viernes, 15 de enero de 2021

Arte en miniatura

 


Un destello de luz en los cristales la despertó de golpe. Se protegió los ojos con la mano, ahogó un bostezo perezoso en la garganta y saltó de la cama. Aún era muy temprano pero a ella le gustaba madrugar. Aspirar el aire limpio del amanecer, sorprender los colores del alba entre las nubes, ver tintarse poco a poco el cielo de escarlata... No había mejor modo de empezar el día.

 Se detuvo un instante frente a la ventana, borró de su expresión el rastro insomne de la noche y salió de la habitación sin hacer ruido. La celebración de la víspera había sido larga y Bartolomé aún dormía. Lo dejaría descansar un poco más, decidió, mientras, con un tazón de chocolate caliente y un buen pedazo de pastel entre las manos, marchaba a encerrarse en el estudio.

Pese a las pocas horas de sueño, Esther se sentía esa mañana despejada y feliz. Quizá aquel no fuera del todo su mundo, añoraba Edimburgo y la vida en Essex le resultaba extraña pero el ascenso profesional de su esposo bien valía el sacrificio y, en cualquier caso, el cambio suponía un reto que no tardaría en dominar.

Bartolomé acababa de ser nombrado rector de Willingale, mantenía su posición de secretario en la corte del rey Jacobo −rey de Escocia y desde 1603 también de Inglaterra− y la fiesta en su honor había resultado un éxito. Nadie faltó a la cita y ella deslumbró en su papel de perfecta anfitriona, pendiente en todo momento de cada invitado, cruzando una palabra, regalando un gesto, una sonrisa...

 Y sí, se sentía feliz por él, mucho, pero ¡ay! ¡cómo odiaba en aquellas ocasiones su cometido de esposa abnegada! No pretendía ser injusta. Era consciente de su situación de privilegio y se sabía afortunada. Desde niña, su padre −nunca le agradecería lo bastante aquel regalo− la había educado como a un chico. La había formado en ciencias y humanidades, fomentado su vocación artística e impulsado sin trabas sus ansias de saber.

Tampoco a su marido podía reprocharle nada. Eran un equipo en todos los aspectos de la vida, siempre la trató como a una igual y, a la menor oportunidad, gritaba el hombre a los cuatro vientos su valía: «Bartolomé Kello, marido de la embellecedora del libro», había llegado a presentarse con orgullo en más de una ocasión.

Y sin embargo...

Sus miniaturas y dibujos florales la habían hecho ganar cierta fama en la corte. Sus manuscritos eran cada vez más requeridos por los nobles y su habilidad como calígrafa distinguía multitud de documentos oficiales, siempre, eso sí, bajo estricta supervisión del esposo. El genio de sus pinceles nunca podría borrar su condición de mujer y ella debía acatar con humildad el rol que la sociedad le otorgaba. Pero la sumisión nunca fue su punto fuerte y a menudo quebrantaba aquella regla. Un pequeño texto: «escrito e iluminado por mí, Esther Inglish», salpicaba a modo de firma algunas páginas y sellaba entre líneas su autoría.

Desechó con un suspiro tan inoportunos pensamientos y trató de concentrarse en el lienzo en que llevaba días trabajando. Hacía tiempo que dibujar mariposas, flores o pájaros, sin duda los motivos más celebrados de sus ilustraciones, la aburría por su falta de aliciente y había comenzado, en secreto, a pintar su retrato. Se pintaría escribiendo, reivindicando su talento. Y no, no era soberbia como quizá alguien pudiera pensar. Era protesta contra un tiempo, aquel remilgado tiempo suyo, que negaba a las mujeres el acceso a las artes y la sabiduría, que destruía, una vez tras otra, cualquier atisbo de igualdad y las condenaba sin razón al inmisericorde limbo del olvido.

Pero esa mujer que, pincelada a pincelada, brotaba del cuadro era diferente. Un aura de intimidad la envolvía y el brillo esperanzado de sus ojos hablaba de  independencia y sentimientos de autoestima. Parecía guardar un secreto, haber conquistado un espacio al que solo ella tuviera acceso, hallarse libre de compromisos y obligaciones, conocer del todo su propia identidad. Su mirada, su gesto, su postura... la mostraban confiada, revelaban la fuerza de su inteligencia y delataban el más absoluto desprecio hacia cualquier tipo de convencionalismo o cotidiana banalidad.

Esa mujer en busca de autenticidad, dueña por completo de sí misma, era ella. Una mujer que pintaba, escribía y soñaba otro mundo porque de ningún modo podía dejar de hacerlo, porque la integridad abrasaba su alma y convertía aquel camino en una necesidad insoslayable. Una mujer que se rebelaba contra lo impuesto, que luchaba contra el destino y perseguía, a través del arte, la respuesta a cuestiones esenciales de la vida. Si la hallaba o no, carecía de importancia. Tan solo la búsqueda importaba.





Imagen: Autorretrato.  Esther Inglish.

Relato publicado en la Antología "Mujeres Pintoras". Visibiliz-ARTE. Diciembre 2020. 

jueves, 14 de enero de 2021

Reto "Todos los clásicos grandes y pequeños 2021" - Inquilinas Netherfield

 


Desde el blog "Las Inquilinas de Netherfield" llega una nueva edición del reto "Todos los clásicos grandes y pequeños", integrado por varios niveles y sugerencias de lectura. El plazo para inscribirse finaliza el 28 de febrero y este es el enlace a las bases.

Cada nivel consiste en leer y reseñar cinco obras clásicas (considerando como tales las publicadas con anterioridad al año 1980) con la siguientes condiciones:

Nivel 1:

-Clásico cuyo título tenga cuatro o más palabras:

-Clásico a elegir entre los cien imprescindibles de Penguin:

-Clásico de misterio/suspense/policiaco:

-Clásico cuyo autor falleciese antes de los cincuenta años:

-Clásico en cuyo título aparezca el nombre de un personaje:

Nivel 2:

-Clásico ambientado en el periodo de entreguerras:

-Clásico cuyo título solo tenga una palabra:

-Clásico de terror o gótico:

-Clásico con de doscientas páginas o menos:

-Clásico ambientado en Londres o París:

Nivel 3:

-Clásico de aventuras:

-Clásico cuya protagonista principal sea una mujer:

-Clásico de cuatrocientas páginas o más:

-Clásico con adaptación cinematográfica/serie:

-Clásico escrito originalmente en idioma distinto a español, inglés o francés:

Nivel 4:

-Clásico cuyo autor viviese en dos siglos diferentes:

-Clásico publicado con pseudónimo:

-Clásico epistolar:

-Clásico de ciencia ficción, fantasía o distopía:

-Clásico de un autor leído por primera vez:

Nivel 5:

-Clásico con nombre propio y específico de un lugar en el título:

-Clásico ambientado fuera de Europa:

-Clásico protagonizado por una familia:

-Clásico infantil o juvenil:

-Clásico prohibido en algún momento de la Historia:


sábado, 9 de enero de 2021

Condescendencia

 


Querido diario, hoy hemos aprendido una palabra nueva en clase de lengua. «Condescendencia». Qué rara, ¿verdad? Dice la seño que, a veces, una misma palabra sirve para expresar dos cosas distintas y ha elegido esta como ejemplo. Condescendencia, nos ha explicado, es el término que define la voluntad de una persona para comprender y adaptarse a los sentimientos de otra pero también puede significar una actitud de superioridad hacia esa otra persona, una especie de amabilidad forzada o de humillación sutil (sutil es otra palabra que aprendimos hace poco y me gusta tanto como suena que ya está en mi lista de favoritas). Ella dice que, a lo mejor, es algo complicado de entender porque depende de cómo se interpreten las cosas pero a mí no me ha costado nada, la verdad. Me he callado para no parecer presumida pero lo he pillado a la primera. Condescendencia es esa sensación pegajosa que flota en el aire cuando alguien endulza la voz al hablarme o me pone gesto de pena (no lo veo pero lo adivino enseguida; tengo mucha práctica con eso). Es también la sorpresa y la risita nerviosa que sueltan algunos mayores cuando les digo que voy a ser astronauta. «¡Una niña ciega astronauta!», seguro que piensan. ¡Qué tontos! No saben lo lista que soy y cómo me gustan las matemáticas. Papá insiste siempre en que no me acobarde, que podré lograr cuánto quiera. Y aún no sé cómo pero sé que seré astronauta. La mejor de la galaxia.



viernes, 8 de enero de 2021

V Reto Nos Gustan los Clásicos - Un lector indiscreto

 


De nuevo me sumo este año al reto de lectura propuesto por el blog "Un lector indiscreto". Se trata de leer durante el año un mínimo de siete obras clásicas (considerando como tales las publicadas con anterioridad al año 1980) y reseñarlas en el propio blog, debiéndose publicar asimismo una entrada como esta para dar publicidad al reto. El plazo para inscribirse finaliza el 28 de febrero.

Este es el enlace a las bases

Y estas mis reseñas:


Reto "Serendipia recomienda 2021"

 

De nuevo participo este año en el reto de lectura propuesto por Mónica Gutiérrez Artero (Serendipia). Cada participante debe recomendar tres libros no muy conocidos y previamente reseñados en su blog añadiendo una entrada como esta y enlazando las reseñas correspondientes. En una segunda fase habrá que elegir tres de los libros recomendados por el resto de participantes, leerlos y reseñarlos en el propio blog.

Estas son las bases: Serendipia

Estas mis recomendaciones:

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes" de Tatiana Tîbuleac. Historia de un desencuentro y una reconciliación. Recuerdo del último verano del  protagonista compartido con la madre.

"El molino del Floss" de George Eliot. Una de las mejores novelas de la autora que nos adentra en la vida de una familia de la pequeña burguesía rural de la Inglaterra victoriana.

"Carta a D. Historia de un amor" de André Gorz. Preciosa declaración de amor que el autor hace a su esposa enferma, agradeciéndole el tiempo y los sentimientos compartidos.

Y estas mis reseñas para la segunda parte del reto:

"Historia de una tienda" de Amy Levy, propuesto por Las Inquilinas de Netherfield.

"Las huellas de la vida" de Tracy Chevalier, propuesto por Un libro en un tris.

"La familia Aubrey" de Rebecca West, propuesto por La Senyoreta Buncle. 

jueves, 24 de diciembre de 2020

Feliz Navidad

 


Faltaban dos días para Navidad y Berta aún no había escrito su carta. Ya era una niña grande y conocía el secreto de Papá Noel. Lo había descubierto por casualidad y todo había sido culpa de Guille. Un año atrás, la tarde que estaban decorando el árbol, su hermano se empeñó en jugar al escondite y, aunque a ella no le apetecía  nada, el crío se puso tan pesado que, antes de darse cuenta, habían abandonado los adornos sobre el suelo y se había encontrado metida dentro de un armario atiborrado de juguetes. Al principio no lo entendió. ¿Qué era aquello? ¿Qué hacían todos esos regalos escondidos tras los abrigos de mamá? ¿Quién los había llevado hasta allí? Salió de su escondrijo sin hacer ruido, sorprendida y algo asustada; cerró la puerta del armario con cuidado y, junto al montón de dudas que rugía en su cabeza, se metió  bajo la cama a esperar a que el niño la encontrara.

Berta no contó a nadie lo que había visto −era un secreto y ella era realmente buena guardando secretos− pero esa noche no logró dormir. Dio vueltas y más vueltas en la cama hasta que, de pronto, ya de madrugada, su mente exhausta encajó por fin las piezas del puzle. ¡Cómo habían podido engañarla de esa manera! Y sobre todo ¡cómo ella no se había dado cuenta! ¡Qué vergüenza! ¡Con lo lista que era...!

La mañana de Navidad confirmó sus sospechas, aunque tampoco entonces dijo nada. Sonrió, celebró con palmas los regalos y olvidó el asunto. Si sus padres querían mantener aquel embuste, sus motivos tendrían y no iba encima a ganarse una regañina por curiosear donde no debía.

Pero una cosa era ser prudente y otra muy distinta que la tomaran por tonta. Por eso este año ni había escrito la carta ni pensaba hacerlo. Tal vez así papá y mamá confesarían.

***

Mientras tanto, en el Polo Norte, el viejo Noel se preparaba para el viaje. Trineo, renos, saco... todo parecía estar en orden, no olvidaba nada. Y sin embargo, justo en el momento de partir, cuando ya  se despedía de Mamá Noel con un beso, una punzada de tristeza arañó su corazón. Dudó un instante, sintió como el hielo se resquebrajaba en pequeñas grietas a sus pies y fue entonces cuando comprendió lo que ocurría. Corrió de nuevo a su despacho −¡maldita sea!, ¡está sucediendo otra vez!, murmuró con impotencia−, regresó al cabo de unos minutos con un sobre y una llave y se dirigió al almacén. Poco después estaba de vuelta con una caja enorme entre los brazos y una sonrisilla traviesa asomándole a las barbas. Colocó la caja sobre el resto de paquetes, sujetó a su tapa el sobre con un lazo y −JO-JO-JO− marchó a cumplir su misión.

***

Un alegre repique de campanas despertó a Berta muy temprano. Era  Navidad y la ciudad festejaba el nacimiento de Jesús. Abrazada a la almohada, la niña no se atrevía a correr hacia el árbol como siempre hacía esa mañana. ¿Y si no había regalos para ella? No había escrito la carta y, a lo mejor...

⸺¡Berta, Berta...! −escuchó gritar a Guille de repente, al fondo del pasillo.

⸺...

⸺ ¡Mamá, papá...!

⸺...

⸺¡Corre, Berta, ven!

Saltó de la cama con un chispazo de temor atravesado en los ojos y fue en busca de su hermano. El chiquillo no podía contener la emoción y ya había deshecho un buen montón de paquetes cuando ella entreabrió con timidez la puerta del salón.

⸺¡Mira qué grande, Berta! ¡Y pone  tu nombre! ¡Es para ti! −aplaudió con entusiasmo al verla llegar− ¡Ábrelo, venga, ábrelo!

Bajo las luces del árbol, una caja de cartón rodeada por un inmenso lazo rojo se bamboleaba a uno y otro lado con un desconcertante temblor −¿qué era aquello?, ¿era su regalo?− Un quejido suave pareció escapar del interior. Buscó con la mirada el consentimiento de mamá, se acercó a la caja muy despacio y, al levantar la tapa...

«¡Ay!, ¡qué susto!», chilló dándose de bruces contra el suelo, arrastrada por una bolita lametona y  peluda que se abalanzó de golpe sobre ella.

Se puso de pie entre carcajadas, sin poder creer lo que veía. ¡¿Un perro?!, ¡¿Papá Noel le había traído un perro?! ¡¿En serio?! ¡¿Ese cachorrito era suyo?! ¡Imposible!

Con el pequeño cócker aún enredado al cuello, lamiéndole la oreja con descaro, rasgó el sobre que acompañaba a su regalo y empezó a leer:

Berta, querida niña, creces y comienzas a olvidarme. La ilusión es una magia poderosa. Poderosa pero frágil. Y tu corazón duda. Es inevitable. Pero, pequeña, no destruyas la ilusión, cuídala. Su fuerza rescatará tu alma de la decepción, aliviará el desconsuelo y hará florecer en ti nuevas esperanzas. No creas solo lo que tus ojos ven.

Cada vez que un niño pierde la fe y niega la magia, una esquirla de tristeza atraviesa el corazón del Polo. Lo agrieta y lo desgarra. Un efímero iceberg nace entonces de las aguas. Y, a la deriva, sin alivio ni consuelo, escarcha sobre el mar sus lágrimas de hielo.

Crees haber desenmascarado mi secreto. Tal vez sí. Tal vez no. Los milagros se esconden en lo inesperado y la capacidad de asombro es infinita. No renuncies al hechizo de este día, niña, el más bello, el más dulce y delicado, el más feliz entre todos los del año. Cede ante su embrujo y déjate apresar por su misterio.

Con amor,

Noel

P.D.: ¿Existe la emoción, la bondad, la alegría, la poesía, la ternura...? No las vemos pero están y, si alguna vez me necesitas, ellas te devolverán mi nombre.

Había comenzado a nevar. El cielo tejía entre los copos su mensaje: «¡Feliz Navidad!»


jueves, 17 de diciembre de 2020

Días de Navidad. Jeanette Winterson - Reseña

 

¿Por qué las cosas auténticas, las que de verdad importan, se confunden con tanta facilidad con las que apenas tienen importancia?

Doce cuentos alternados con recetas, reflexiones y anécdotas de la vida de la autora integran esta bellísima edición de Lumen dedicada a la Navidad. Una antología al más puro estilo de los clásicos navideños, donde Jeanette Winterson recopila los textos escritos durante años por estas fechas y muestra la ilusión y el entusiasmo que la fiesta despierta en ella.

Fantasía, terror, drama, comedia, humor, misterio... es lo que encontramos en un conjunto de relatos que entrelaza lo cotidiano con la magia en una combinación perfecta, repleta de creatividad y delicadeza. Cuentos de fantasmas, casas encantadas, niños huérfanos −claro homenaje a la narrativa del S.XIX− pero también historias de aire más moderno como crítica al consumismo y aislamiento de las sociedades actuales, siempre desde un planteamiento amable, con un mensaje final de esperanza y redención y un exquisito espíritu navideño.

Con los recuerdos y reflexiones que articula en torno a las recetas (la comida siempre tan importante en este tiempo), nos asoma la autora a momentos muy especiales de su vida, comparte fragmentos de su intimidad, de sus recuerdos, historias familiares, algunos desencuentros.... Todo ello con una prosa deslumbrante, ingeniosa y muy divertida, a medio camino entre la emoción y la ironía.

Un libro que es pura magia. Una auténtica delicia.

jueves, 10 de diciembre de 2020

Rebeca. Daphne Du Maurier - Reseña

 

Anoche soñé que había vuelto a Manderley

Pocos meses después de enviudar, Maxim de Winter, afamado aristócrata inglés de viaje por Europa, conoce en Montecarlo a la joven dama de compañía de una peculiar americana. Tras una breve relación y, pese a la gran diferencia de edad existente entre ellos, la pareja contrae matrimonio y se instala en Manderley, la mansión familiar de los De Winter. La sombra de Rebeca, primera esposa de Maxim muerta en extrañas circunstancias y obsesiva presencia todavía en cada rincón de la casa, no tardará sin embargo en caer sobre ellos, asfixiando por completo cualquier atisbo de felicidad.

Así comienza "Rebeca", la novela más exitosa de la británica Daphne Du Maurier (1907-1981), a cuyo reconocimiento contribuyó sin duda en gran medida la adaptación cinematográfica que en 1940, dos años después de su publicación, Alfred Hitchcock hiciera de la historia. Inolvidable ese «anoche soñé que había vuelto a Manderley» con que arranca la película y que es también la primera frase de una novela de gran potencia psicológica y referente del suspense.

 Narrada en primera persona, mediante los recuerdos años después de esta segunda esposa cuyo nombre en ningún momento llegará a ser desvelado, Du Maurier va tejiendo una historia con elementos de novela gótica y un misterio en torno a lo sucedido con Rebeca y el cariz de las relaciones con De Winter, que atrapa de inmediato al lector.

La crítica ha comparado en alguna ocasión esta novela con la Jane Eyre de Charlotte Brönte y es cierto que ambas comparten elementos comunes: tímidas y jóvenes protagonistas desbordadas por los acontecimientos, el peso de las dudas y el pasado, apartadas mansiones en parajes desolados, amores problemáticos... pero la singularidad de esta historia radica en el protagonismo de un personaje  que, sin llegar a aparecer en ella en ningún momento como tal, la marca por completo y llega a dominarla.

Con una prosa muy cuidada, incluso poética en algunas descripciones, Du Maurier recrea ambientes, reacciones y mundo interior de sus personajes con detalle, los hace evolucionar conforme avanza la historia y los enfrenta a dilemas y situaciones que crean un clima y dan a la novela un tono muy particular.

 Todo ello se traduce en un relato magníficamente construido, con una información muy bien dosificada y una atmósfera de tensión creciente que muestra a la perfección los estados de ánimo, el desconcierto y la angustia con que la voz narradora se enfrenta a cada nuevo descubrimiento.

Al margen del triángulo protagonista (De Winter y sus dos esposas), el icónico personaje del ama de llaves, la señora Danvers, sirve a la autora para armar en torno a él y su dañina obsesión con el recuerdo de Rebeca, un inquietante universo de oscuridad y de maldad.

Señalar finalmente, respecto a la adaptación de Hitchcock (óscar a la mejor película en 1941), la fidelidad que mantiene en todo momento hacia el relato original (muchos de los diálogos, en la primera parte sobre todo, son prácticamente literales), pese a prescindir de ese mundo interior de los personajes que tan bien refleja la novela: las dudas, los miedos, las vacilaciones, la soledad e incomunicación que, por diferentes motivos, los aleja y aísla a uno del otro..., acentuar los rasgos y  la perversidad de la señora Danvers y cerrar con un final, probablemente a causa de las exigencias del Hollywood de la época, algo menos oscuro.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Autorretrato




Alguien más listo o más valiente dejaría de beber. Tengo un problema con el alcohol, no lo niego, pero me aterra sufrir. Por eso bebo. Para  eludir la desesperación.

El Edelweis' Club es mi refugio. El escondite donde guardo el desconsuelo. Su indolencia canalla, la complicidad sigilosa del barman, ese aire entre lánguido y decadente con que ganó una fama discreta, me abisma poco a poco en el ensueño y me rescata del dolor.

Me siento siempre en el mismo lugar: al fondo a la izquierda, detrás de la barra. No hablo, no me muevo, no consulto el móvil. Escucho conversaciones, ahogo en whisky tu recuerdo, calmo poco a poco los rabiosos puñetazos de mi corazón y bebo.

 «¿Por qué soy tan desgraciado?», me pregunto noche tras noche con  autocompasión de criatura. Soy desgraciado porque soy cobarde y soy cobarde porque soy débil. Porque fue más fuerte el miedo que el deseo de felicidad y no logro ahora desandar el camino. ¡Qué tremenda equivocación!

Todo ha sido en vano. Esta vida nuestra del revés, estos horarios insensatos...

Una  historia de lo más banal, lo reconozco. Vulgar y manida como nunca mereciste. Te enredé a mi existencia con promesas que no cumplí. Con abrazos robados y un mezquino simulacro de amor, con mentiras e ilusiones dañadas que tiñeron tu cuerpo de bruma y hollín.

 No me  gustan los hombres que hacen desgraciadas a las mujeres. Detesto a la gente que engaña. Y sin embargo...  

Algo torcido me roe por dentro. Algo que es indecisión, que es fracaso e impostura.

Mil veces lo intenté y mil veces me detuve. Las palabras huían de mis labios, perpetuaban con su fuga mi agonía y me enquistaban el secreto. No supe sincerarme.

Su ingenuidad, su ternura, su calma...

Las niñas.

Mi silencio, mi frustración, mi sentimiento de culpa...

 Las niñas.

A ti te condené a la clandestinidad. A ella la obligué a vivir un espejismo.

«Quererte me envenena», murmuraste en nuestro último encuentro, sin lágrimas ni reproches. Y esa serenidad mató de un soplo mi esperanza y me enfrentó a la magnitud de la derrota. Supe entonces que había sido feliz, lo supe en el momento mismo en que dejé de serlo. Y un enjambre de abejas anidó en mis tripas. Mi universo se rompía.

A mi lado tú te ahogabas. Tus días eran una instantánea de momentos robados, una sucesión de horas perdidas, una guardia constante frente al teléfono esperando un mensaje, una llamada que te devolviera la vida. Y lo habías intentado, dijiste, habías intentado conformarte, adaptar tu mundo al pequeño papel que yo le asigné en el mío. Pero no. No podías. Tú no eras esa mujer pasiva que yo había inventado, querías aventura, ligereza, poder tomar la iniciativa, escapar de aquel esquema sórdido tan trillado y tantas veces repetido. Hablaste luego de falsas alegrías, de falsa intimidad, de decepción, de humillaciones y amarguras calladas. Y, al entrever aquel castillo de sueños rotos con tus ojos, una losa de tristeza me desplomó el alma.

Enmudecí. Nada pude alegar en mi defensa y lo clamoroso del silencio te alejó de mí.

Era cierto: te reduje al más feo estereotipo, sin saberlo. Transformo en dolor la belleza. Mi amor es cianuro. Y mata.

Daño a las personas que quiero. Labro con esmero su infelicidad a golpe de ausencias y egoísmos. Mi insignificancia las devora y tú vales mucho más que eso. Mis demonios no te merecían.

Si fuera más listo o más valiente gritaría tu nombre, correría a buscarte, te diría que regreso a casa cada noche ebrio de llanto y melancolía, que no concibo la vida sin ti, que la dulzura de mi esposa (hilo a hilo se descose nuestro disfraz de estabilidad y sé que tampoco ya ella me mira como antes) me acuchilla el corazón, que no te supe querer, que las risas de mis hijas apenas logran camuflar los remordimientos, que te sueño, que te espero, que te anhelo...

Pero soy idiota y soy cobarde.

Y bebo.


martes, 1 de diciembre de 2020

Momo. Michael Ende - Reseña

 

Porque el tiempo es vida. Y la  vida reside en el corazón

Momo, una pequeña huérfana que vive entre las ruinas de un anfiteatro a las afueras de la gran ciudad, es una niña con un don muy especial: sabe escuchar de un modo que alivia al instante el corazón de quien le cuenta sus problemas. Y así, rodeada siempre de amigos que recurren a ella en cualquier situación, entre juegos y sin preocupaciones, su vida transcurre tranquila y feliz.  Pero un día todo cambia. Unos extraños seres, los Hombres de Gris, llegan a la ciudad, el tiempo comienza entonces a desaparecer misteriosamente y Momo se queda sola sin comprender  porqué ya nadie la visita. Tratando de recuperar a sus amigos e impedir que los perversos hombres grises cumplan su objetivo, la niña se verá inmersa en una emocionante aventura que, de la mano del Maestro Hora y su fiel tortuga Casiopea, la llevará a conocer el lugar de donde procede el tiempo y el secreto que guarda su existencia.

Clásico de la literatura fantástica que disfraza de cuento infantil la crítica hacia el modo de vida en las sociedades modernas que contiene, "Momo" es una historia cargada de reflexiones y enseñanzas en torno a la bondad, la amistad, la generosidad, la importancia que tiene el saber disfrutar las pequeñas cosas de la vida y la ceguera que inevitablemente provoca la ambición y la obsesión por el dinero o el éxito profesional, camino seguro hacia el egoísmo y la infelicidad.

Un cuento precioso, dulce e imaginativo que, al igual que ocurre por ejemplo con "El Principito", solo entiende por completo un lector adulto; que plantea cuestiones plenamente vigentes todavía (pese a haber sido publicado por primera vez en 1973) y refleja una sociedad con unos valores y unas motivaciones, en muchos aspectos, tristemente idénticos a los actuales. Todo ello a través de una narración ágil, una aventura ingeniosa y muy amena y un personaje inolvidable que Ende ofrece como antídoto contra oscuras tentaciones y malos sentimientos.