lunes, 20 de marzo de 2017

Fin


Se asomó sola por la escotilla para ver amanecer. Dos lágrimas heladas brillaron en sus ojos, conmovida como nunca estuvo por tan absoluta belleza. Lejanas y tristes ardían en el firmamento las estrellas, día y noche confundidos en aquel silencio abismal. Rompía el sol ya la oscuridad de la tierra cuando la joven astronauta se rindió. Extraviada en aquel vacío hondo y oscuro, imposible su regreso, decidió concluir al fin semejante agonía de añoranza y soledad. La escotilla cedió con suavidad. Salió. Flotaba... De pronto, algo la retuvo. Un llanto. Una súplica. Una oración. ¡Resiste, amor...! Ineficaz conjuro. Inmensidad. Paz. Abismo. Luz.... Suave, muy despacio, se apagó su corazón.

viernes, 10 de marzo de 2017

Zombie


 Seis cuarenta y cinco de la mañana. Suena el despertador. Amanece y la luz es muy escasa. Jaime se despereza y con un manotazo detiene el estridente sonido del reloj. Se levanta ─ojos soñolientos, pelo enmarañado─ y cruza el pasillo. Entra en el cuarto de baño. Se ducha. Se lava los dientes. Regresa al dormitorio. Hace la cama y se viste con esmero  ─traje azul marino, camisa blanca, corbata de rayitas rojas─. Toma las llaves y la cartera y sale de casa. Desayuna como cada día en el bar que hace unos meses abrió justo en su esquina ─zumo de naranja, café con leche y una tostada con mantequilla y mermelada de albaricoque─. Camina despacio hacia el trabajo, le gusta la soledad de las calles a esa hora tan temprana. Cumple con diligencia su jornada laboral ─larga y tediosa como todas─ y regresa, de nuevo a pie, exactamente por la misma ruta aunque ahora las calles parecen otras, más alegres y bulliciosas. Como de costumbre, nadie repara en él. Llega a casa. Prepara una cena ligera que ingiere frente al televisor. Comprueba la hora en su reloj. Nunca se acuesta demasiado tarde. A las seis cuarenta y cinco en punto sonará el despertador.

sábado, 4 de marzo de 2017

Ángeles caídos


      Con feroz eficacia la mortal consigna se cumplió. Era una guerra, decían los ejecutores. Diferente quizás, sí, pero guerra al fin y órdenes siempre fueron órdenes.
Desaparecer, de eso se trataba. Sin huellas. Sin errores. Sin rastro. Vidas náufragas en la tempestad.
Sobre un mar enfurecido y bravío, acogedor -cómplice jamás- incontables ángeles llovieron sin cesar.
Pactos de silencio. Secretos lacerantes. Vergüenza. Horror. Tanto, tanto dolor.
Ecos lejanos, voces y llantos que regresan del pasado.
Blancos pañuelos de mayo, rostros cansados, pasos lentos y callados.
Dignidad eterna de los humillados.

martes, 31 de enero de 2017

Cenizas


          Sonríes y, por un instante, el mundo se ilumina. Sueño contigo. Siempre estás ahí. Escondida en algún rincón de mi cabeza. Una sombra del pasado. Un fantasma que ya no duele. Un duendecillo burlón que se ríe de mí y no se deja atrapar. Pero, a veces, de repente, tu recuerdo me asalta y, por un momento, casi creo poder tocarte. Luego te desvaneces. Es mejor así. No me reconocerías en este viejo cansado y solitario que ahora soy, que sonríe con descaro por evitar que sus ojos traicionen el dolor.

Es difícil hacerse viejo, mi amor. Asumir incrédulo el reflejo de un espejo, luchar contra la inseguridad y el miedo, contra el desconsuelo, contra este desamparo...

Hoy estoy triste. Tal vez, aunque me niegue a reconocerlo, me siento solo. Por eso, como siempre, recurro a ti. Al recuerdo de tu risa, de tus palabras, de tus miradas, de tus silencios. A la magia del hada que un día traspasó mi vida y me hechizó para siempre. Gotitas de alegría que curan el dolor del alma.

domingo, 22 de enero de 2017

Destino final


Hubo un tiempo en que ésta fue una región de extraordinaria hermosura. Árboles majestuosos se alzaban en ella, arroyos de aguas claras y resplandecientes regaban sus tierras y todo el terreno se hallaba cubierto por flores multicolores y el más verde césped que jamás nadie hubiera podido imaginar. En lo alto de la colina, imponente, se alzaba un castillo donde alguna vez con justicia y benevolencia gobernó un rey, donde una bella princesa tal vez soñó la magia y la felicidad.
Nada queda ya de todo aquello. Ni un árbol ni una casa rompe el perfil de la inmensa llanura que en todas direcciones se extiende hasta parecer juntarse con el cielo. Ha calcinado el sol la tierra y todo es gris. Tiene el castillo ahora la misma tonalidad plomiza y opaca de cuanto le rodea y jamás sus habitantes sonríen, siempre en su rostro una expresión solemne y dura, olvidados ya de lo que fuera la alegría. Un maléfico espíritu parece habitar su alma y a nadie son capaces de amar. Nunca pudo hacerlo quien un día perdió su corazón.

domingo, 15 de enero de 2017

Dulces sueños


Había una vez una barca que soñaba con el mar. Soñaba despertar en mañanas plácidas, suaves y benignas, navegar tardes de sol hasta que el ocaso tiñera de naranja el horizonte, hasta ese instante en que poco a poco el mar cambiaba de color: del verde al azul, del azul al añil y por último casi al negro, peces diminutos nadando entre algas y corales, olas brillantes, blanquísimas y juguetonas salpicando su casco, cientos de gaviotas bajo un cielo inmenso y solitario. Soñaba con playas de arenas blancas, pescadores remendando sus redes con la última luz del día, olor a sal, la romántica voz de un vapor en alta mar... la aventura misteriosa de algún velero espectral, el cofre del tesoro de cualquier pirata con suerte. Soñaba la libertad
Sueños felices que, en noches tachonadas de estrellas, a la luna llena le contaba con pasión. Sueños que el destino quiso para ella imposibles.

lunes, 9 de enero de 2017

Reproches



¿Es que no tuviste bastante?, ¿por qué me torturas así?. Me obligas... Y no quiero pero tú me obligas. Siempre. Una y otra y otra vez. Mira en lo que me has convertido...
Una mujer de mejillas flácidas, ojos hundidos y tez demacrada ─destinataria única, una vez más, de aquel monólogo interminable─ tiembla en silencio, acurrucada en el más triste rincón de una habitación, como ella, sombría y devastada.

martes, 3 de enero de 2017

De aquí a la eternidad


Desde una viga del techo se ve  tan diferente la vida que no sé cómo nunca hasta ahora se me ocurrió subir. Desde las alturas y con cierta distancia por arte de magia, abracadabra, en  un instante empequeñece cualquier problema. Se está bien aquí. Magnífica perspectiva y tanta paz... No recuerdo cuándo ni cómo subí, he perdido la noción del tiempo, me temo. Oigo a mi esposa chillar. Llora. Parece asustada. Aquí arriba, amor, le digo, ya voy... pero ella no me escucha. ¿Por qué? ¿qué ocurre...?. Salgo de pronto disparado desde el techo. Asciendo suavemente entre nubes de algodón. Luz cegadora... Comprendo y sonrío.

viernes, 30 de diciembre de 2016

La chica de los girasoles


Hoy me acordé de ti. No sé porqué. Tal vez porque es verano, hace calor y es época de girasoles. Durante mucho tiempo te vi bajar del tren, tarde tras tarde, a esa hora en que la gente regresa a casa tras su largo día laboral. Seria, sola, fatigada, con aspecto de llevar sobre tus hombros cansados el peso de un mundo siempre a punto de desmoronarse. Una mujer joven todavía, ojos oscuros y profundos y un raro halo de misterio en la mirada. Acostumbrada a esconder sus sentimientos. Quizá endurecida pero valerosa y fuerte. Eso me parecías. Aunque lo que al fin me cautivó y, sin que jamás hubieras podido llegar a imaginarlo, me hacía buscarte cada tarde en el andén y me conmovía de un modo extraño era la sonrisa fugaz que por un instante iluminaba tu rostro cuando, antes de perderte de nuevo entre la multitud, te detenías un momento frente al pequeño puesto de flores de la estación, rebuscabas en tu bolso unas monedas y elegías con cuidado un girasol. Dorado, cálido, luminoso. Nunca ninguna otra flor. Siempre un girasol. Ardiente y bello. Luego, un día, dejé de verte. Te llamabas Cristina. Lo supe tiempo después, al descubrir de improviso tu fotografía bajo un texto breve y sin alma que, en la crónica de sucesos de un periódico local, hablaba de dos pequeños huérfanos, un marido arrepentido a destiempo y alguna estadística dolorosa y fría. Lloré entonces mi rabia y tu impotencia. Lloré el horror, la desesperanza, el desconsuelo... y grabada en mi recuerdo quedaste para siempre como la chica de los girasoles. La chica de la mirada herida a quien la belleza imprevista de una flor embrujada por el sol, regalaba cada tarde una esperanza y robaba una sonrisa.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Nuevos tiempos


Me acuerdo de mil y una  noches repletas de estrellas, del brillo de la luna llena,  de aquellos mágicos amaneceres cubiertos de rocío...
Me acuerdo del olor a jazmín, del tañido melodioso de las campanas meciendo dulcemente el despertar de la ciudad. Una ciudad ya para siempre convertida en nostalgia...
Me acuerdo de las risas; de los sueños; de la alegría y la esperanza.
Me acuerdo de la inocencia y la ternura.
Me acuerdo de ti.
 Y olvido. Sí, también algunas veces olvido...
 Olvido con infinito esfuerzo que un día el tiempo se volvió contra mí.
Olvido la oscuridad y el cansancio; el frío y la tristeza.
Olvido la devastación; el miedo; los llantos; la rabia y el dolor.
Olvido el silencio eterno de las fotografías; este desamparo; la expresión rota de tu rostro cuando lo impensable sucedió...