sábado, 9 de julio de 2016

Ilusionismo


     Por fin había llegado el día. Durante semanas la prensa había anunciado a bombo y platillo el acontecimiento y en el ambiente flotaba una sensación extraña, mezcla de ilusión y nerviosismo. La sala estaba repleta. Hacía días que no quedaba un solo asiento libre y la expectación era máxima. Todos los presentes se sabían testigos afortunados de un momento único e irrepetible. Espectadores ansiosos por conocer los secretos que el mago más famoso de todos los tiempos había prometido desvelar precisamente sobre aquel escenario en la que probablemente, él mismo había dicho, sería la última función de su carrera.
      El telón se alzó al fin y el espectáculo comenzó. Los números se sucedían uno tras otro arrancando el aplauso encendido de un público entregado que levantó unánimemente las manos cuando el artista reclamó un voluntario para colaborar en su siguiente actuación. Una joven rubia y sonriente fue la elegida. Subió decidida al escenario y entre bromas y risas el mago la colocó frente a una diana diminuta preparándose para lanzar sobre ella el primero de los cinco sables que habrían de atravesarla, en medio de un silencio absoluto de respiraciones contenidas. Un instante después un grito inesperado, triste y brutal, rompió en mil pedazos la magia de la noche. Las luces se apagaron, el telón cayó de golpe y el ilusionista se volatilizó en el aire dejando tras de sí cientos de expresiones atónitas, incapaces de adivinar si lo allí sucedido fue sueño o realidad.


    
   Microrrelato para los Viernes Creativos de elbicnaranja.wordpress.com inspirado en la fotografía de Rosa Fuster Serquera.




jueves, 7 de julio de 2016

Deprimido


     Ya nadie cree  en los fantasmas y así no hay manera de trabajar. A pesar de todo, yo soy un profesional y lo sigo intentando. Cada noche empleo mi mejor repertorio: apariciones espectrales, rechinar de dientes, entrechocar de cadenas, espeluznantes chirridos... Pero, ya digo, no hay manera. Nadie me toma en serio. Por eso, esta mañana, en un último intento por recuperar la confianza perdida, decidí cambiar de táctica y, oculto bajo la alfombra, esperé estratégicamente el momento oportuno para materializarme lentamente de la nada. Y ¿qué dirán qué pasó?, ¿gritos?, ¿desmayos?, ¿escalofríos de terror, quizá?. ¿No me dirán que no hubiera sido ésa la reacción lógica de cualquier persona en su sano juicio?. Pues ya ven que no. A las pruebas me remito. En cuanto posé, tímidamente pero con toda la ilusión del mundo, mi mano sobre la alfombra no sé qué extraña idea atravesó la mente de esa horrible mujer que sin pensárselo dos veces desenfundó la aspiradora y en un santiamén acabé desmembrado en el interior de aquel artefacto del demonio. En fin, que todo me sale mal y ya no sé qué pensar. Estoy al borde del ataque de nervios y tal vez no me viniera mal algo de ayuda psicológica para superar tanto fracaso. Lo he pensado mucho, no crean, o mato al psicólogo de un susto o sana mi ego maltrecho. Ambas opciones resolverían mi problema pero ocurre que en este mundo de ultratumba nadie sabe guardar un secreto y me da tanta vergüenza...




    

   Microrrelato inspirado en la fotografía de Achraz Baznani propuesta por la revista digital Valencia Escribe.