viernes, 10 de marzo de 2017

Zombie


 Seis cuarenta y cinco de la mañana. Suena el despertador. Amanece y la luz es muy escasa. Jaime se despereza y con un manotazo detiene el estridente sonido del reloj. Se levanta -ojos soñolientos, pelo enmarañado- y cruza el pasillo. Entra en el cuarto de baño. Se ducha. Se lava los dientes. Regresa al dormitorio. Hace la cama y se viste con esmero - traje azul marino, camisa blanca, corbata de rayitas rojas. Toma las llaves y la cartera y sale de casa. Desayuna como cada día en el bar que hace unos meses abrió justo en su esquina -zumo de naranja, café con leche y una tostada con mantequilla y mermelada de albaricoque. Camina despacio hacia el trabajo, le gusta la soledad de las calles a esa hora tan temprana. Cumple con diligencia su jornada laboral -larga y tediosa como todas- y regresa, de nuevo a pie, exactamente por la misma ruta aunque ahora las calles parecen otras, más alegres y bulliciosas. Como de costumbre, nadie repara en él. Llega a casa. Prepara una cena ligera que ingiere frente al televisor. Comprueba la hora en su reloj. Nunca se acuesta demasiado tarde. A las seis cuarenta y cinco en punto sonará el despertador.


Relato para los Viernes Creativo de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la fotografía de Erik Johansson.

1 comentario:

  1. Sí es que no da tiempo a más: trabajar, comer, dormir, trabajar...

    Has conseguido marcar muy bien ese ritmo del reloj. Me ha gustado mucho, Marta ;)

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