martes, 26 de octubre de 2021

Algo que quería contarte. Alice Munro ─ Reseña

 

Somos un reflejo de nuestras vergüenzas

Segundo libro de relatos de Alice Munro, publicado por primera vez en 1974 y recientemente traducido al castellano (Editorial Lumen), "Algo que quería contarte" es una colección de cuentos tejida con enorme sutileza en torno al amor y sus mentiras, a las trampas de un destino solo amable en apariencia, bajo cuya máscara asoma un mundo de frustración y soledad.

Las relaciones familiares, los conflictos y el desamparo a que conducen, el sentimiento de pérdida, el peso de la tradición o los prejuicios, son los temas que, a partir de pequeñas situaciones cotidianas, enlazan las historias recopiladas en este volumen. Trece relatos cortos donde nada es lo que parece, estructurados a base de elipsis e insinuaciones, repletos de matices y dobles intenciones, que exigen una lectura atenta y reflexiva para comprender la hondura de lo narrado.

Con una prosa sencilla y muy precisa, la autora crea atmósferas muy particulares y solo mediante pequeños apuntes, sin explicaciones ni juicios de valor, a través de sus comportamientos o reacciones frente a determinadas situaciones, hace vislumbrar al lector las heridas, rencores o fracasos de sus personajes.

De todo ello surge un conjunto de historias evocadoras, repletas de silencios y saltos temporales, ambiguas y muy emocionales.

 Un universo propio, el de Alice Munro, que ella articula con maestría en torno a recuerdos, vivencias, confesiones o añoranzas de un tiempo pasado (no mejor, necesariamente) siempre al acecho sobre el alma de sus protagonistas.

lunes, 18 de octubre de 2021

La nueva madre y otros cuentos. Lucy Clifford – Reseña

 

No existen madres con ojos de cristal y colas de madera. Serían demasiado caras de fabricar.

«La fortuna del escritor es veleidosa. Algunos autores venden miles y miles de libros a lo largo de su vida y sus trabajos son elogiados por la crítica y adorados por el público. Y sin embargo, aunque parecen destinados a perdurar, su obra pierde relevancia a toda velocidad y diez años después de su última publicación nadie se acuerda de ellos. Otros viven en la más absoluta miseria; la fama, el dinero y el prestigio los eluden hasta que mueren. Entonces, de pronto, su genio es reconocido.»

Así comienza Víctor Sellés el prólogo a la edición de unos cuentos que él mismo se ocupa de traducir y con la que, dice, pretende sacar del olvido a una autora, Lucy Clifford (1846-1929), muy reconocida en su momento pero injustamente olvidada luego, a raíz del cambio de siglo y las nuevas narrativas surgidas de la Primera Guerra Mundial.

Escritora y dramaturga victoriana, Clifford publicó diez novelas y siete colecciones de relatos, además de una gran variedad de artículos periodísticos y alguna que otra obra teatral. Amiga de Kipling y Henry James, ejerció una gran influencia sobre ambos, especialmente sobre James que encontró en "La nueva madre", cuento que abre esta antología, la inspiración que habría de conducirle hacia "Otra vuelta de tuerca". 

Bajo la apariencia de cuento infantil, "La nueva madre" es, en realidad, un relato muy oscuro, una fábula narrada en tono de leyenda, al modo clásico de los cuentos de hadas, que, inexorablemente, va girando hacia un terror gótico y muy inquietante.

La historia relata la peripecia de dos hermanas, tentadas por una extraña joven que un día encuentran en el pueblo. A cambio de la maldad de las pequeñas, ella promete desvelarles el secreto de una caja que siempre la acompaña. Cuando las chiquillas, obsesionadas y muertas de curiosidad, empiezan a cumplir el pacto, la madre las amenaza: si no cambian de actitud, habrá de marcharse y una sustituta —otra madre con ojos de cristal y una cola de madera— llegará para reemplazarla.

La falsedad, la seducción, el miedo, la ambivalencia, la incredulidad y sus consecuencias, son los temas que aborda un relato nada dulcificado, de innegable corte psicológico y gran carga de misterio que, poco a poco, evoluciona hacia una conclusión tremendamente desconcertante y abierta a la interpretación.

Otras dos historias, también hasta ahora inéditas en castellano, completan la antología:  "El pez falso" y "Wooden Tony", dos cuentos a medio camino entre lo real y lo fantástico, melancólicos y con un final ambos muy perturbador pero, en cualquier caso, inferiores al primero.

lunes, 11 de octubre de 2021

La guerra de los mundos. H.G. Wells – Reseña

 

Los que nunca han visto un  marciano vivo no pueden imaginar lo horroroso de su aspecto.

Publicada en 1898 por primera vez, adaptada al cine, la radio o la televisión en multitud de ocasiones, obra clave de la ciencia ficción y quizá la más reconocida de su autor, H.G. Wells (1866-1946), "La guerra de los mundos" relata la llegada a la Tierra de unos extraños seres procedentes de Marte y los sucesos que ello desencadena.

Narrada en primera persona, pocos años después de la invasión, por un personaje completamente anónimo, tan anónimo que ni siquiera llegará a desvelar su nombre, la historia comienza con el impacto sobre un pequeño pueblo cercano a Londres de unas misteriosas cápsulas: unos cilindros que empiezan a llover del cielo en unos arenales suscitando al instante una gran curiosidad entre la población. Unas horribles criaturas, exploradores en busca de un nuevo planeta tras el colapso de Marte, comienzan poco a poco a surgir de tales artefactos, amenazando en su intento de expansión y gracias al potentísimo armamento que enseguida construyen con destruir la humanidad.

El narrador relata su aventura y la de personajes muy próximos a él, rememorando aquellos días casi a modo de crónica, recreando un Londres absolutamente devastado e incidiendo en el miedo y la extrema soledad a que se enfrentan los supervivientes del ataque. Separado en la huída de su mujer, su único objetivo será a partir de ese momento reencontrarla y en su periplo irá dando testimonio de los daños ocasionados por la  invasión, de la muerte y destrucción que los marcianos dejan tras su paso.

Más allá de la trama argumental (ingeniosa y muy desconcertante para el momento en que fue escrita), del triunfo o fracaso de la incursión y la peripecia del protagonista, es esta una historia con una gran carga de crítica social, sutil pero muy evidente. Resulta claro en ese sentido el paralelismo que en algún momento plantea el autor entre el trato que los marcianos dan a los humanos y el que los humanos dan a animales o razas consideradas por entonces inferiores (el extermino de los tasmanios, menciona expresamente la novela). La crítica al imperialismo británico, a la inoperancia del gobierno, a la soberbia que lleva a ignorar riesgos y minimizar amenazas, al individualismo... son cuestiones que subyacen en todo momento bajo una aventura contada de un modo muy desapasionado y carente de épica, donde no hay héroes ni ningún tipo de sensacionalismo. Un tono con el que Wells pretende enfrentar al lector a las consecuencias de determinados comportamientos con frialdad y sin recrearse en el drama de lo sucedido.

A la luz de las circunstancias actuales, resulta también muy impactante la descripción inicial de Marte como un planeta a punto de extinguirse y la esperanza que por ello sus habitantes ponen en la Tierra: un lugar lleno de vida, con una atmósfera amable, árboles, agua, futuro...

Entre las  adaptaciones cinematográficas destacar la dirigida en 1953 por Byron Haskin, ganadora de un óscar a los mejores efectos especiales y la más reciente, la de 2005, dirigida por Steven Spilberg y protagonizada por Tom Cruise, aunque ambas se apartan notablemente de la historia original.

Memorable por último la recreación radiofónica que Orson Wells realizó en la noche de Halloween de 1938 con la que, a modo de noticiario urgente, informaba de la invasión alienígena. El programa generó tal alarma social que en Nueva York muchos ciudadanos tomaron el ataque por real, se desató un tremendo pánico y el director hubo de pedir disculpas públicamente días después.  


Reseña publicada en la revista "Escribiendo a hombros de gigantes" de El Tintero de Oro. Marzo 2022.

viernes, 1 de octubre de 2021

Marte

 


Viajar a las estrellas había sido su sueño desde niña. Asomada a su telescopio dibujaba constelaciones, adivinaba galaxias e inventaba un futuro de exploradora espacial repleto de cohetes, de hallazgos fabulosos y amigables extraterrestres, contentos de contribuir al éxito de su investigación. 

 Durante un tiempo Max, un cándido marcianito sospechosamente parecido a E.T. ¡cuánto la había hecho llorar esa película!, fue su mejor amigo. Su confidente. También su secreto mejor guardado. En ocasiones, él le reprochaba tanto secretismo pero al final se resignaba. Eran gajes del oficio, se decía: no es posible presentar así como así a un amigo invisible sin que a uno lo tomen por loco. Y un buen amigo comprende esas cosas.

Luego, el tiempo fue pasando y la fantasía se atragantó de realidad. Sofía extravió al pequeño extraterrestre en algún rincón de su memoria pero... no lo olvidó. No del todo, al menos. Aún se colaba en su pensamiento algunas veces y la ingenuidad de ese recuerdo la llevaba a un lugar donde renacía su espíritu de conquista: el empeño irrefrenable, obsesivo casi, por descubrir nuevos mundos.

Podría decirse que lo había conseguido. Tras años de estudio y un minucioso entrenamiento a los mandos de un simulador, lista al fin para solventar sin error cualquier tipo de incidente, Sofía Méndel pilotaba ahora la primera aeronave de pasajeros con destino a Marte.

 Y sin embargo... 

Aquello no era lo que tantas veces había imaginado. Cercada por la implacable oscuridad del firmamento, sentía que al aceptar esa misión abandonaba algo que jamás lograría recuperar. Una sensación de irrealidad abrasaba su mente y un latido gélido golpeaba su pecho. No había belleza en esa travesía. Tampoco romanticismo y la ingeniera, como todos los que alguna vez soñaron encender el brillo de una estrella, era una romántica incurable.  

Las primeras colonias habían sido fundadas muy poco tiempo antes, tras el fracaso inesperado de las bases lunares. Un centenar apenas de personas repartidas en zonas estratégicas a fin de conocer las opciones de supervivencia que el planeta rojo podía o no ofrecer a los humanos. Físicos, geólogos, médicos, biólogos..., pioneros dispuestos a sacrificar la propia vida en aras del saber y de la ciencia; investigadores que periódicamente remitían a la Tierra las conclusiones de un trabajo cuyos resultados habían sido hasta el momento muy poco halagüeños. Pero el reciente hallazgo de una red de acuíferos subterránea y la expectativa de generar oxígeno de forma artificial habían precipitado los acontecimientos.

En cualquier caso, no había opción.  

La humanidad estaba condenada y el éxodo era su única esperanza.

La Tierra había colapsado. Los bosques ardían sin tregua, ríos y mares agonizaban bajo pegajosas capas de plástico, los polos se deshacían en gigantescas cataratas, el sol calcinaba los pastos, extrañas plagas mataban a los hombres y solo el silencio habitaba ya la cáscara vacía que eran pueblos y ciudades.

La emergencia climática tantos años latente había evolucionado hacia una catástrofe imposible de frenar. Cinismo y avaricia habían vencido a la cordura y la vida en el planeta se extinguía. Los humanos la habían aplastado. Siglos de civilización, de arte, de música, de poesía... se perdían para siempre. Animales y plantas desaparecían entre el polvo del desierto e, incapaz de romper la pesadilla, el ser humano caminaba a la deriva.

Los vuelos a Marte eran una solución desesperada, fruto de la angustia y la impotencia. Los futuros colonos ignoraban por completo las circunstancias con que allí se habrían de encontrar, si a largo plazo podrían adaptarse a una atmósfera sin aire o si, atados a sus trajes de astronauta, habrían de permanecer para siempre bajo tierra. Pero por muy hostiles que aquellas circunstancias pudieran resultar, estaban dispuestos a intentarlo. Era su única oportunidad. Y el tiempo se agotaba.

Una sensación de frío y soledad hizo estremecer los nervios de Sofía. Ninguna estrella consolaba la negrura del cosmos y un desamparo helado hería su alma. Tomados de uno en uno, pensó ─una punzada de culpa; un «lo siento, Max» atravesado en la garganta─, quizá sus pasajeros merecieran aquel regalo del destino pero no tomados en conjunto. De eso, no tenía duda. La raza humana era egoísta y destructiva. Había perdido toda su nobleza y no tardaría en arruinar otro planeta.

Muchas otras naves seguirían pronto el mismo rumbo ─la suya no sería la única, tan solo era la vanguardia─. Acudirían en masa, como un aluvión: un enjambre de acero sacudiendo en su zumbido el universo. Matando la magia. Dañando el misterio.

A millones de quilómetros de la Tierra, ajeno todavía a su condena, Marte orbitaba imperturbable, casi desvalido, sereno.

Sin épica, sin romanticismo ni belleza, la invasión había ya dado comienzo.




Relato publicado en la revista "Escribiendo a hombros de gigantes" de El Tintero de Oro (marzo 2022) y en la Antología "Relatos al punto de tinta" de El Tintero de Oro (diciembre 2022).