mil risas y juegos infantiles, el bullicio alegre de los zocos, la vida y la felicidad. El tañido melodioso de las campanas acompañaba el paso de las horas y al anochecer, derrotado al fin el día, cuando todo era ya soledad y silencio, la magia susurraba al viento sus secretos y escribía su leyenda bajo cielos benignos y estrellados.
Un trágico vaticinio ensombrecía, sin embargo, el futuro de aquel reino: el soberano más cruel y perverso que los tiempos jamás conocerían habría de gobernar con furia ciega su destino. Con él desaparecería la inocencia y la esperanza y una implacable plaga de muerte y desolación todo lo invadiría.
        Imposible fue conjurar el sortilegio y, así, un día, un sol de fuego todo lo abrasó. La fantasía de los cuentos de hadas con sus genios, príncipes, conjuros y princesas que mil y una noches poblaron el cielo de sueños e ilusión huyó despavorida y aguarda desde entonces el despertar de un mundo apático y aletargado que con terrible indiferencia contempla su desgracia y la piensa muy lejana. Sólo entonces se quebrará tal vez el maléfico hechizo y las noches de Oriente recuperarán de nuevo su magia y su poesía.


Este relato aparece publicado en el nº 31 de la revista Valencia Escribe.