martes, 24 de mayo de 2022

El paje del Camino

 

Caía la noche y comenzaba a nevar cuando el peregrino divisó Compostela. Detenido frente a ella ─mentón sobre el cayado, melancolía en la mirada─ contempló un instante la ciudad. Los copos pintaban de blanco el paisaje, el viento azotaba los helechos y, a lo lejos, un familiar repique de campanas consolaba su espíritu. La silueta de la catedral, sobrecogedora en su inmensidad y su belleza, le daba la bienvenida.

Había llegado a las puertas de Santiago tantas veces...

Jamás, sin embargo, traspasaba su umbral.

Desde la distancia musitaba con fervor una oración, trazaba una señal de la cruz sobre su frente y empezaba enseguida a desandar lo recorrido.

Algo le impedía culminar el Camino.

«Ya llegará el momento ─se decía─, ya habrá ocasión de recorrer despacio las callejuelas de la villa, de visitar la catedral y agradecer frente al sepulcro».

No todavía.

Cada mañana las piernas pedían al cuerpo salir. Sus miembros se desentumecían con el movimiento y, mientras devoraba etapas y estaciones, su mente evocaba recuerdos, iluminaba zonas de sombra, tendía puentes hacia el perdón o el conocimiento de su propia persona.

Deseaba por eso que aquella experiencia no terminara nunca, hacer y deshacer el trayecto sin más programa que el que le dictara el corazón.

Aprender cuanto quedara al alcance de sus pasos, compartir con otros peregrinos sus vivencias, era lo que daba sentido a sus días.

La ruta silenciaba sus demonios y sanaba sus heridas. Le angustiaba terminarla y ese sentimiento le impedía entrar en la ciudad. Con en el alma encogida y la impotencia deshecha en lágrimas, al alcanzar la cumbre del Monte do Gozo dudaba siempre un instante, maldecía luego su flaqueza y, dando en silencio la vuelta, regresaba al punto de partida para volver a comenzar.

«Algún día ─repetía─, algún día...»

Pero el tiempo iba pasando y el momento se escapaba.

Lo atormentaban los reproches y le fallaba la intención.

Hasta que, de pronto, una madrugada, en la soledad de su desvelo, el peregrino comprendió lo que ocurría.

Llegar a Santiago, ofrecer al Apóstol su esfuerzo, no era el motivo de su peregrinar. No lo había sido nunca.

Se levantó de un salto, clavó la mirada en el cielo y sonrió.

¡Cómo no había caído en la cuenta!

Asistir a otros caminantes, alentarles con la palabra justa, contagiar de su entusiasmo a quienes viera desfallecer, a los enfermos y necesitados...

Sí, ese era su destino.

 Y con júbilo lo aceptaba.

Con la serena gratitud de un humilde paje del Camino.

Relato para Zenda #HistoriasdelCamino

viernes, 20 de mayo de 2022

Belinda. Maria Edgeworth ─ Reseña

 

Hasta cierto punto respetar la opinión del mundo es prudencia; a partir de ahí es debilidad.

Muy popular en su época, de Maria Edgeworth (1768-1849) se dice que fue una de las autoras favoritas de Jane Austen y una de las mayores impulsoras de la educación infantil y femenina en un tiempo donde las cuestiones pedagógicas carecían de importancia.

Tras la publicación de varias novelas para niños, impregnadas todas por una lección moral y claramente educativa, Edgeworth comenzó a escribir para un público más adulto y el éxito fue inmediato. Así ocurrió con "Belinda", una historia muy polémica en su momento (hasta el punto de que en ediciones posteriores a la inicial de 1801 se modificaron algunos giros argumentales como el relativo al matrimonio interracial de una de las sirvientas o la enfermedad de Lady Delacour) que denunciaba, con una trama ágil e ingeniosa, arraigadas hipocresías sociales y todo un mundo de prejuicios y falsas apariencias.

Belinda Portman, una joven al borde de la mayoría de edad, marcha de Bath a Londres a casa de Lady Delacour, una amiga de la tía con quien hasta ahora ha vivido ─la señora Stanhope─ obsesionada por introducirla en sociedad y conseguirle un buen marido. La fama de casamentera de la tía y la frivolidad de Lady Delacour, harán que rápidamente se tache a la muchacha de "cazafortunas", motivo por el cual ella rechazará de inmediato todo tipo de atenciones y rehuirá cualquier situación que pueda encaminarla hacia un matrimonio interesado.

Desde ese punto de partida la autora arma un relato repleto de ironía, de equívocos y reflexiones en torno al valor de la amistad, la lealtad, el papel social de la mujer, el matrimonio, los celos o la responsabilidad de las clases pudientes respecto a las menos acomodadas.

Con una prosa elegante y sencilla, Edgeworth atrapa al lector en una historia entretenidísima, repleta de tramas y subtramas y una galería de secundarios de la que se sirve para reflejar el vacío de una sociedad presa siempre de las apariencias.

Clásico recuperado por Libros de Seda que reivindica a una escritora poco conocida en España, inteligente y fundamental para la literatura inglesa del S.XIX.

viernes, 13 de mayo de 2022

El junco rebelde. Nina Berbérova ─ Reseña

 

Una voz nos anuncia que no está todo perdido

Novelista, poeta, traductora, Nina Berbérova (1901-1993) marchó de San Petersburgo ─primero a Berlín, luego Praga, París y finalmente Estados Unidos─ huyendo de la represión intelectual provocada por la Revolución Rusa. Profesora de literatura en Yale y Princeton durante los años cincuenta, la Rusia anterior a la Revolución y el atisbo de esperanza con que inicialmente ilusionó al país fue una constante en sus escritos. También la amargura del exilio, el desgarro y  las penurias que provoca en quien lo sufre, la sensación de pérdida o desconcierto.

Publicada por primera vez en 1958, "El junco rebelde" es una novela breve, casi un relato, que a partir de la separación de dos enamorados tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el recorrido emocional que los acontecimientos trazan para los protagonistas, aborda cuestiones tan fundamentales como la inquebrantable libertad interior del ser humano, la fidelidad a ciertos ideales o la importancia de mantener siempre viva la capacidad para soñar.

Olga y Einar se despiden una noche en París bajo promesa de reencontrarse poco después. Él, ciudadano sueco, decide tras la invasión de Polonia regresar a Estocolmo, mientras ella, exiliada rusa a cargo de  un anciano tío, se ve obligada a permanecer en la ciudad.

 La dureza y el enquistamiento de la guerra impedirá durante años el reencuentro de los amantes y pondrá a prueba un amor que quizá ambos no sientan del mismo modo.

Narrada en primera persona, es la propia Olga quien relata su historia. Con pequeños apuntes asoma al lector al horror de la guerra, al mundo que surge de ella, al caos pero también al optimismo de un tiempo nuevo y más allá del romanticismo inherente a la trama, hay en sus palabras un alegato sutil pero evidente a favor de la libertad y la denuncia de la opresión a que siempre conducen los totalitarismos.

 Con un tono muy emocional y la gran carga de profundidad psicológica con que dota a sus personajes, la autora arma un relato delicado, melancólico, poético y comprometido que se rebela contra la manipulación, la falta de ética personal y colectiva o la indignidad de ciertos comportamientos. Rebelión apuntada desde el título que marca en todo momento el ritmo de la historia y las decisiones de su protagonista.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Jaque al olvido

 

La Fundación Pasqual Maragall flamante ganadora del Nobel de Medicina 2032. Otorgado al conjunto de investigadores del centro a título colectivo, el premio reconoce la relevancia de sus hallazgos en la lucha contra la enfermedad de Alzhéimer. El desarrollo de un fármaco capaz de frenar el avance del mal en fases incipientes y revertir parcialmente sus efectos en estadíos avanzados, abre una puerta a la esperanza que anticipa el fin de la llamada pandemia del olvido. El envejecimiento de la población europea junto al notable incremento de la esperanza de vida en esta parte del mundo ha disparado exponencialmente en los últimos años las cifras de afectados por la enfermedad. De ahí la enorme importancia del éxito de los ensayos clínicos realizados, punto de partida ─en palabras del jurado─ de una cura de valor incalculable que la comunidad científica vislumbra ahora próxima y factible.  

Presidida por el rey de Suecia, la ceremonia de entrega tendrá lugar en Estocolmo el día diez de diciembre como es habitual, efeméride de la muerte de Alfred Nobel, impulsor de los premios que llevan su nombre.