viernes, 30 de diciembre de 2016

La chica de los girasoles


Hoy me acordé de ti. No sé por qué. Tal vez porque es verano, hace calor y es época de girasoles. Durante mucho tiempo te vi bajar del tren tarde tras tarde, a esa hora en que  la mayoría de la gente retoma su vida tras un largo día de trabajo. Seria, sola, fatigada, con aspecto de llevar sobre tus hombros cansados el peso de un mundo a punto siempre de desmoronarse. Una mujer joven todavía, ojos oscuros y profundos y  cierto halo de misterio. Acostumbrada a esconder sus sentimientos. Tal vez endurecida, pero valerosa y fuerte. Eso me parecías. Aunque  lo que sin duda me cautivó y, sin que jamás hubieras podido imaginarlo, me hacía buscarte cada tarde en el andén y me conmovía de un modo extraño era la sonrisa fugaz que por un instante iluminaba tu rostro cuando, antes de perderte de nuevo entre la multitud, te detenías un momento frente al pequeño puesto de flores de la estación, rebuscabas en tu bolso unas monedas y elegías con cuidado un girasol. Dorado, cálido, luminoso. Nunca ninguna otra flor. Sólo un girasol. Ardiente y bello. Luego, un día, dejé de verte. Te llamabas Cristina. Lo supe algún tiempo después, al descubrir de improviso tu fotografía bajo un texto breve y sin alma que, en la crónica de sucesos de un periódico local, hablaba de dos pequeños huérfanos, un marido arrepentido a destiempo y alguna estadística dolorosa y fría. Lloré entonces mi rabia y tu impotencia. Lloré el horror, la desesperanza, el desconsuelo... y grabada en mi recuerdo quedaste para siempre como la chica de los girasoles. La chica de la mirada herida a la que la belleza imprevista de una flor embrujada por el sol, regalaba cada tarde una esperanza y robaba una sonrisa.






Este relato aparece publicado en el libro "Stop Violencia de Género" publicado por "Editorial Pasos". Diciembre 2.016.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Nuevos tiempos

Me acuerdo de mil y una  noches repletas de estrellas, del brillo de la luna llena,  de aquellos mágicos amaneceres cubiertos de rocío...
Me acuerdo del olor a jazmín, del tañido melodioso de las campanas meciendo dulcemente el despertar de la ciudad. Una ciudad ya para siempre convertida en nostalgia...
Me acuerdo de las risas; de los sueños; de la alegría y la esperanza.
Me acuerdo de la inocencia y la ternura.
Me acuerdo de ti.
 Y olvido. Sí, también algunas veces olvido...
 Olvido con infinito esfuerzo que un día el tiempo se volvió contra mí.
Olvido la oscuridad y el cansancio; el frío y la tristeza.
Olvido la devastación; el miedo; los llantos; la rabia y el dolor.
Olvido el silencio eterno de las fotografías; este desamparo; la expresión rota de tu rostro cuando lo impensable sucedió...
Olvido que mi corazón junto al tuyo se detuvo y que hay heridas que no cicatrizan jamás.
  Y entonces, al fin, sólo en ese instante dulce y cálido donde la desmemoria triunfa, un recuerdo antiguo espejea en mi mirada y un destello de felicidad salpica mi alma...
  Recuerdos de la vida que fue. Recuerdos de una vida ligera y suave. De mi vida antes de la huída y el horror. Recuerdos de Alepo.


Microrrelato para los Viernes Creativos de elbicnaranja.wordpress.com.