miércoles, 26 de octubre de 2022

Reinas del abismo. VVAA ─ Reseña

 


Nada es imposible

Casas encantadas, videntes, fantasmas, vampiros... desfilan por esta colección de relatos  ─Reinas del Abismo─ con que Impedimenta recupera la obra de una serie de autoras muy populares en su momento aunque muy desconocidas ya en la actualidad. Durante los últimos años del S.XIX y primeros del XX triunfaba en Europa una corriente de literatura fantástica y de terror de la que todas fueron exponente y de la que lograron hacer su modo de vida. Convencidas de su valía, muy pocas ocultaron su nombre bajo pseudónimo masculino y muchos de sus relatos fueron publicados en alguna de las revistas dedicadas al género (las llamadas revistas pulp). Fueron, en ese sentido, mujeres adelantadas a su tiempo que consideraron la escritura un modo de hacer dinero, recurso adecuado para el sostenimiento familiar, en lugar de un mero entretenimiento de carácter privado, al estilo de las victorianas.

Precedidos de breves biografías de las autoras, esta antología recopila casi una veintena de cuentos de corte gótico y sobrenatural, oscuros, sutiles, insólitos... todos ellos de altísima calidad, hechizantes desde las primeras líneas.

Escritoras como Marie Corelli (súper ventas de la época por encima de Conan Doyle), Marie Belloc Lowndes (varias de cuyas novelas serían luego llevadas al cine, entre ellas la historia sobre Jack el Destripador adaptada por Hitchcock), Frances Hodgson Bournet (autora de El pequeño Lord), Edith Nesbit (reconocida influencia de JK Rowling), Leonora Carrington (maestra del surrealismo)..., que se adentran en el terreno del misterio y lo paranormal con gran variedad de estilos, siendo capaces de recrear atmósferas inquietantes y muy sugerentes.

Una recopilación magnífica, sorprendente y exquisita. Y una edición, la de Impedimenta, delicada y cuidadísima.

lunes, 17 de octubre de 2022

Peyton Place. Grace Metalious ─ Reseña

 

Toda la ciudad murmuraba

Publicada en 1956, Peyton Place se convirtió inmediatamente en un gran éxito de ventas. Durante más de un año permaneció en la lista de libros más vendidos del New York Times y dio a su autora, Grace Metalious (1924-1964), una popularidad muy controvertida, al abordar temas en exceso polémicos para la época.

Ambientada en una pequeña ciudad (ficticia) de Nueva  Inglaterra, es esta una historia coral, articulada en torno a tres personajes femeninos, Constance, Allison y Serena, donde el protagonista no obstante es el propio pueblo y el conjunto de sus habitantes: su cotidianidad, sus envidias y murmuraciones, sus rutinas y el tejido invisible que enlaza pasado y presente a lo largo del tiempo.

Constance, una mujer al borde de los cuarenta, madre soltera que  se hace  pasar por viuda para evitar habladurías, vive obsesionada por la idea de encubrir a toda costa su secreto y presentarse ante sus vecinos como una mujer "respetable". Allison, su hija, ajena por completo a las circunstancias de su nacimiento, sueña ser escritora mientras idealiza la figura de un padre al que nunca conoció y al que añora con desesperación. Serena, finalmente, es una niña pobre, con una madre enferma y un padrastro alcohólico y maltratador, amiga de Allison pero perteneciente a un mundo demasiado alejado y muy distinto del suyo.

Desde ese punto de partida, la autora irá desgranando poco a poco los secretos de un pueblo donde nada es lo que parece para mostrar la superficialidad e hipocresía de una sociedad mezquina y cruel, siempre del lado del poderoso, siempre cobarde y enredada en corruptelas. No se centra en los éxitos sino en los fracasos de sus personajes aunque deja también espacio en sus vidas para la ética y la justicia, la esperanza o la bondad, en un recorrido que abarca desde el final de la década de los treinta hasta la Segunda Guerra Mundial, apuntando ya también alguna de las secuelas del conflicto.

Metalious se atreve así a hablar abiertamente de racismo, aborto, abusos sexuales o de poder, en unos años donde tales temas no se consideraban apropiados, mucho menos para una mujer. Fue por eso muy criticada en su momento, la novela se consideró escandalosa (desde la moral de la época), provocadora incluso hasta el punto de llegar a ser censurada. Todo ello generó un enorme éxito editorial que puso a la sociedad americana frente a un espejo que no ocultaba sus miserias, que revelaba su lado menos amable y trataba de hacer reflexionar sobre cuestiones hasta entonces poco debatidas.

Una historia que atrapa desde el comienzo, directa y muy visual pero también poética y con pinceladas de melodrama, entretenida y muy fácil de leer.

 Llevada al cine por Mark Robson y protagonizada por Lana Turner, la película obtendría por su parte nueve nominaciones a los óscar de 1957, incluyendo las de mejor actriz, director y película y sería uno de los grandes éxitos del año. Metalious sin embargo nunca estuvo conforme con ella y siempre mostraría su rechazo hacia un guión dulcificado en exceso respecto la historia original al atenuar u omitir alguna de las situaciones más comprometidas.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Deja que te cuente

 

Ser hombre es ser responsable. Es sentirse avergonzado frente a una miseria que no parecía depender de uno.

Antoine de Saint Exúpery

Crees conocer mi historia. Me juzgas. Sé que me desprecias pero... piensa un poco: ¿qué sabes de mí? Mi oficio es viejo como el mundo, recalca el tópico una y mil veces repetido, e inmenso y viejo como el mundo es también mi desamparo.

No soy nada. Un polizón herido en el naufragio de otra vida. Y nada importa si llegué del Este, si soy autóctona o latina, qué miserias me trajeron hasta aquí o qué torpezas del destino me condenaron al infierno sin quererlo. Pero tu indiferencia y la mirada ausente que, apenas un instante, resbalas por mi cuerpo... Esos ojos que desaíran el contacto con los míos borran de un soplo la moribunda dignidad de mi existencia.

¿Qué ven tus ojos al mirarme? Una criatura patética de labios rojos, tacón de aguja y ropas apretadas. Un ser a la deriva. Mi suerte te repugna, te escandaliza mi presencia y apartas por eso de mi rostro la mirada. Pero, dime: ¿qué sabes tú de la desesperación o de la angustia, de mi tristeza o mi infinita soledad, del vacío que me hiela entre su nada cada noche, sin piedad? No te paras a pensar, cuando cruzas tus pasos con los míos, si la mujer que ves acodada con descaro a una farola, siempre en la misma esquina, tendrá quizá sentimientos, problemas o ilusiones parecidas a las tuyas. No, no lo piensas porque para ti no soy una persona. Soy otra cosa: una puta. Indefensa, sumisa, temerosa.

 Y es cierto, no lo niego. Reconozco sin hipocresía que es eso lo que soy. Un pedazo de carne que camina y no está vivo, materia prima comprada y revendida, una muñeca usada aferrada a su rabia y su silencio.

Me juré, como todas en algún momento nos juramos, que esto sería algo temporal. No fue así. Me pudo el miedo y la necesidad y, poco a poco, me enredé en una amarga telaraña de promesas incumplidas. ¡Cuánta ingenuidad! Acabé cazada como un animal, devorada en un ritual de tortura lento y sin posibilidad de escapatoria.

Escucho algunas veces pontificar a cierta gente (bienintencionada, no lo dudo) que este es un trabajo como otro cualquiera, que se elige por propia voluntad, que hay que romper el estigma y hacerlo respetable. ¡Ja! Perdóname la risa. ¿Hay alguien capaz de imaginar que una mujer se levante una mañana decidida a hacerse puta?, ¿que se pinte la cara de payaso y se lance a las calles para aguantar al primer tipo que pretenda adueñarse de ella por un rato?, ¿es como otro cualquiera un trabajo donde el propio cuerpo es la herramienta, algo que humilla y esclaviza?, ¿justifica el supuesto consentimiento de la víctima la absoluta ausencia de ética a que el verdugo la abisma?

Mujeres tratadas como ganado, chicas de alquiler explotadas en antros de mala muerte o clubes exóticos por hombres sin escrúpulos, niñas sometidas a complicidades indecentes... Sí: un trabajo como otro cualquiera el nuestro, en realidad.

Tardé mucho en asumir mi condición. Los primeros meses fueron atroces pero no podía rebelarme contra nadie. Me dejaba entonces hacer sin resistencia, esperando que todo terminara cuanto antes. Apretaba los puños con fuerza intentando pensar en otra cosa, sin lograrlo. Los minutos se multiplicaban, se volvían eternos y el tiempo parecía detenerse. El dolor y el asco enseguida invadían mi cuerpo y justo cuando sentía que ya no podía más, todo terminaba. Alguien dejaba con descuido un billete entre las sábanas y yo me quedaba a solas con mi pena y mi vergüenza.

Me moría de ganas de llorar, vomitaba tras cada servicio, mis manos temblaban sin control y la culpa dejaba un rastro de impotencia en mi garganta.

Luego, el paso del tiempo anestesió mis sentidos. Somníferos y alcohol corrieron en mi ayuda, sepultaron en los sótanos del olvido antiguas fantasías y me acostumbraron con pasmosa resignación a vivir entre la infamia. Aprendí así a soportar lo insoportable. Sola, sin amigos, sin familia, sujeta a toda hora a vigilancia, aislada, manipulable... descubrí la tenue línea que separa el bien del mal, vi de cerca la muerte y la violencia y mi naturaleza se hizo oscura.

Y ahora que hace tanto que no sueño ─¡pobre idiota!─ que un cliente enamorado me rescata, ahora que la ternura zozobró, que venció el sarcasmo y para mí no hay ya futuro ni esperanza, ahora, justo ahora, tu desdén solo acierta a ver una mercancía al tropezar con mi derrota: un producto, una fecha de caducidad, una tara. Y me siento tan cansada... Tan harta de tópicos baratos, de burdas excusas para calmar conciencias, de justificaciones ridículas.

Mi lista de pesares es bien larga. También la de mis equivocaciones. Y, por mucho que trate de evitarlo, aún me alcanzan algunas madrugadas astillas de otra vida: canciones de cuna, llantos de bebé, un «te quiero, mami» en un beso adormilado. Pedazos de algo que no pudo ser. Algo que araña el corazón y ahogo sin piedad en una botella de vodka o un vaso de tequila.

Sucede que el daño físico es pasajero pero no el dolor del alma. Ese se queda para siempre. Se enquista y te roe por dentro como una alimaña. Anula tu voluntad y te taladra, dejando una cicatriz que nunca cura.

Me indigna por eso tu ceguera y me duele tu arrogancia.

 No quiero ya tu compasión. No, no la necesito. No es lo que busco con esto que te cuento.

Y sin embargo...

¡Cuánto aliviaría mi alma rota un relámpago de dulzura en tu mirada! 

Este relato fue seleccionado entre los finalistas del "VI Certamen de Relatos Beatriu Civera" convocado por la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Valencia y aparece  publicado en la Antología del Certamen. Fallo del Jurado 1 de julio de 2022.