domingo, 5 de mayo de 2019

Un cuento de piratas



«¡Al abordajeeeee...!»
La voz metálica del comandante Morgan tronó desde cubierta. A su señal, entre gritos de cólera y de furor, los corsarios de El Venganza se lanzaron al combate. Una estruendosa detonación de mosquetes y fusiles se propagó sobre las aguas, transformando de inmediato el océano en un enredo de espuma y sangre. Tétrica y espectral, la bandera pirata ondeaba en la tiniebla.
Tomados por sorpresa en medio de la noche, los arcabuceros del galeón español disparaban contra el enemigo, casi a ciegas, sin ningún orden ni concierto. Entre el oleaje se perdía su intensa aunque del todo ineficaz lluvia de proyectiles.
«¡Al ataque, mis valientes!», espoleaba animoso a sus hombres el capitán de El Victoria, mientras los feroces bucaneros asaltaban el puente de mando y, espada en mano, a punta de molinetes, tomaban el castillo de proa. Tras ellos, un reguero de cadáveres acreditaba la crueldad de la batalla.
Las olas estallaban contra el casco del navío como impulsadas por una fuerza misteriosa, el viento hinchaba con su soplo las gavias y el cielo apagaba despacio la frágil  luz de la luna y sus estrellas.
Los españoles se defendían valerosamente entre tiros y estocadas. En formidable duelo con ahínco se batían. Nada, pese a ello, pudieron hacer. La nave española, tras las muy cruentas y largas horas de combate vividas, al borde mismo del amanecer, arrió por fin su estandarte. Un  «hurra» ensordecedor e incontenible retumbó entonces entre la tripulación de El Venganza
Atónitos y desconcertados, suplicaban clemencia los vencidos, tan aterrados por la fama sanguinaria que arrastraban sus captores, que muy prestos se hallaban a lanzarse, al más mínimo descuido de aquellos, por la borda. No hubo ocasión. Entre golpes y empujones, los bajaron de inmediato a la bodega del buque y allí quedaron, encerrados todos juntos, soldados, pasajeros y oficiales, a la espera del momento en que fuera sentenciado su destino.
Entre los despojos de la lucha, mientras los marinos se ocupaban del traslado a su fragata del botín: lingotes de oro y plata, barriles de pólvora, armas, cofres de perlas, esmeraldas o rubíes, baúles repletos de encajes y sedas..., acurrucada en un rincón, descubrió Morgan una figura pálida y temblorosa. Avanzó hacia ella y le tendió la mano. «No os haré daño, no temáis», murmuró −hielo en la mirada, insolencia en la voz− «permitid, señora, que os ayude». Quizá fuera aquella muchacha una acaudalada duquesita de camino a las Antillas o la hija de algún honrado y rico caballero que sin rechistar pagaría de buen grado su rescate, pensó, agradeciendo al infierno su buena fortuna. Parecía, en cualquier caso, una dama importante.
Una  mueca disfrazada de sonrisa asomó a los labios del pirata. «Acompañadme, os lo ruego», musitó, doblando burlón el cuerpo en una absurda y cómica reverencia.  Alzó entonces hacia él la joven los ojos y un destello de furia incendió su rostro. Una pequeña daga, hasta ese instante discretamente oculta entre los pliegues de la falda, centelleaba ahora entre sus dedos. La empuñó con rabia, se lanzó contra el hombre que la amenazaba y entonces...

⸺Niñooosss, a cenaaarrr...
⸺Sí, mamiii... Ya vamosss...

¡Por todos los tiburones de la mar océana!, la suerte del cruel pirata Morgan −¡mal rayo lo parta!− quedaba de tan inesperado modo en suspenso hasta nueva orden y ocasión más oportuna.







          Primer premio "Relatos Compulsivos". Julio 2019.

14 comentarios:

  1. Pues nos has dejado como a los niños los dejó su madre, con toda la intriga y me temo que este relato no tiene un "continuará".
    Muy bueno, Marta.
    Un beso.

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    1. Jeje, muchas gracias, Rosa. Habrá que imaginar el final del pirata...

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  2. Genial Marta, un cuento muy marinero, y lleno de guiños hacia ese mundo de sedas, mosquetes, y brillantes esmeraldas. Con ese lenguaje tan bien utilizado, nos llevas con fuerza a ese mundo de los piratas en el que no podía faltar esa misteriosa aparición en forma femenina. ¡Estupendo cuento vagabundo!

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    1. Jeje. Me gusta lo de cuento vagabundo 😉 Una historia de tono clásico con su pequeña sorpresa. Me alegro mucho de que te haya gustado.

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  3. Muy original Marta, así cada uno nos imaginamos el final y no nos podemos quejar de que no no gusta, je, je. Yo también participo en el concurso y en cierta manera, se parece al tuyo.¡Pero yo lo publiqué antes eh!

    https://elpedrete2.blogspot.com/2019/05/zenda-cuentos-de-aventuras-una-noche.html

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    1. Pues me alegro mucho de que te haya gustado. Muchas gracias y mucha suerte también para ti.

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  4. Desde luego que el relato hace bueno aquello de que el pez grande se come al chico, aunque en este caso el chico, el pirata, pareciera ser el grande. Muy bien narrado, con un lenguaje muy marinero que nos sitúa en la escena. Pero lo que me ha ganado es ese giro final canibalesco que no esperaba y que me ha sugerido un montón de posibilidades acerca de la identidad de esa mujer. Estupendo relato, Marta. Un abrazo!

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    1. Muchas gracias, David! Ese final está dando mucho juego, sí... Me alegro muchísimo de que te haya gustado. Un beso.

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  5. Una fantástica historia, tanto por su contenido como por su estupenda narración, que desafortunadamente ha quedado truncada por la cena. Me extraña que los niños, tan ávidos como son para escuchar esas truqulentas historias de piratas no protestaran y rogaran conocer el final, jajaja.
    Me ha encantado tu estilo narrativo, con esa profusión de términos bélicos y de recursos literarios de la época, haciéndonos vivir como real esta historia de ficción.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Josep. Cuánto me alegro de que te haya gustado!

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  6. Qué estupendo relato, Marta, qué ameno y bien ambientado, por momentos me parecía verme en medio de la batalla. Lo que no te perdono es que nos dejes así, sin saber quién era la valerosa joven que se atrevió a enfrentarse al pirata ni si consiguió su propósito de herirle... ¡Me ha encantado y quiero más! :))

    Un beso.

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    1. Jeje, muchas gracias, Julia. Veremos si se desvela el misterio. Un beso.

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  7. Estupendo relato, Marta. No imaginaba mientras lo leía que una simple cena detendría la batalla. Un abrazo

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    1. Hola, Ana! Pues me alegro de haberte sorprendido. Muchas gracias!

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