viernes, 1 de diciembre de 2017

Quimera


Mi vida siempre estuvo hecha de apariencias más que de verdades. Es cuanto puedo decir. Nadie en mi alma se adentró jamás y, sin embargo, mucho de mí todos hablaron. Cuentan que alguna vez fui la casquivana musa de un pintor de escaso ingenio y muchos aires de grandeza, que el corazón de un  joven músico −inclemente como siempre fui− en mil pedazos un mal día destrocé, que una leyenda de amores contrariados, de cuando en cuando, a mis ojos se asoma y un mundo de secretos arrastra mi sonrisa. Un juguete en manos del azar, caprichoso y enigmático: tan sólo eso es lo que he sido. Y nada importa lo que digan. Atraparme, no podrán jamás. Soy misterio, embrujo, fantasía... un suspiro, un anhelo, una ilusión... El más dulce verso escapado de labios de un poeta. Un bello sueño que sólo entre tus sueños habita.



Este relato apareció publicado en el blog "Tertulia de Escritores" el día 29 de noviembre de 2017.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Las voces del lago


Un nuevo amanecer despunta en la laguna y enredado entre la bruma un llanto suave, muy dulce, un llanto que de las ondas y el rumor del agua parece brotar, a esa hora tan temprana, como cada día, se escucha. Y es aquella una voz herida, una voz sin rostro, un eco antiguo y torturado que en la soledad callada de este lugar tan triste y ya sin alma −la más tenebrosa frontera entre la luz y la tiniebla que jamás en el mundo existió− tiernas lágrimas a los espectros arranca. De tanto dolor una mirada impaciente y a destiempo, una mirada de amor vencida, una única mirada, ha  sido la causa. Un rostro de mujer apenas entrevisto. Una condición incumplida. Una promesa a los dioses infringida. Y una condena... Implacable y cruel.  Eterna y definitiva será la separación. Amargo y desesperado el lamento de un frágil mortal que, a fuerza de amor y al hechizo de su canto, el corazón del Averno un día conmovió, de un hombre enamorado que anhelante, un instante antes de que los rayos del sol a la mujer que tras él venía por completo vistieran con su luz, los ojos hacia ella, todavía inmersa entre las sombras, giró sólo para contemplar −fatídica promesa quebrada− como lentamente, por segunda vez y sin duda ahora para siempre, frente a él Eurídice se desvanecía. 



Este relato resultó seleccionado entre los finalistas del "V Concurso de Microrrelatos Miedo en tus Ojos" y aparece publicado en la Antología del concurso. Editorial "Ojos Verdes Ediciones". Noviembre 2.017.


domingo, 19 de noviembre de 2017

Dentelladas de nostalgia


Lejana sombra de un pasado que para siempre el viento se llevó. Melancolía, humo,  silencio. Instante que pasa y ya no es. Efímero perfume del tiempo que el dolor y la música de un mundo perdido por ensalmo en nuestro recuerdo evoca. Notas suaves de un piano. Arcoíris atrapados entre pompas de jabón. Luz, viento, escarcha, rocío... Tenues huellas de una belleza yerta y olvidada, de una belleza antigua, etérea y  muy fugaz. Latidos de emoción, de dulzura, de alegría, de pena, de esperanza. Quebradizos espejismos que al oído, conmovidos, a las almas sensibles su más poderoso secreto revelan y las hacen −nos hacen− entonces con asombro y  con sorpresa comprender que, siempre, pese al dolor, al desgarro, a la distancia, al miedo y la más feroz derrota, aferrados al anhelo y la nostalgia, tal vez por su memoria confundidos, a su mágico embrujo por completo rendidos, si en ellos fuimos felices un día, allí siempre, frágiles y expectantes, seguimos: en todos los lugares de los que nos hemos ido, en todos los lugares donde un día sin remedio hace mucho entre la bruma del tiempo diluido, otra vida, audaces, jóvenes e insolentes como fuimos, bajo el tembloroso destello de mil estrellas, cómplices, blanquísimas, eternas y serenas, a soñar nos atrevimos.  


Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ a partir de la propuesta de incluir en el  texto la frase "Seguimos en todos los lugares de los que nos hemos ido" extraída del libro de Ángeles Sánchez Portero "Habitaciones con monstruos".

Imagen: Pinterest


martes, 14 de noviembre de 2017

Estrellas errantes


Cada tarde, ya muy próximo el sol a su ocaso, ella −etérea, suave,  transparente− con esa lealtad inquebrantable tan propia de los amores platónicos, de los amores imposibles −siempre a su cita puntual− hace su aparición. Mágicamente se quiebra entonces la penumbra, arden en el firmamento, cómplices, las estrellas, se conmueven las almas sensibles y la asfixiante grisura del mundo de golpe desaparece, eclipsada tras su luz.
Cobra en ese instante existencia la belleza.
 Silencio...
Sus ojos se clavan en los míos. Una sonrisa adormilada, cierta niñez soñadora ya remota, casi olvidada. Una voz que, sabia, a través del espacio y el tiempo resuena, romántica, lúcida, valiente... Una voz antigua y poderosa que mucho sabe de amor, de dolor y soledad.
Zonas de dulzura, palabras en melancolía enredadas que de las sombras rescatan a quien por ellas se deja embrujar, palabras que calman heridas, que al lugar al que alguna vez tantos sueños huyeron encaminan y, generosas, cada noche regalan algo que la vida nunca da: una ilusión, una esperanza, un misterio, el verso eterno de un poema que dos corazones une.
Palabras que al amanecer se desvanecen raudas como una estrella fugaz. Frágiles destellos de luz, de dolor, de magia, de vulnerabilidad. Oleadas de alegría, de pena, de ternura. Lágrimas lentas de cristal. Latidos de Poesía.


Este relato apareció publicado en el blog "Tertulia de Escritores" el día 13 de noviembre de 2.017.

Imagen: Noche Estrellada de Vincent Van Gogh.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Un invitado inesperado


" Si puedes recordarme, siempre estaré contigo" (Isabel Allende).

Como cada año, con la festividad de Todos los Santos −o Día de los Muertos como acá en México lo llaman− con puntualidad exquisita regresa noviembre y la melancolía y la tenue oscuridad del otoño, por unas horas, de color y magia con su algarabía enmascara. De luces y velas, de ofrendas y música, de aromáticos y florales altares, se visten las calles y todo lo invade de pronto el esplendor, la fantasía, el brillo, cierto alegre y fantasmagórico desconcierto, un expectante ambiente de mascarada.
No es esta aquí una época triste, no, al contrario. Vence siempre en estos días la ilusión a la tristeza, a la desolación derrota sin piedad la esperanza, al reencuentro con los vivos prestos acuden los muertos y entre tequilas, tamales, pulques, pipianes y otras mil culinarias delicias −pan de muerto, tamarindos, tétricas y dulcísimas calaveras...− sólo para ocasión tan especial con amor infinito preparadas, el largo regreso a casa, todos juntos al fin, en torno a la mesa festejan.
Momentos bellos y felices, sí, embrujadores y hechiceros. Y pese a ello ¡cuán próximas en el corazón de hombres, ánimas o fantasmas, alegría y tristeza se hallan!
Mezclado, por completo confundido, entre la multitud que esta noche ríe, sueña y danza, me siento yo de pronto tan solo, tan pequeño, tan perdido... Una fragilidad repentina, una avasalladora melancolía de improviso invade mi alma, adivino bajo mis pies el abismo y sólo entonces comprendo el error que al acudir a esta cita −a la que, cierto es, por nadie fui convocado− cometí. Mas no siempre a la razón obedece el corazón y tanto me devoraba la impaciencia, tanto yo desesperaba por verla, tanto anhelaba sentir de nuevo la caricia de su voz, que incapaz fui de resistir la tentación. Sólo mía fue la culpa.
"Siempre estaré contigo", se lo dije tantas veces... ¿acaso no me creyó? ¿cómo fue que me olvidó?
 Un frío de hielo atraviesa mi corazón,  un vacío hondo y oscuro en torno a mí se extiende e incontenible, una lágrima furtiva, muy amarga, por mi rostro resbala. Si ya nadie en  el mundo me recuerda, si una noche como esta no hay quien mi nombre −triste espectro enamorado− invoque con dulzura y de mí no queda huella, pronto mi espíritu en la insondable bruma de la inexistencia, sin remedio, se diluirá; en la etérea dimensión de los sueños, desvanecida para siempre, mi ánima dormirá.
Con la fe con que uno espera los milagros así yo espero una sonrisa, una mirada, una intuición, un presentimiento, una nostalgia, una caricia...
 Indiferentes a mi suerte, la luz de otros ojos un mal día los suyos absorbieron y ahora, sin verlos, sin presentir el dolorido latir de este pobre corazón atormentado, los míos traspasan. Es en este instante −vacilante, vencido e invisible vagabundo, perdido entre la alegre muchedumbre que de la muerte hoy no se espanta y en su amoroso recuerdo devuelve la vida a tantos y tantos fantasmas− que con horror comprendo que a esta Tierra sin belleza nunca más regresaré.
Implacable, la noche avanza hacia el alba. Gastado y triste, abandonado en un mundo inmenso y oscuro, mi tiempo se acaba. Trágico y aciago siempre mi destino.

Vacío. Ausencia y olvido. Sólo eso queda. Y un ligero rumor, mitad sollozo, mitad suspiro.



domingo, 5 de noviembre de 2017

Secretos de ultratumba


Medianoche. Oscuridad y silencio. Calla el mundo. Mi tiempo comienza. Tras el lúgubre tañido de las campanas, eco extraño y sobrenatural que la quietud de esta tristísima madrugada quiebra, desde lo más profundo de la tierra, mis restos al mundo de nuevo regresan. Errante y espectral −ojos vidriosos, pasos vacilantes, piel rasgada, extremidades rígidas, rostro plomizo...− como todos esperan o quizá me imaginaron un día −deshecho y quejumbroso− así hoy yo, confundido entre la espesa niebla que por doquier en torno a mí se extiende, casi en humo diluido, mi presencia entre los vivos, tímido y cauteloso, revelo.
 Con infinito esmero días, semanas, meses enteros, preparé mi aparición. Al cabo, el tiempo ahora se cumplió y esta tenebrosa, gélida y dolorida noche de difuntos para ser testigo de tan estelar momento fue la elegida. Nada habrá de fallar. Exitosa, sin duda, resultará la misión. Y yo mismo de ello, llegada la hora, daré fe.
Sé bien la incomprensión y el pavor que mi labor despierta mas no siento que deba por ella excusarme, cumplo a conciencia un deber al que −no importan los motivos− desde tiempo inmemorial, lealtad debo.
Y sin embargo...
Tantas miradas, adivino, pronto caerán inclementes sobre mí, tantos ojos estupefactos que en un instante −bien lo sé− pasarán del asombro al reproche, de la aprensión al terror... ¡Ay! Una intolerable ansiedad se apodera de esta triste ánima del Purgatorio desolada y penitente, arden mis mejillas y hasta la misma médula mis ruinosos huesos se estremecen sólo con pensarlo.
¡Pobre de mí! ¡Si el mundo conociera cómo odio ser centro de atención!  ¡Cómo lamento esta condición de muerto viviente mía en noches como esta! ¡Cómo tanto protagonismo me espanta!
Pánico escénico, así supe un día a mi extraña dolencia los doctores llaman. Siglos ha que en secreto guardo tan fatal diagnóstico. ¡Qué vergüenza! Si en esta cerrada, claustrofóbica y mojigata sociedad de ultratumba alguien se enterara sería mi fin. Irreparable el daño para mi reputación.
Hasta ahora, casi por milagro, todo ha salido bien, nunca criatura alguna nada sospechó y así confío hasta el final de los siglos habrá de ser. Misterios hay en el mundo que no se deben revelar. Y  aunque grande es el horror que carga mi conciencia, grande fue siempre también mi talento para el disimulo, arte a mi juicio −debo decir− valioso y práctico como ninguno, injustamente infravalorado, incluso por algún incauto desdeñado.
A salvo como creo estar, nadie tendrá jamás noticia de mi impostura.
Y sin embargo...
Atrapado me encuentro en la tela de una araña envenenada y pegajosa de la que, presiento, no lograré escapar.
Vetada la caricia de las lágrimas a las cuencas vacías  de mis ojos, un llanto seco y dolorido anuda esta noche mi garganta. Un llanto que no alivia, que lastima y quema.
 En secreto, con fervor anhelo que el alba venza al fin a la tiniebla, atisbar la suave luz que alumbre el nuevo día y así a mi cripta poder entonces regresar. Tornar a la rutina de mis horas, a la aburrida tranquilidad de mi guarida, a mi soledad y mis recuerdos, al rumor de un tiempo pasado y más feliz con sabor a antiguos, muy lejanos, otoños de infancia, a crema de calabaza, a dulce de membrillo, a chocolate caliente, a nueces y castañas...

Humildes sueños que una y otra vez contra este aciago y miserable destino mío sin remedio se estrellan. Y quisiera llorar. Y no puedo. Y entre melancolías, soledades y nostalgias se ahoga esta triste alma, en el limbo de la inexistencia para siempre perdida.


Imagen: Internet

domingo, 29 de octubre de 2017

Cuenta la leyenda



Nunca mueren los viejos rockeros, cuenta la leyenda y no seré yo quien la desmienta. Al contrario. Casi podría asegurar que sea cierta. Tampoco quiero engañar a nadie y debo añadir por eso que morir tal vez no mueran pero envejecer... ¡ay! envejecer, vaya si lo hacemos.
Dejen que les cuente mi historia. No es una gran historia y nada tendría de particular si no fuera por el único y chiquitísimo detalle de que es la mía. Convendrán conmigo que, aunque insignificante, esta circunstancia resulta para mí fundamental. Aunque, tal vez... tal vez en el fondo sí lo sea. Una gran historia, digo. No sé, ustedes juzgarán. Pero, discúlpenme, a punto estaba ya de andarme por las ramas. Es esta dichosa tendencia mía a divagar que en cualquier momento me asalta. Y es que me encanta conversar aunque muchas ocasiones de hacerlo no tenga, esa es la verdad. Gajes de la vejez, ya les dije que, lenta pero despiadada e inmisericorde como suele, sin apenas darte cuenta, derrotado y solo el día menos pensado te deja. En fin, el caso es que creo haber avivado ya una pizquita su curiosidad y prometo no aburrirles si me brindan, generosos, su atención. 
Verán, todo comenzó por culpa de una joven. Lo sé, lo sé, no es un arranque muy original pero... es lo que sucedió. Una joven, les decía, que despertó un sentimiento hasta entonces desconocido para mí. Nada importa ya su nombre y poca gente en el mundo queda que pudiera recordar, aun así -lealtad inútil, bien lo sé, mas siempre para mi tuvieron importancia ciertos gestos- guardaré el secreto. Magia, luz, belleza. Todo en torno a ella parecía siempre gravitar. Un soplo de felicidad me acariciaba el corazón cada vez que sonreía. Su mirada me hacía soñar, me ahogaba de amor y en mi infeliz inconsciencia, joven e ingenuo como era, a toda costa decidí lograr que ella me quisiera y con ese fin tracé un plan magistral.
Corrían los años cincuenta, el rock and roll despertaba con fuerza y yo, un muchacho hasta entonces tímido y del montón que nunca en nada había sobresalido, me aferré con pasión a aquella oportunidad. El cambio en mi apariencia resultó fundamental, debo reconocer: largas patillas, brillantina en el pelo, elaborado tupé, atuendo ligeramente extravagante y... ¡voilá! patito feo de golpe transformado en bello cisne. Estrategia infalible.
Aunque nunca hasta entonces había la música entrado en mis planes, no cantaba mal y yo lo sabía. La vergüenza y los nervios me mataban pero recuerden que había una chica por conquistar y nunca hubo ilusión más poderosa en este mundo. Fue así que un día, en un baile de verano, quizá fuera la noche de San Juan siempre tan misteriosa y hechicera -pero tanto tiempo pasó que incapaz soy ya de asegurarlo- tuve un impulso que para siempre cambiaría mi vida: abracé con descaro mi guitarra, subí sin pensarlo al escenario y, bueno, no es que quiera alardear pero... ¡fabuloso! no encuentro otra expresión. Aquel pueblo de casitas blancas junto al mar, la última luz del día desvaneciéndose en el horizonte, mil acordes fugitivos entre la brisa a la deriva, público enloquecido, electricidad en cada aplauso, martillazos en mi corazón. Sus ojos... ¡Ay!, aquellos ojos clavados en los míos.
Deseé con toda la fuerza de mi pobre alma enamorada que los relojes  se parasen, que se detuviese el tiempo y ese momento durase para siempre. Hace ya tanto de todo aquello.
En fin, ¿qué puedo decir? Me convertí en una estrella sin apenas darme cuenta y lentamente mi vida se disolvió en el caos. Rocé una felicidad que, de golpe, escapó de entre mis manos. Ella dijo que nunca podría quererme, el aire a nuestro alrededor en ese instante se congeló, murió el romance y yo me obligué a olvidar. No sé  por qué pero eso hice y hube de aceptar al fin que lo que una vez creí posible no lo era en realidad. Mudo de estupor, ni siquiera lloré.
Pasaron los años. Alegrías, penas, victorias, derrotas, simulacros de amor... Ruido y silencio.
Nada queda ahora. El tiempo se arrastra muy lento y todo me es ajeno en este limbo donde habito, aunque quizá tan sólo ocurra que demasiado cansado estoy ya de vivir sin ella, eterno enamorado de quien nunca volverá.
A pesar de todo, apagado, vacío, viejo y decrépito como estoy, para siempre ausentes quienes alguna vez mi mundo y mis sueños compartieron, algo superior a mi voluntad, más grande que yo mismo, me retiene aquí. Música y recuerdos se cuelan por alguna grieta del tiempo para susurrarme quién fui, para devolverme una gloria antigua. Exiliado de un lugar al que nunca podré regresar, en  ocasiones es brutal la soledad que siento e infinita la nostalgia por todo lo perdido.

Pero esperen, creo que estoy haciendo que suene peor de lo que es y no es eso. No, en absoluto. No pretendo despertar su compasión. Sólo ocurre que a veces me abruman los recuerdos y sueño la historia de un amor que nunca fue. Impenitente romántico en el fondo, ya ven. Pero no. No deben sentir lástima. Yo soy el Rey. ¡Todavía! ¡Siempre! Y sin embargo.... Los años, este cansancio infinito, tantas pequeñas humillaciones cotidianas, sin tregua me hacen dudar si este tipo vestido de blanco que salta todavía cada noche al escenario y mueve sus caderas maltrechas al ritmo de un inmortal "King Criole" soy yo mismo, mi fantasma o mi más fiel, entregado y devoto imitador.


Este relato aparece publicado en el nº 36 de la Revista Valencia Escribe.
https://www.yumpu.com/…/…/view/59501837/ve-36-noviembre-2017



Oscuridad y silencio


El sol se oculta al fin tras las colinas del Campo de Marte. Ha sido un día largo y caluroso en Roma este 22 de junio del Año del Señor de 1.633 y los monjes de Santa María agradecen ahora el leve frescor que anticipa la llegada de la noche. Apenas comentan lo aquí sucedido y sólo unos pocos intuyen que desde hoy el mundo será ya para siempre y sin remedio algo más oscuro. Finalizado el rezo de Vísperas un silencio extraño, pesado como el plomo, invade de golpe todos los rincones del convento mientras en su celda el alma gastada de un hombre cansado y enfermo murmura con infinito desconsuelo "y sin embargo se mueve...".


Este relato resultó seleccionado entre los finalistas del " VIII Certamen Literario Canyada D'Art" y aparece publicado en la Antología del concurso. Septiembre 2.017.

El padre - Reseña


"Es como si estuviera perdiendo todas las hojas..."

Un anciano enfermo de alzhéimer. Un actor inmenso para darle vida. Una obra que se sirve del humor, de la ironía y de la intriga para abordar un tema delicado y difícil sin caer en ningún momento en el melodrama o la sensiblería, que nos muestra la enfermedad desde la perspectiva de quien la sufre, desde sus pensamientos y la permanente confusión  entre alucinación y realidad que en ellos se produce.
Protagonista absoluto, Héctor Alterio construye un personaje entrañable, muy divertido por momentos, angustiado y dolorido en otros, siempre conmovedor. Con una mirada, con un gesto, con un énfasis o un matiz de la voz nos asoma al alma de un hombre herido y junto a él nos hace vivir su desconcierto, sentir su miedo, su fragilidad, su vulnerabilidad... llorar su olvido y su desolación, asistir a la lenta e implacable pérdida de sus recuerdos, a la desintegración inevitable de su vida.
De escena en escena -significativo como poco a poco también el escenario se  va desnudando hasta quedar casi vacío- contemplamos el deterioro de un personaje que no alcanza a comprender del todo qué le ocurre, a su desesperación por hallar una explicación convincente y tranquilizadora para sus contradicciones, para una realidad que a cada instante parece volverse en su contra.

Sobrecogedora finalmente la última escena de la obra, las lágrimas, la mirada perdida, dulce y transparente con que Héctor Alterio al fin nos parte el alma.

martes, 24 de octubre de 2017

Pinceles a flor de piel


Lentamente devoró su alma la tristeza. La desesperanza, el abatimiento, la desilusión... aquella tan oscura e inexplicable atracción suya por el daño y la derrota, ganaron para siempre la batalla. Un corazón frágil y herido dejó a destiempo de latir. Perdió el otoño sus colores, a su pintor la poesía y entre ardientes campos de trigo, demacrados campesinos, cálidos y dorados girasoles,  bajo el amparo incierto de la memoria del arte y del tiempo, vaga desde entonces el espíritu atormentado, siempre sombrío, de un hombre al que un sueño de luz, emoción y color, de improviso, embrujó; de un hombre torturado con pasión por un anhelo de belleza que, sin saberlo, un breve instante, muy breve, rozó. Furia, belleza, abismo, delirio, melancolía... Impresiones errantes, hipnóticas, doloridas, fugaces... Desgarradas, malheridas y sublimes, pinceladas de eternidad.



Imagen: Internet

domingo, 22 de octubre de 2017

La velocidad del otoño - Reseña


¿Hay belleza en la vejez? ¿cómo enfrentarse a algo para lo que nunca nadie nos preparó? ¿es posible mantener la propia identidad hasta el final?... Del paso del tiempo, de la melancolía y la nostalgia, de la soledad y el vacío, de la indefensión y el miedo, a medio camino entre el humor y el drama, nos habla Alejandra en esta obra -"La Velocidad del Otoño"- articulada en torno a la conversación que, en un momento crítico de su vida, esta mujer mantiene con el más pequeño de sus hijos.
Una conversación dura, tierna, conmovedora, donde aflora la sabiduría, la pasión por la vida, por el arte y la belleza de una anciana inteligente y sensible que a toda costa lucha por mantener su independencia y su libertad "el valor más preciado, quizá el único que tenemos". Una mujer perdida entre los restos de una vida que fue un día alegre y luminosa y que el tiempo, lento e implacable, poco a poco le ha robado para siempre. Una mujer que pese a todo no renuncia a su capacidad para elegir, para decidir su futuro.  

Texto sencillo, delicado, evocador, emotivo y muy bello magníficamente interpretado por Lola Herrera y Juanjo Artero sobre un tema difícil, profundo, muy doloroso también por momentos.

lunes, 16 de octubre de 2017

La muerte de la mariposa - Reseña


"Eran la misma persona con dos corazones y dos cabezas; y esos dos corazones y esas dos cabezas se volvían apasionadamente el uno hacia el otro, el otro contra el uno, hasta arder en una única hoguera".

Recién publicado por Gatopardo Ediciones, “La muerte de la mariposa” es el relato de un amor, de una devoción y una pasión, de una lucha feroz contra el alcohol y la enfermedad, de una época ligera y fugaz, chispeante, bohemia y luminosa donde los sueños parecían fácilmente poder convertirse en realidad.

En muy pocas páginas el autor de esta historia -Pietro Citati-  nos adentra en la intimidad y el secreto de una pareja irresistible, emblemática como pocas, la que Francis Scott Fitzgerald formó junto a su esposa Zelda durante los años veinte y treinta del pasado siglo. Atrapa Citati de forma magistral el espíritu de una historia de amor profunda, cómplice, conmovedora, tormentosa...; nos asoma a un abismo de miedos, inseguridades, decepciones, flaquezas, derrotas...; nos muestra las heridas, las huellas que inevitablemente en las vidas y el alma de los protagonistas poco a poco va dejando el implacable transcurrir de los días y los años; asistimos junto a ellos a la transformación en dolor y desesperanza de ciertas -quizá demasiadas- promesas incumplidas para, al fin y pese a todo, caer rendidos frente a la magia eterna de un amor que el tiempo convirtió en leyenda, frente a la sobrecogedora belleza de una lealtad inquebrantable.

viernes, 13 de octubre de 2017

El genio de los deseos


Suspira y cierra los ojos... En su recuerdo: mil y una noches repletas de estrellas; olor a jazmín; el tañido melodioso de las campanas meciendo con dulzura el despertar de la ciudad. Una ciudad ya para siempre convertida en nostalgia. Frente a ella: el cruel silencio de las fotografías; oscuridad, tristeza, cansancio; frío y devastación. En su alma: un deseo; una súplica; una oración. Entre las nubes, lejos, muy lejos, de aquella tierra tan herida: la magia. En el destierro eterno de los mundos perdidos: un hechizo. Un genio acurrucado en su lámpara que lágrimas de impotencia y rabia lloraba.



Microrrelato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/
Imagen Michel Pederson.

lunes, 9 de octubre de 2017

De piratas y corsarios


En el lugar más recóndito de la isla, en una tumba sobre una colina al borde del mar, unos mortales restos reposan. Allí yace también un hechizo. El eco eterno de la aventura de un mundo perdido, la magia y la fantasía, la curiosidad, cierta infantil inocencia, es lo que aquella sepultura sin nombre custodia. Cuentan que, en las noches de tormenta, una extraña canción el viento silba, al tiempo que dos feroces bucaneros desde un velero espectral a su inmortal hacedor saludan. Ron, ron, ron... parece la ventisca gemir. Entre las olas sueña su tesoro John Silver. Enigmático, sonríe.


Este relato resultó seleccionado entre los finalistas del "II Concurso Donbuk de Microrrelatos" y aparece publicado en la Antología del concurso. Septiembre 2.017.

Imagen: Internet

domingo, 8 de octubre de 2017

Muñeca de porcelana - Reseña


"Muñeca de porcelana" -"China Doll" en su versión original- obra escrita en su momento por David Mamet para Al Pacino y ahora en España magníficamente interpretada por José Sacristán, nos adentra de forma descarnada y muy ácida en los entresijos del poder, en un mundo oscuro,  turbio  e inquietante de dinero, secretos, mentiras, influencias, traiciones... en el siempre opaco universo de la política (de quienes tras ella impulsan ciertas decisiones al amparo de las sombras) y de la corrupción.
Es esta una obra ágil, irónica, muy original en su estructura, articulada casi por completo en torno a una serie de conversaciones telefónicas a través de las cuales Sacristán despliega un abanico de estados emocionales con los que hace cobrar vida a su personaje y logra contagiar el ritmo y la tensión de la acción al espectador. Prácticamente un monólogo a pesar de la presencia constante sobre el escenario de un segundo actor -Javier Godino- con diálogos muy breves y cuyo papel sólo al final de la trama cobra cierta importancia.
 El tema que se aborda, sin embargo, es tan real que resulta también muy previsible y ni la evolución de los acontecimientos ni su desenlace final alcanzan realmente a sorprendernos.

Merece la pena, en cualquier caso, asistir a la interpretación impecable, poderosa y repleta de matices que de su personaje hace José Sacristán.

lunes, 2 de octubre de 2017

Añoranza



La busco entre la sombra de un recuerdo

Nunca está

Sombra antigua, efímera y burlona

Sombra dolorida, insolente y magistral

Vagabundo de sueños

 Vagabundo de ilusión

Lucidez devastadora que, cruel, mi derrota murmura

Desgarro, pérdida, desesperanza

 Desamparo y llanto en un recuerdo ahogado

Estrella inalcanzable

Estrella mágica y fugaz

 Tenue brillo entre tanta oscuridad

 Incapaz de retenerla, junto a ella mi alma siempre va

Una lágrima en mis ojos

 Un recuerdo

 Plomo en mi silencio       

Un día cualquiera


El día que las olas del mar apaguen con su espuma el fuego del amanecer

 Que la luz del arcoíris aplaque con su brillo la ferocidad de la tormenta

El día que bajo la arena una estrella de mar llore su añoranza por el cielo del que una noche antigua cayó

Que rocen tus ojos los míos y una sonrisa fugaz ahuyente de tu rostro el desconcierto

El día que un instante mi recuerdo venza al vacío de tu olvido...

Sólo ese día mi corazón podrá quizá latir de nuevo

 Y sentir que  alguna vez hubo magia en el mundo.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Quinto B



El mismo piso. De nuevo. Y ya eran tres los asaltos que aquel agosto había sufrido, algo ciertamente excesivo incluso para tal mes. Como siempre puerta de par en par, cajones desvalijados, libros por el suelo, nada, al parecer, que echar en falta. Un halo de misterio envolvía sin remedio a su inquilina. ¿Qué escondía aquella anciana y quién lo buscaba con tanta tenacidad? Desplomada en su sillón, rodeada de policías, ella temblaba, no de miedo sino de emoción. Debía acabar con semejante desatino -lo sabía- pero tanto le pesaba la soledad... Y tan divertida resultaba siempre su pequeña picardía... 


Microrrelato finalista semanal el día 30 de septiembre de 2.017 en el concurso "L'art d'escriure" del programa Wonderland de Radio 4 RNE.
          http://blog.rtve.es/wonderland/

          Imagen: Internet

lunes, 25 de septiembre de 2017

Una muerte anunciada

Desde el día que murió -tan frágil, tan inocente, tan bella- un viento gélido y devastador, implacable, recorre el mundo. Atónitos y espantados, contemplamos entonces -amargo conjuro- desvanecerse de inmediato frente a nuestros ojos toda esperanza. Desapareció cualquier signo de benevolencia y alegría, dejó en nuestras almas de latir la poesía y sólo oscuridad, vacío y silencio en ellas quedó. También miedo. Justo castigo, cierto es, aunque imposible nos hubiera nunca resultado imaginar tan inmensa e infinita desolación. Alevoso crimen o fatal accidente poco importa, ligados como siempre estaremos -todos: culpables o inocentes- al trágico destino de aquella humilde, solitaria, serena, siempre tan pacífica paloma.



Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Niños de nadie


Elmer Mendoza nació un día de invierno frío y lluvioso. Nadie recuerda con exactitud la fecha pero sí el frío y la lluvia, inmisericorde y torrencial, que por aquel tiempo cayó durante días. Y la niebla. Una niebla espesa que llegó de golpe a la ciudad borrando todas las cosas. Tal vez fuera enero. Tal vez no. Nunca a causa de semejante olvido ha celebrado su cumpleaños. Nunca ha tenido regalos, tartas, ni velas a las que infantiles deseos soplar.
Aquel invierno, el invierno de doce o quizá trece años atrás en que Elmer vino al mundo, habían vendido sus padres la poca tierra que en su aldea natal tenían y, esperanzados como nunca estuvieron, como ya nunca volverían a estarlo, a pesar de la multitud de miedos e incertidumbres que, inclementes, sobre ellos se cernían, habían marchado a la capital en busca de un futuro más próspero para el hijo que en camino venía. Pero sabido es que nunca tuvo compasión con los pobres el destino y sólo un terreno en un suburbio de la periferia, más allá del extrarradio, de las vías, de los edificios grises y las inevitables torres de alta tensión, un terreno próximo en exceso al inmenso vertedero que el contorno de aquella ciudad inhóspita y áspera como pocas delimita, fue lo que el perverso azar les reservó y a lo que hubieron su nueva vida de conformar.
Allí, a escasos metros de la cerca, con incansable y tenaz esfuerzo, cultivan desde entonces berenjenas, calabacines, coles y tomates que pocas veces consiguen vender. Y allí, al filo de la desolación y la impotencia, clavada la angustia en el pecho, hondamente herido  su corazón, casi vencidos, lágrimas de rabia y desaliento, lágrimas con un amargo sabor a exilio y a derrota, lloran sin ruido cada noche -ojos hundidos y cansados- en un triste duelo por la pérdida de aquella ya tan lejana, ingenua y efímera ilusión, desvanecido frente a ellos sin remedio el futuro que juntos un día soñaron.
Y es que, pese a hacer todo lo posible -y cierto es que lo hicieron- a veces sucede que ni aun esto resulta suficiente, nunca mejoran los tiempos y para tal infortunio no existe entonces consuelo. Límites hay que el valor humano jamás a superar alcanza.
Así fue que en este lugar remoto y por todos olvidado, en una vieja barraca de madera y zinc tan mísera como una chabola, nació Elmer. Un muchacho ahora alto y fuerte, espigado, de rostro atezado por el sol y ojos oscuros, brillantes, profundos y esquivos que cada día, mucho antes del amanecer, en ese momento en que el silencio parece devorar las horas, salta de su pequeño camastro y siempre sigiloso para no despertar a los hermanos que tras él llegaron, como una sombra apenas arrancada a las tinieblas, sale a la soledad de unas calles donde hace mucho la miseria se hizo costumbre, de unas calles que a cada paso hablan de dolor. Cabizbajo y lento, un peso insoportable de llanto e injusticia a sus espaldas, al vertedero entonces se encamina y allí confundido entre decenas de chiquillos harapientos -ojos tristes, mejillas hundidas, manos sucias, alma gastada- hace mucho tiempo todos ellos resignados a su suerte, y los perros y buitres que habitan el lugar, armado como todos con su inevitable garfio y como todos de inmediato cubierto por una grasienta costra de mugre, con inocente esmero, escarba entre la basura en busca del quizás único sustento de que ese día dispondrá la maltrecha, siempre exigua, economía familiar.
Elmer no se queja. Nunca se queja. Tampoco se avergüenza. Es su trabajo. Gracias a él -bien lo sabe- subsiste su familia, digna, casi heroica, superviviente de las privaciones y la escasez. Y se siente orgulloso. Mucho. Pero lo odia. Lo odia de un modo profundo y oscuro que por mucho que intenta no logra evitar. Odia la basura, el olor, los insectos,  los camiones, el humo de los gases... Tan desagradable todo, tan sucio, tan insalubre. Tan triste y descorazonador.
En secreto, un secreto nunca con nadie compartido, Elmer sueña estudiar. Quisiera ir a la escuela, merendar en el parque a la salida de las clases, jugar al baloncesto, confundirse y ser uno más, entre todos esos chicos a los que cada tarde espía desde lejos... y un día -como ellos seguro lograrán- llegar a ser maestro o médico, quizás.
Algunas veces, pocas pero a veces, desde lo más alto de su montaña de escombros, golpeado por la pena y la soledad, levanta los ojos a un cielo para él siempre arisco y en penumbra. Susurra entonces una plegaria dolorida, una plegaria de tristeza abrumadora y sólo si por un instante una estrella atraviesa rauda el firmamento, el niño sonríe. Por alguna extraña razón -alguien un día le contó- las estrellas fugaces guardan relación directa con los deseos y esa idea, casi una esperanza, dibuja en sus labios una sonrisa. Una sonrisa breve, apenas un esbozo, tan fugaz como la estrella. La triste e inexpresiva sonrisa de quien nunca aprendió a reír. De quien sabe que algunas historias nunca alcanzan su final feliz.


          Este relato aparece publicado en el nº 37 de la Revista Valencia Escribe.
          https://www.yumpu.com/es/document/view/59579031/ve-37-diciembre-2017 
          Imagen: La marcha de los olvidados (Danny Castillo)


jueves, 21 de septiembre de 2017

Encrucijada


         El monótono sonido del teclado de la vieja underwood que hace  tanto tiempo su padre le regaló -siempre desde entonces compañera fiel- se detiene al fin. Durante horas, sin pausa, ha resonado en la habitación y de improviso un silencio denso y pesado invade la estancia. Tras los cristales, al otro lado del balcón, la tarde se apaga lentamente. Ha comenzado a lloviznar, la luz es cenicienta y fría y una fragancia suave a tierra mojada, primera advertencia de un otoño recién apenas estrenado, se cuela por alguna ventana entreabierta.
 A esa hora imprecisa que ni al día ni a la noche parece pertenecer, solitaria como un fantasma, repasa Victoria las páginas escritas. Metódica y concienzuda. Con extremo cuidado. Satisfecha, por fin. Aspira lentamente el aire limpio y húmedo del anochecer y sucede en ese instante que por sorpresa sus ojos se llenan de lágrimas. No sabe bien por qué llora. Nunca fue ella mujer muy dada a la ternura pero una emoción incontrolable, algo que no acierta a explicar, de pronto la ha conmovido de un modo extraño. Sólo es cansancio, piensa y, sí, tal vez tan sólo eso sea. Tal vez.
Ha sido esta última, una época intensa y convulsa en la que a las más adversas circunstancias se ha debido enfrentar. Nada nuevo en realidad para esta mujer de férrea voluntad, dueña de una rara confianza en sí misma, luchadora independiente y tenaz siempre en armas contra un mundo y un tiempo que a las mujeres con método exquisito ignora. Pionera incuestionable en tantos frentes donde preciso resulta abrir nuevos horizontes.
Y quizá ése sea el motivo del inmenso vacío, del desconsuelo infinito que desde hace ya algún tiempo -ahora se da  cuenta- habita en su pecho.
 El murmullo dulce y quejumbroso del viento entre las encinas, la melancolía esta noche a su corazón tan férreamente anudada, la vulnerabilidad que a su pesar siente, hacen volar su recuerdo hacia las enseñanzas, los consejos y el cariño de su madre, hacia las risas alegres de sus compañeras del Lyceum, hacia la complicidad de sus maestras, hacia tantas y tantas mujeres valientes -sencillas o ilustres- siempre relegadas, siempre invisibles, a las sombras eternamente condenadas, con furia arrojadas a la frustración y al desaliento. Siente que su memoria y su lucha con su decisión traiciona, que sus expectativas y esperanzas tristemente defrauda, que retazos muy queridos de su vida en jirones se deshacen sin remedio. Y le duele tanto tan innegable deserción...
Amarga encrucijada la suya.  Lacerante y feroz.
El discurso que por fin hace un momento ha logrado terminar es impecable, en cualquier caso. Nada puede reprocharse. Ha trabajado en él durante días. Lo ha escrito y reescrito hasta la extenuación, incapaz por momentos de hallar el tono preciso, angustiada, desesperada, malherida en desigual batalla por unas palabras caprichosas, fugitivas que, una y otra vez, frente a ella, antes de dejarse atrapar, siempre raudas se desvanecían. Palabras finalmente capturadas que habrán de ayudarla -así al menos ella lo espera- a expresar algo más que un pensamiento, mucho más, un sentimiento. Palabras con las que, por encima de cualquier otra cosa, ansía ser comprendida y que a un íntimo desgarro, conmovedoras y conmovidas, habrán de prestar su voz.
Difícil camino el que esta mujer idealista y orgullosa comienza ahora a recorrer.
Hace lo correcto, de corazón lo cree. Y sin embargo... no logra desprenderse de ese extraño sentimiento que atenaza su garganta, algo muy cercano a la congoja, cierta mezcla de cansancio y melancolía. Nadie como ella comprenderá jamás la magnitud de su renuncia. El amargo papel que, en aras de un bien mayor -eso se dice- ha de representar. Plenamente convencida, decidida a no acallar la voz de su conciencia, incapaz de silenciar sus más profundas convicciones, dispuesta a afrontar el sin duda severo juicio de la Historia, a dilapidar -bien lo sabe- buena parte del prestigio hasta entonces tan duramente conseguido.
Pero su resolución es firme. Pocas horas después habrá de afrontar el momento decisivo y ella, Victoria Kent, maestra, doctora en Derecho, directora general de prisiones, diputada en Cortes, defensora infatigable de los derechos de su sexo, mujer lúcida como pocas, inteligente, audaz, comprometida... ella, Victoria, desde la tribuna de oradores del Congreso, desgarrada como nunca estuvo entre la renuncia a su más bello ideal y su ardiente pasión republicana, con absoluta convicción democrática, reclamará sin dudar el aplazamiento del voto femenino. Un voto que sin remedio -con sinceridad lo piensa- se vería ahora secuestrado por la voluntad omnipresente y seguro reaccionaria de maridos, padres o sacerdotes. Riesgo inasumible. Triste e inevitable paso atrás. Cruel traición, que sólo su desmedido amor por la República justifica.
Una y otra vez ensaya Victoria las palabras con que a la tarde siguiente -Uno de Octubre de 1.931-  habrá de dirigirse a la Cámara: "...Que creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española, lo dice  una mujer que, en el momento de decirlo, renuncia a un ideal...".
Un oscuro desconsuelo asoma a sus ojos negros. Sobrecogida, frágil, vulnerable, atravesada por una pena insoportable que para siempre se clava en lo más recóndito de su alma, apenas consigue ya retener el llanto.
En la calle mientras tanto las aceras brillantes de lluvia, las apresuradas carreras de los viandantes bajo sus paraguas, el lívido blancor con que el cielo despide a este convulso mes de septiembre, dan a la ciudad la apariencia sombría y gris de un día triste de invierno.


Este relato obtuvo el segundo premio en el "I Certamen de Relatos Beatriu Civera" convocado por la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Valencia y aparece  publicado en la Antología del Certamen. Fallo del Jurado 26 de Junio de 2.017.


lunes, 11 de septiembre de 2017

Dos pequeñas aventureras

La casa ha comenzado a llenarse de hormigas, plaga pertinaz que rauda y sigilosa todos los rincones invade. Tras los árboles el invierno acecha y, siempre previsoras, concienzudas, todas ellas su refugio preparan. Aunque... ¿Todas? No. Tal vez no todas. Cuentan que, tras conversar con una cigarra algo juerguista y atrevida, dos jóvenes obreras de su grupo desertaron y hacia la capital una noche de luna llena marcharon. Grandes cómicas -los rumores dicen- llegaron a ser y un hormiguero repleto de luces y candilejas juntas crearon. Así me lo contaron y a vosotros yo os lo cuento, mas ¡cuidado! tantas leyendas urbanas -embusteras fantasías- circulan estos días...



Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Sin rumbo


Lento, muy pausado, casi perezoso, el tren abandona la estación. Listos para emprender un camino que apenas a intuir comienzan pero muy largo e incierto adivinan, en sus vagones, desconcertados e inquietos, se acomodan los últimos viajeros. Espectros silenciosos sobrecogidos por el frío y la desolación de esta tenebrosa noche sin luna a la que de improviso se han visto arrojados, con una mirada de infinita tristeza se despiden del mundo que, sin ellos, tan desamparado y helado ahora queda.
Inmóvil, detenida en el andén, una mujer algo ya marcada por la edad observa como poco a poco, en la distancia, el extraño convoy se aleja. Una vez más -imposible ya resulta saber cuántas- lo dejó pasar y quizá ahora se arrepienta. Deseos, sueños, esperanzas, ilusiones... que desfallecidos, quejumbrosos, muy veloces, en la negrura de la noche se extinguen y en el aire una huella de misterio y de tristeza dejan.
Un leve brillo en sus ojos traiciona las lágrimas que, pese al dolor, se resiste ella a derramar. De nada sirve llorar lo que no fue, incansable se repite una y otra vez. Mas no halla consuelo. Diluido entre la bruma de sus miedos y silencios se desvanece, mientras tanto, para siempre y sin remedio -tan remoto, tan inalcanzable- el tren de las oportunidades perdidas.



Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Juan Felipe López Arbide.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Septiembre


Melancólico y sereno, suave, tenue, casi de puntillas, regresa septiembre. Una advertencia de otoño hay en su luz, en el dorado matiz de sus colores que, pese a ser muy leve todavía, el verano ya sin remedio resquebraja. Acortan los días, refrescan las noches. Lentas y silenciosas pronto comenzarán las hojas a caer, desnudos quedarán los árboles, cubiertas por la hojarasca -efímera, crujiente- las aceras y los parques. Perdida en el recuerdo, cual veraniega postal, la ardiente furia del sol, las tardes junto al mar, los castillos de arena, el sabor a sal...
Un ejército de nubes cenicientas, en cualquier momento, de improviso, hará tronar la tempestad. Repiqueteará la lluvia en ventanas y balcones, charcos de cristal transparentes como espejos en las calles brillarán y un suave olor a tierra mojada en alas de un viento, tal vez cálido, tal vez destemplado y pertinaz, la ciudad suavemente envolverá.
 Y en ese instante, como siempre... una sonrisa alegre y luminosa que de nuestros labios escapa, una misteriosa sinfonía que a nuestro oído el viento susurra y a cuyo son todos  juntos, bellamente engalanados, danzamos, rendidos a la magia del nuevo otoño que, tímido, se anuncia.
Otoño. Eternas leyendas de tristezas y nostalgias su nombre arrastra. Del año siempre para nosotros la estación más bella. ¿Acaso lo dudabais? En nuestro destino escrito estaba. Al fin y al cabo -borrascoso corazón de la lluvia enamorado- impermeables, humildes, protectores... paraguas solitarios frente a la más cruel tormenta nosotros somos.  



Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Kristina Makeeva.

miércoles, 30 de agosto de 2017

El amor te hará inmortal. Ramón Gener - Reseña.


"Mi padre murió dos veces. La primera, una mañana soleada en la que el Alzheimer nubló su mente y me olvidó. Y la segunda, tres días antes de Navidad, cuando, convertido en el Bolero de Ravel, dejó de respirar”.
Ramón Gener, director y presentador del programa de televisión "This is Opera", escribió este libro tras la muerte de su padre, durante mucho tiempo enfermo de Alzheimer. Mezclando fantasía y realidad, de la mano de las tres Moiras griegas del destino, el autor emprende un viaje a través del tiempo y el espacio que le lleva a diferentes lugares y momentos de la historia de la música para mostrarnos con exquisita sensibilidad el dolor, la emoción, la  desesperanza de los grandes maestros en su peor momento, en el momento de enfrentarse como él a la pérdida y a la definitiva ausencia de la muerte. Verdi, Puccini, Brahms, Farinelli, Berlioz, Joaquín Rodrigo, María Callas... a todos nos los presenta en su mayor instante de tristeza, de derrota o incomprensión y con todos nos hace emocionarnos y asistir a la transformación de un dolor inmenso en inspiración, belleza e inmortalidad.

Es esta una historia sobre músicos pero por encima de todo es una historia sobre sentimientos y emociones, un alegato en favor de la memoria y de la vida repleto de magia, de ternura, de poesía, envuelto en música, literatura, cine, teatro y mitología. Una historia de amor bella, conmovedora, delicada, luminosa y muy esperanzadora.

martes, 22 de agosto de 2017

Cuento de una noche de verano


Se llamaba Belinda y era la más bella muñeca del escaparate. Delicada, exquisitamente hermosa, una pequeña dama vestida de seda, encajes y suave terciopelo, ojos azules, rubor en las mejillas, rubios cabellos recogidos en perfectos bucles sobre su cuello de cera. Sentada al piano suspendidas las manos sobre las teclas unas veces, de pie tras el cristal otras, acunada en la nostalgia, siempre melancólica, indiferente y frágil, miraba la vida pasar. Etérea, suave, transparente, dulce como un sueño de infancia.
Los días en el almacén de antigüedades se iban así sucediendo uno tras otro, cada uno parecido al anterior -apacibles, perezosos, rutinarios- entre la admiración y la indolencia que la muñequita despertaba hasta que en algún momento y sin que nadie pudiera explicar cómo, algo muy extraño sucedió. Una mañana ardiente y luminosa de aquel lánguido e inacabable verano, la vitrina que hasta entonces ella ocupaba amaneció vacía. Belinda no estaba. En su lugar, el rastro deshojado de  una rosa blanca de cristal.
Cuentan que, enamorada de un titiritero que por aquel tiempo de paso se hallaba en la ciudad -un muchacho guapo de ojos grises y vivaces, rostro atezado por el sol e irresistible sonrisa soñadora- aturdida de amor, tras él huyó una noche de luna llena. Raudas y fugaces, divertidas, cómplices, chispeantes, atrevidas... cientos de perseidas en el firmamento destellaban y su magia y fantasía sobre el mundo aquella noche vertían.
Burlado de tan fantástico modo, casi por milagro, su destino de inanimado y lujoso juguete inalcanzable, de feria en feria, felices y sin rumbo, siempre juntos los dos, recorren desde entonces los caminos. Eternos vagabundos perdidos por  el mundo.
Sus vestidos ahora rasgados y en desorden, el cabello desgreñado, los brazos descascarillados, magullada su blanquísima piel de porcelana, nada en ella recuerda ya a la bella damisela, siempre al borde de la vida acurrucada, que alguna vez fue. Brillan sus ojos, antes tristes y apagados y un sentimiento desconocido, algo muy cercano a la esperanza, habita su alma. Y es que frente a él, por primera vez, su corazón latió. Una palabra, un gesto, una sonrisa a tiempo y... una vida que renace por arte de magia.
 Sucedió que sólo aquel joven alegre, descarado, irreverente y bohemio que por ventura quiso el azar  cruzar en su camino, fue capaz de consolar su dolor, de ver lo que nadie más acertó nunca a comprender: la soledad, la tristeza, el insondable vacío en que se ahogaba. Y sólo él le dio también una razón para soñar. Con la quietud y la inmensidad de un hechizo rozaron sus ojos los suyos, un beso con dulzura infinita dejó en sus labios y con bellas, suaves palabras de amor sus oídos arrulló. Como el regalo más precioso apareció para quererla cuando menos lo esperaba, para siempre borró las sombras del pasado y un nuevo destino, una vida entera le entregó: fulgurantes noches repletas de estrellas, tibios amaneceres cubiertos de rocío, cálidas brisas perfumadas de jazmín, la belleza muda de un instante en que nada pasa y pasa la vida. Ráfagas de alegría y felicidad, mariposas en el alma, secretos de amor, estremecimientos de ternura, caricias en el corazón... Latidos de magia y de poesía.

Y es que a veces, sólo a veces, los sueños se cumplen. Es entonces que el destello errante de una estrella, el acompasado latir de dos corazones, el dulce contacto de unas  manos que se unen, un abismo de soledad y silencio resquebraja, sombras y desdichas ahuyenta y una noche de verano misteriosa y hechicera al mundo deslumbra con su luz, con su encanto, con su embrujo y su belleza.



Imagen: Internet