sábado, 18 de enero de 2020

Los hijos - Reseña



Si no sigues viviendo no creces

La explosión de una central nuclear y la tremenda catástrofe ambiental que ello ocasiona, es el punto de partida de una obra, "Los hijos", centrada por completo en el tema de la crisis climática, la sobreexplotación de los recursos naturales del planeta y los problemas que por tal causa deberán afrontar las generaciones próximas.
Ambientada en un futuro indeterminado pero aparentemente cercano, la acción se desarrolla en una pequeña cabaña (también sin ubicar con exactitud) donde tras la explosión se han refugiado dos de los científicos responsables de la central, una pareja de sexagenarios que, en medio del desastre, intenta mantener una extraña apariencia de normalidad. Será el reencuentro con una antigua compañera de quien no habían tenido noticia en más de tres décadas, lo que les haga tomar conciencia de lo sucedido y los obligue a reflexionar sobre ello.
Galardonada en 2017 con el Premio Nacional de Teatro y abordando un tema de enorme actualidad, la obra pretende concienciar o ser al menos una llamada de atención sobre la propia responsabilidad personal en materia de cambio climático, más allá de la inacción y de los innegables errores atribuibles a gobiernos y poderes económicos.
El planteamiento de la historia, articulado en torno a esa reflexión sobre el legado que dejamos a los hijos (unos hijos que sin llegar en ningún momento a aparecer en escena son parte fundamental del relato) resulta muy interesante, deja en última instancia al espectador la conclusión sobre las motivaciones, comportamientos y alternativas de los protagonistas y refleja a la perfección los miedos, anhelos y decepciones de toda una generación.
Pese a ello, la trama resulta por momentos previsible en exceso ya que, tanto la relación existente entre los personajes como la responsabilidad de cada uno de ellos en lo ocurrido, se adivina fácilmente desde el comienzo de la función.
Destacar por último la interpretación de los actores, en especial de Adriana Ozores y Susi Sánchez sobre quienes recae en mayor medida el peso emocional de la obra y la sencillez de un montaje que huye de cualquier tipo de efectismo.

jueves, 16 de enero de 2020

Melancolía



Para él la vida era una prisión con las paredes muy altas, muy altas...
Émile Bernard

Una oscura leyenda corría por el pueblo en torno a él, de boca en boca su nombre andaba, sordo era el rechazo en cada gesto, esquivas las miradas, reticentes los saludos, apresurados los pasos al advertir su presencia. «¡Pobre loco!», murmuraban las gentes a su paso y sin nadie conocer la causa, sin motivo ni razón, todos le temían.
Solitario, siempre absorto en sus abismos, él vagabundeaba noche y día por los campos, perdida en el horizonte la mirada, devorada su alma de melancolía y de tristeza  y solo en sus pinceles algunas tardes, muy pocas, hallaba su espíritu la calma.
La pobreza lo cercaba, lo amenazaba la locura, el presente lo asustaba. Sufría.
Yo sé bien cuánto sufría. Fue mi amigo y yo su confidente, su aliado. A mí −¡afamado doctor Gachet!− se aferró cual náufrago a su tabla: esperanzado como nunca antes lo había estado.
Y sin embargo.
No pude. No pude, pese a la furia con que lo intenté y de veras lo hice, ayudarle. No fui capaz. No supe. No advertí a tiempo el presagio de tempestad latente en aquellos últimos días de calma.
Que el cielo y las musas del arte y la belleza que, unas veces dulces, otras amargas, rigieron siempre su vida y su destino juzguen mi derrota, mi impotencia y mi fracaso. Solo mía fue la culpa.
Lunas amarillas, estrellas errantes, nebulosas y cometas que en la inmensidad del firmamento caracolean y se abrazan, remolinos de sombra y luz, torturan implacables desde entonces mis desvelos, mis sueños y mis noches.
Desde la pared del fondo de la sala, frente a la puerta entreabierta de mi cuarto, el rostro de un hombre −gorra blanca, pelo rubio, premonitoria nostalgia en la mirada− vigila atento mis insomnios y en la ceniza del amanecer, de mis errores pasados y presentes, quizá también futuros, inclemente, se burla. Un rostro que, más allá de mis facciones y la huella entre sus bordes del tiempo y el cansancio, guarda el genio de un artista irrepetible y generoso y a la herida de su ausencia −cruel reflejo de otro tiempo− hoy me enfrenta.
Maldita sea aquella tarde. Maldito sea aquel verano. Maldito mi descuido, mi soberbia, mi esperanza, mi torpeza... Sí, malditos, malditos siempre sean.
Un corazón frágil y herido dejó a destiempo por su causa de latir. Perdió el otoño sus colores, a su pintor la poesía y entre ardientes campos de trigo, demacrados campesinos, cálidos y dorados girasoles, bajo un eco remoto de extraños sueños y utopías, deambula desde entonces sin descanso un espíritu triste, siempre sombrío, al que un destello inesperado de improviso embrujó. El espíritu de un hombre torturado con pasión por un anhelo de belleza que, sin saberlo, un breve instante, muy breve, rozó. De un luchador valiente, capaz un día (afortunado sortilegio) de transformar en luz su violencia, su angustia y su delirio, de atrapar entre trazos y colores la tristeza y  desnudar de artificios −casi os diría por ensalmo− la ternura, la delicadeza y la verdad.
Furia, belleza, abismo, incertidumbre, melancolía... Impresiones errantes, hipnóticas, doloridas, fugaces... Desgarradas, malheridas y sublimes, pinceladas de eternidad. 






Relato publicado en el nº 47 (enero 2020) de la revista "El Narratorio"


miércoles, 15 de enero de 2020

Reto "Serendipia recomienda 2020"



De nuevo participo este año en el reto de lectura propuesto por Mónica Gutiérrez Artero (Serendipia). Cada participante debe recomendar tres libros no muy conocidos y previamente reseñados en su blog añadiendo una entrada como esta y enlazando las reseñas correspondientes. En una segunda fase habrá que elegir tres de los libros recomendados por el resto de participantes, leerlos y reseñarlos en el propio blog.
Estas son las bases: Serendipia
Estas mis recomendaciones:
"Virginia Woolf. Vida de una escritora" de Lyndal Gordon. Biografía que, sin seguir una cronología estricta y  a base de recuerdos, anécdotas y situaciones familiares, se adentra en el alma de una escritora muy adelantada a su tiempo, con una fortísima vida interior y un inmenso interés por cuanto la rodea.
"Los niños" de Edith Warton. Historia cargada de buenos sentimiento en torno a la relación que, en el barco donde viaja hacia Europa, un ingeniero americano entabla con un curioso grupo de niños. 
"Lluvia fina" de Luis Landero. Novela coral en torno al poder de las palabras, de los silencios y las trampas de la memoria. Historia de secretos y rencores familiares, de  agravios y heridas sin cerrar.

Reto Cabalgando entre clásicos 2020 - Clara Rivas



Desde el blog "Cabalgando entre libros" propone Clara Rivas un bonito reto de lectura consistente en leer durante el año un mínimo de seis obras clásicas (considerando como tales las publicadas con anterioridad al año 1970) y reseñarlas en el propio blog, debiéndose publicar asimismo una entrada como esta para dar publicidad al reto y recomendar alguna de las ya leídas. El plazo para inscribirse finaliza el 31 de enero.

Este es el enlace a las bases

Estas mis recomendaciones:


Y estas las nuevas reseñas para el reto:

-"Rebelión en la granja" de George Orwell
-"El final del affaire" de Graham Greene
-"Lo que el viento se llevó" de Margaret Mitchell
-"Crónicas marcianas" de Ray Bradbury
-"Otra vuelta de tuerca" de Henry James

sábado, 4 de enero de 2020

Extraños en un tren. Patricia Highsmith - Reseña



La ley de la sociedad era benévola comparada con la de la conciencia

Primera novela de Patricia Highsmith con la que llegó a estar nominada en 1951 al premio Edgar de misterio, quizá la historia de "Extraños en un tren" sea más conocida por la adaptación que de ella hizo al cine Alfred Hitchcock que por la propia novela. Esta adaptación, magnífica y muy exitosa en su momento, conserva sin embargo muy poco del espíritu y la filosofía que impregna el relato original y no basta solo con ella para comprender la complejidad de la narración de Highsmith.  
Pese a su innegable corte de género policíaco, "Extraños en un tren" es una novela con voz propia, muy innovadora, que sobre la teoría de que cualquiera puede convertirse en asesino, que tan solo basta para ello hallar el motivo adecuado o rebasar ciertos límites, gira en realidad en torno a la maldad, la mentira, la ambigüedad moral y sobre todo la culpa.
En un viaje en tren Guy Haines, joven y exitoso arquitecto con dificultades para divorciarse de su esposa, conoce a Charles Bruno, un extraño personaje que le ofrecerá como solución a su problema la idea de un crimen perfecto con la que lleva tiempo obsesionado: un asesinato por delegación. Un pacto en  virtud del cual Bruno habrá de matar a la esposa de Haines y este a su vez al padre de Bruno de quien pretende deshacerse por cuestiones económicas. Sin móvil ni vínculo alguno entre asesinos y asesinados, la coartada de ambos resultaría impecable.
Sobre este punto de partida construye la autora una novela negra diferente donde el protagonismo no recae en el detective o la marcha de la investigación como suele ser lo habitual sino en los potenciales asesinos, en sus motivaciones, en la meticulosa elaboración del plan y el significado que para ellos pudiera tener el delito, dando así vida a unos personajes de una gran complejidad psicológica que nunca cuestionan la legalidad o moralidad de sus actos y parecen solo movidos por la posibilidad o no de alcanzar sus objetivos. Unos personajes tremendamente egoístas a los que Higsmith, sin embargo, en ningún momento juzga y con los que quizá trate de mostrar, como en algún momento expone uno de ellos, la dualidad que habita en todo ser humano: siempre capaz de lo mejor y lo peor, siempre dividido entre el bien y el mal como dos caras de una misma moneda.
Es ese egoísmo y amoralidad evidente de sus protagonistas, la incapacidad que el lector siente para empatizar con ellos, lo que carga de pesimismo la narración y le da un tono turbio e inquietante, acorde con la idea final de que el mal acecha en cualquier rincón y la sociedad se muestra indiferente ante todo lo que no le concierne o afecta directamente.
La resolución del conflicto y el desarrollo de la trama argumental de la película de Hitchcock resulta por su parte mucho más amable, más ética y menos desengañada que la de la novela. Es por ello que, aunque la tome como punto de partida, los cambios en la conducta de los personajes, en sus decisiones y en la conclusión de la historia son tan profundos que de ningún modo puede ser considerada una adaptación fiel sino solo una versión articulada en torno al mismo planteamiento. Algo sin duda intencionado pues el propio director, en una de las conversaciones con François Truffaut recopiladas luego en "El cine según Hitchcock" (Alianza Editorial), afirmaba: «A menudo se habla de los cineastas que en Hollywood deforman la obra original. Mi intención es no hacerlo nunca. Yo leo una historia solo una vez. Cuando la idea de base me sirve, la adapto, olvido por completo el libro y fabrico cine». Ideas que habrían de inspirar, en este  como en otros casos, auténticas obras maestras del suspense.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Tempus fugit



Un viejo peregrino cansado de recorrer el mundo llegó una noche a la ciudad. Venía de muy lejos, traía el cuerpo fatigado y una tristeza inconsolable lo inundaba como una ola de hiel. Sus ojos gastados reflejaban la huella del tiempo, le flaqueaban las fuerzas y ya presentía concluida su misión. Había visitado países de anchos ríos e inmensas sabanas, atravesado desiertos de arenas blancas, navegado mares de aguas turbias y oscuras. Había conocido la alegría y la derrota, la decepción y la esperanza y llegado era el momento de marchar.
Paseó con nostalgia la mirada entre el bullicio de una plaza donde, en pequeños corrillos, reía y brindaba gente vestida de  fiesta. Recostó en la escalinata de una iglesia su figura encorvada y allí, al amparo de las sombras, se detuvo un instante a contemplar el alboroto. También él una vez sintió latir la ilusión en su alma, también soñó quimeras y utopías, también quiso alumbrar, una noche como aquella, un mundo nuevo pero... fracasó en su empeño. Nada, salvo esperar, podía hacer ahora. Sus minutos se agotaban veloces, la arena de su reloj −tictac, tictac− caía sin tregua y desbordado de amargura sentía el corazón. Tanta energía desperdiciada, tantas vidas y dichas tiradas por la borda, tantas angustias y esfuerzos inútiles, tanto olvido, tantas ambiciones desmedidas, tantas traiciones, debilidades, hipocresías, aflicciones, tantas promesas rotas, tantas esperanzas defraudadas. Y de tanta y tan cruel indiferencia frente a esto había sido él testigo...
El carrillón de la catedral comenzó a sonar a lo lejos y lo trajo de vuelta a la realidad. Medianoche. Se puso en pie con un suspiro y cerró los ojos. Estaba listo. Su tarea se había cumplido. «¡Feliz Año Nuevo!», «¡Feliz Año Nuevo!», escuchó gritar entre risas a algún ingenuo transeúnte. «Buena suerte, hermano», murmuró el viajero. Y mientras la última campanada aún resonaba en el aire, detenida una lágrima en sus ojos cansados, entre los engranajes del tiempo y la bruma del olvido, el viejo año en humo se deshizo.



jueves, 19 de diciembre de 2019

Impotencia




Día tras día contemplo a lo lejos con nostalgia esas nubes tan suaves, tan blanditas, casi de algodón de azúcar que el sol acaricia con dulzura al amanecer, mientras en el cielo remolonea todavía alguna estrella despistada. Y me siento de pronto tan lejos de casa... Intento no llorar, aunque a veces... Siempre fui algo melodramático, la verdad y una decepción inexplicable asalta algunas veces mis ojos celestes. El caso es que debo cumplir mi misión y por raro que os parezca yo mismo sugerí este destino pero si supierais cuánta maldad e indiferencia surca este ingrato mundo vuestro... ¡Jamás imaginé que tan difícil sería ganar mis alas!







http://estanochetecuento.com/impotencia-marta-navarro/

domingo, 1 de diciembre de 2019

Incompatibilidad de caracteres




«¡¡Dimito!!», chilló encendido de ira, al borde mismo del colapso, «¡¡DI-MI-TO!!». Abandonó la habitación con un portazo y corrió escaleras abajo. Aquel hombre lo sacaba de quicio, lo llevaba al límite de sus fuerzas y lo trastornaba hasta el hartazgo.
Respiró hondo en un vano intento por liberar la rabia que aún tenía atravesada en la garganta y echó a andar. Caminaba sin rumbo maldiciendo con furia su suerte, perplejo y orgulloso a un tiempo por aquel alarido tan impropio de su recalcitrante timidez, cuando se descubrió de pronto frente al Finnegan's Club. Dudó un instante parado en la acera, apenas era mediodía, algo temprano quizá para un primer trago pero a fin de cuentas se lo había ganado, transigió al fin su mala conciencia mientras se adentraba en la alcohólica penumbra del local. Acodó fastidio y desaliento sobre la barra, pidió un whisky sin hielo y con un cigarrillo aún por encender entre los dedos trató de serenarse.
El crimen era su mundo, la violencia y el asesinato su pan de cada día, si no lograba hacerse respetar, si aceptaba las absurdas pretensiones de aquel advenedizo con delirios homicidas, se convertiría al instante en el hazmerreir de la profesión. No era él un hombre arrogante y odiaba parecerlo pero en juego andaba ahora su prestigio y solo eso le importaba.
En cualquier caso, ya nada tenía solución. No había vuelta atrás. La situación era insostenible y demasiado encallecido y viejo estaba ya su ánimo para dejarse humillar.
Aceptaba con honestidad su parte de culpa. En efecto: se sabía suspicaz, testarudo y sensible en exceso, lo incomodaba trabajar en equipo, carecía de habilidades sociales... Pero aquella cortesía desdeñosa, la fría condescendencia hacia su persona que desde hacía un tiempo marcaba el tono de charlas y reuniones, lo tensaba de tal modo que había hecho al fin estallar su indignación.
Pese a todo no debió insultarlo. Llamarlo «gordo bastardo» había estado por completo fuera de lugar, masculló entre dientes con cinismo y sin atisbo alguno de arrepentimiento.
Era su jefe, cierto, pero si una vez tras otra aplastaba con insolencia hasta la más nimia de sus iniciativas, si él mismo planteaba problema y solución ignorando todas sus ideas ¿para qué diablos lo necesitaba?
Concienzudo y minucioso como era, había trazado un plan, pensado con cuidado cada detalle, puesto lo mejor de su inteligencia al servicio del trabajo encomendado y aquel vejestorio panzudo despojaba ahora a su esfuerzo de sentido, despreciaba su talento y le achacaba una falta de estilo que de ningún modo iba a tolerar. «Lógica y verosimilitud nunca fueron negociables, señor  Hitchcock» −musitó apenas para sí con dolorosa decepción− «¡Y Raymond Chandler merece su respeto, por amor de Dios!»
Hasta la extenuación, día tras día, le había rogado sacrificar parte de aquellos llamativos trucos visuales a los que tan aficionado parecía, en favor de la emoción; en interés de los personajes, de sus motivos y psicología; de la coherencia y el realismo imprescindibles para perfilar un buen relato. Pero fracasó en su empeño y el todopoderoso director había acabado por tirar su guión a la basura. En una película de Hitchcock nunca habría lugar para nada que él mismo no hubiera podido concebir, se consoló al fin Chandler, consciente de haber perdido la batalla.
Apuró de un trago su copa y salió a la calle. En un cajón de su escritorio Philip Marlowe dormía el eterno sueño de los justos, recordó de pronto. Esa misma tarde sacaría a su leal detective del aprieto en que lo había dejado atrapado meses atrás, decidió con renovada ilusión mientras un remordimiento de olvido cruzaba su rostro. Ahuyentó de su mente la versión que, en torno al novelesco encuentro de dos extraños en un tren, muy a su pesar dejaba incompleta y deseó en silencio suerte a su suplente. «El pobre diablo va a necesitarla», murmuró con sarcasmo en un súbito relámpago de malicia.








domingo, 24 de noviembre de 2019

Vértigo


«¡Un accidente!», escucho gritar a lo lejos. Una imprudencia, un despiste, un error... dirán luego. No. No lo ha sido en absoluto. Nada de lo ocurrido sucedió por accidente. Y tal vez sea esa incomprensión lo que en el fondo más me duela. Una eternidad sobrevolando bajo esta mágica capa de súper héroe los abismos del mal, del dolor, de la miseria; contemplando a vista de pájaro la fragilidad de la vida, tantísimo desconsuelo... Imposible era salir indemne, debieran saberlo. El desengaño y la frustración, también la soledad, hace ya mucho que devoraron mi alma. Nadie sin embargo se dio cuenta; soy bueno disimulando. Pero hay días en que la desesperación y el infinito cansancio que de un tiempo a esta parte siempre me acompaña al fin vencen. Esos días, días como hoy, encaramado unas veces a la más alta azotea de la ciudad, al campanario de cualquier iglesia olvidada y ya sin nombre otras, cruzo los dedos, libero en un suspiro la ansiedad atrapada en mis pulmones, me asomo retador al vacío y, olvidado un instante de mi esencia inmortal −eterno hombre de acero− con conmovedora ingenuidad, murmuro: «tal vez hoy...». Cierro los ojos, ofrezco mi cuerpo al abismo y, en un breve latido de esperanza, entonces sonrío.




Relato publicado en el nº 4 (diciembre 2019) de la revista "El Tintero de Oro Magazine"


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Irreal como la vida misma. Josep Mª Panadés - Reseña



"¿Existiría realmente esa fuente mágica de la inspiración?"

Cincuenta y cinco son los relatos que componen esta antología, "Irreal como la vida misma", la primera que publica José Mª Panadés ("Retales de Una Vida" su blog). Un variadísimo conjunto de historias, muy diferentes todas ellas entre sí, donde con un estilo ágil y sencillo, muy cercano, difumina el autor las fronteras entre géneros saltando con cada cuento del suspense a la fantasía, de la denuncia social al romanticismo, de lo onírico a lo cotidiano, del terror a la ternura...
Ambientados con detalle y llenos de matices, con giros inesperados, personajes muy bien construidos e impactantes finales, logra articular cada uno de ellos un mundo propio, una realidad imaginada y diferente que atrapa de inmediato al lector en  sus redes, que desafía entre líneas su razón y lo conduce poco a poco hasta el límite de lo posible o lo verosímil.
Estupenda selección repleta de asesinos, espías, fantasmas,  secretos, venganzas, culpas, misterios, amores... Relatos todos muy entretenidos y muy bien escritos. 
Una lectura muy recomendable.