viernes, 29 de abril de 2022

Distrito del sur. Un paisaje inglés. Winifred Holtby ─ Reseña

 

No había poesía en ella. Siempre barriendo y ahorrando y pensando en los quehaceres domésticos

Periodista, poeta, novelista, Winifred Holtby (1898-1935) es una autora poco conocida en España pese a ser un clásico de  la literatura europea. Estudiante en Oxford, comprometida con el pacifismo, con la lucha por los derechos de la mujer, con la reivindicación laboral de los trabajadores y la necesidad de reformas, sus escritos ejercieron una gran influencia en la sociedad del momento y, años después de su muerte, la Royal Society of Literature instauró un premio con su nombre.

Ganadora del prestigioso James Tait Black Prize, "Distrito del Sur. Un paisaje inglés", la última de sus obras (publicación póstuma) es también la más popular y uno de los pocos libros que nunca ha sido descatalogado ni ha dejado de publicarse.

Ambientada en el periodo de entreguerras, evocadora e inspirada en la propia familia de la autora (la madre, especialmente), la novela recrea la vida en un pequeño pueblo de la campiña inglesa saltando de la rutinaria cotidianeidad de sus habitantes: sus alegrías, preocupaciones, rencillas, a una visión más amplia del territorio para abordar temas relacionados con educación, vivienda, agricultura, política, sanidad... que dan al texto una hondura social cargada de intención.

La directora de la escuela de niñas es el eje en torno al que Holtby articula el relato pero estamos en realidad ante una historia coral, repleta de personajes, tramas y subtramas que ofrece a todos los habitantes del pueblo su momento de protagonismo. Un caleidoscopio de luces y sombras profundamente humano, capaz de enlazar ilusiones, miedos o aspiraciones personales con la denuncia sutil de ciertas corruptelas e injusticias sociales, señalar la falta de oportunidades inherente a la pobreza o incidir en el eterno conflicto entre modernidad y tradición.

Ágil y rica en matices, muy amena de leer, la autora logra con su narración implicar al lector, haciéndolo reflexionar, emocionarse, tomar partido... sorprenderlo finalmente con una conclusión valiente e inesperada.

Llevada al cine y la televisión en varias ocasiones, destacar la adaptación realizada en 2011 por la BBC.

viernes, 22 de abril de 2022

Como vana sombra. Jane Hervey ─ Reseña

 

Cuál era el verdadero hombre y cuál su sombra

Escrita en la década de los cincuenta pero inédita hasta 1963, "Como vana sombra" es la única novela publicada por Jane Hervey (pseudónimo de Naomi Blanche Thoburn McGaw), una autora sobre la que apenas existe información más allá del hecho de haber nacido en Sussex en 1920, haber crecido en el seno de un hogar acomodado y contraído matrimonio en dos ocasiones. Se dice también que la publicación de esta historia la enemistó con su familia por lo que, tal vez, se inspirara en ella en exceso.

En un tono muy próximo a la comedia, la novela aborda los cuatro días que suceden a la muerte del coronel Alfred Winthorpe, acontecimiento que parece suscitar más indiferencia que dolor en la viuda y en los hijos.

Mientras preparan el funeral y atienden las últimas voluntades del difunto, en todos ellos late un secreto sentimiento de alivio que deja al descubierto el carácter de un hombre déspota y egoísta, más temido que amado. Nadie, sin embargo, será capaz de reconocer esa sensación y, así, durante los cuatro días de preparativos y asimilación de la nueva realidad, mantendrán las formas de modo impecable y cumplirán las engorrosas formalidades sociales derivadas del deceso con disciplina exquisita, sin reproches y hasta un extremo casi obsesivo.

Los arreglos florales, el atuendo funerario, los invitados al ágape tras la misa... marcan en apariencia las preocupaciones de esos días, ocultando el desconcierto, la culpa o la tristeza que en ellos subyace.

La manera de cada personaje de afrontar la desaparición del coronel, sus expectativas, el temor que aún sienten frente a su recuerdo, va perfilando la historia de una familia adinerada pero infeliz, anclada a la cotidianidad y las rutinas, desapasionada e incapaz de compartir sus emociones.

Repleta de detalles, de reacciones sutiles y diálogos muy reveladores, Hervey alterna la visión exterior que de cada personaje tienen los demás con una voz interior muy potente que deja su realidad al descubierto y expone sus miedos, sombras y flaquezas, creando con ello un mosaico de relaciones que oculta mucho más de lo que muestra.

El papel de los sirvientes y la humanidad con que se comportan en el entierro sirve asimismo a la autora como contrapunto para reflejar la falta de calidez de una gente obsesionada por el deber y el ceremonial.

Historia ágil y engañosamente sencilla, repleta de aristas y con una crítica social apenas encubierta hacia la hipocresía de ciertas actitudes y comportamientos de clase.

viernes, 15 de abril de 2022

El halcón maltés. Dashiel Hammett ─ Reseña

 

Comprendió que los hombres mueren así, por azar, y que solo viven mientras el ciego azar los respeta

«Hammett devolvió el asesinato al tipo de personas que lo cometen por razones, no solo para proporcionar un cadáver. Hizo una y otra vez lo que solo los mejores escritores pueden hacer. Escribió escenas que parecían nunca haber sido escritas antes», dijo de él Raymond Chandler en uno de los ensayos sobre ficción detectivesca publicado primero en la revista "The Atlantic Monthly" e incluido luego en "El simple arte del asesinato".

Referente por excelencia de la novela negra, Dashiel Hammett (1894-1961) trabajó durante un tiempo como detective para la agencia Pinkerton y es esa experiencia la que se halla en el origen de sus historias y de donde probablemente proceda el marcado realismo de su estilo.

"El halcón maltés", una de sus novelas más conocidas gracias en parte a la adaptación cinematográfica de John Huston con Humphrey Bogart como protagonista, aborda la investigación policial que hará seguir al detective Sam Spade la pista de una valiosísima estatuilla cuyo rastro, perdido hace años, han recuperado en San Francisco ciertos especuladores centrados en el mundo del Arte. Una figura en forma de halcón, incrustada de piedras preciosas, que los caballeros de la Orden de Malta regalaron en su momento al emperador Carlos V, objeto ahora de deseo para los contrabandistas y para una misteriosa dama que contrata los servicios del detective a fin de recuperarla.

Desde ese punto de partida, el autor arma un misterio anclado a los bajos fondos, tejido a base de medias verdades, engaños, traiciones y pistas falsas que conducen con frecuencia a callejones sin salida, en una trama argumental repleta de asesinatos, mezquindades, robos, corruptelas... donde el lector va averiguando lo sucedido al mismo tiempo que el protagonista. Un puzle laberíntico donde nada es lo que parece, con un desenlace original y sorprendente.

Con un estilo muy sobrio, a base de pequeños detalles, Hammett logra una ambientación, un tono y unos personajes muy particulares, ensombrecidos por un halo de amargura y pesimismo. Y, más allá de la investigación o la resolución del caso, lo que en realidad plantea con su historia es un conflicto ético que deja al descubierto lo turbio de ciertos intereses y lo fácil que resulta en determinados ámbitos burlar la ley o la justicia.

Leída con la perspectiva del tiempo, quizá pueda parecer que la novela acumula todos los estereotipos del género: detective cínico y desengañado, secretaria ingenua y crédula, policías brutos y fáciles de burlar, sicarios sin escrúpulos y con poco cerebro, mujer fatal y misteriosa... pero, en su momento (fue publicada en 1930), esta forma de definir a los personajes resultó tremendamente novedosa. Fue la posterior repetición de tales características, tanto en cine como en literatura, lo que dio lugar al arquetipo y lo que fue perfilando los requisitos que darían entidad al nuevo género.

La película, muy fiel a la novela, supuso por su parte el debut como director de John Huston (hasta entonces se había centrado únicamente en su papel de guionista), obtuvo tres nominaciones al óscar y es una auténtica joya del cine negro.


Reseña publicada en la revista "Escribiendo a hombros de gigantes" de El Tintero de Oro. Septiembre 2022.

lunes, 4 de abril de 2022

Muerte en el lago

 

«Ramón Hernández, detective privado». La placa en la puerta de mi despacho pendía descolgada de uno de sus goznes. Apenas la colocaba en una posición aceptable aquella maldita volvía a derrumbarse así que, harto de intentarlo, claudiqué y renuncié a enderezarla. No era buena carta de presentación, lo reconozco, pero qué gran metáfora de mi situación en ese tiempo. La agencia agonizaba. Mis fantasías novelescas se daban de bruces contra la realidad y mi mueca a lo Humphrey Bogart perdía intensidad a fuerza de no usarla. Solo algún trabajillo de poca monta nos mantenía aún a flote pero las deudas se acumulaban y Roberta, mi leal secretaria, perdía ya la cuenta de los sueldos incobrados.

Por eso el encargo de Miranda Santos resultó tan providencial. Un día sus nudillos golpearon aquella puerta calamitosa que delataba mi naufragio y, tras un instante de duda, cruzó el umbral, se llevó la mano al cabello con gesto indolente para apartar un mechón que le caía sobre el rostro y sin tomar asiento, de pie frente al ventanal de mi despacho, comenzó su historia.

─Lo que voy a contarle es algo extraño ─murmuró aún dándome la espalda. El sonido ronco de su voz erizó el vello de mi nuca y un mal presentimiento puso en alerta mis sentidos─, no me interrumpa y no cuestione lo que digo. Un hombre ha muerto. Yo... creo conocer al culpable pero... no puedo. No soy capaz de delatarle. Esa es la misión que le encomiendo: desenmascarar al asesino, revelar sus motivos y darlo a la justicia.

Calló un instante y se giró hacia mí con nerviosismo. Un relámpago de miedo brillaba en sus ojos. Supe que decía la verdad y, casi sin pensar, acepté entonces el caso más insólito de toda mi carrera.

Me obsesioné con Miranda. Sus rizos negros, sus ojos asustados, su aire de infinito desamparo asaltaban mi mente a toda hora. Se negaba a revelar el nombre del culpable por falta de pruebas ─decía─, intentaba que yo, libre de prejuicios, confirmara sus sospechas. Pero algo más oscuro habitaba su silencio.

Al repasar el dosier que dejó sobre mi mesa, una carpeta con fotos y ligeros apuntes personales, recordé el caso. La muerte de Andrés Peralta había protagonizado meses atrás la crónica de sucesos. Un hombre de unos cuarenta años, alto, fibroso, de rostro inteligente y aspecto distinguido, ahogado en un pequeño lago de la urbanización Los Abedules.

Miranda y su marido celebraban el cóctel de inauguración de su nueva residencia. Él, Jacobo Espinar, acababa de ganar un importante premio literario y era el hombre de moda: un escritor reconocido, glamuroso y refinado, una bella mujer por esposa, un par de gemelos... Las cosas le iban bien. Era su momento. Había llegado al lugar que ambicionaba y estaba decidido a disfrutarlo.

Medio centenar de personas acudió al evento, escogidas todas por su relevancia social o literaria. Peralta llegó con retraso, se encerró unos minutos con el anfitrión en la biblioteca y salió luego dando un portazo. Nadie volvió a verlo hasta que, al amanecer, el guarda de turno halló su cuerpo flotando en el lago. Boca abajo, sin señales de violencia.

La policía consideró el suceso un accidente y cerró el caso de inmediato. Era lo que parecía, por supuesto. No había indicios de delito. Pero entonces... ¿por qué Miranda Santos habló de asesinato?  Y, sobre todo, ¿de qué tenía tanto miedo?, ¿qué era lo que había descubierto?

Peralta y su marido habían sido amigos durante los años de universidad. La vida separó luego sus caminos y Miranda no supo de él hasta el día de la fiesta. No había sido invitado, irrumpió por sorpresa, muy alterado. Discutió con el escritor y marchó poco después como alma llevada por el diablo.

Jacobo se negó a hablar del incidente pero era obvio que el enfrentamiento lo había trastornado. Abandonó al instante la velada y, tras el hallazgo del cadáver, se sumió durante días en un silencio esquivo. Luego el  tiempo serenó su ánimo y todo fue quedando poco a poco en el olvido.

Y ahora, tantos meses después... Miranda.

Andrés Peralta tenía la clave del misterio y por él comencé mis pesquisas. Cronista de cultura de un reputado semanario, sus reportajes, siempre irónicos y punzantes, le habían hecho ganar cierto prestigio. Su nombre era conocido en el mundillo y sus críticas encumbraban o eclipsaban carreras: músicos, escritores, cineastas... buscaban su aprobación a toda costa. Pero Jacobo no la necesitaba, ya tenía el reconocimiento que ansiaba y no había motivo de inquietud.

¿No lo había?

Una pieza del puzle encajó de repente en mi cabeza.

Y si...

Las preguntas se atropellaban en mi mente en una cadena de hipótesis que no lograba demostrar.

Hasta que de pronto, una tarde, Roberta resolvió el enigma.

«El fraude Espinar», un archivo en el portátil de Peralta que mi secretaria encontró revisando documentos fue la prueba decisiva. El artículo desmontaba sin piedad al autor que Jacobo nunca fue, a un hombre que firmaba novelas que otros le escribían y ponía rostro a éxitos ajenos.

No soportó saberse descubierto y... Lo que ocurrió en el lago no fue desde luego un accidente.

Miranda ─comprendí al fin─ no pretendía que yo confirmara sus sospechas. Quería que las descartara por absurdas. De algún modo también ella intuyó el crimen y ansiaba un explicación que exculpara a su marido.

¡Pobre Miranda!

No fui capaz de contentarla.




Relato publicado en la revista "Escribiendo a hombros de gigantes" de El Tintero de Oro. Septiembre 2022.