martes, 2 de julio de 2024

Elogio de las manos. Jesús Carrasco ─ Reseña

 


Cualquiera que haya tenido la experiencia de construir algo con sus propias manos establece un vínculo único con lo creado.


Con  un estilo lírico y muy evocador, Jesús Carrasco (Olivenza, 1972) es uno de los autores contemporáneos que mejor explora la relación del hombre con su entorno. El éxito de su primera novela, Intemperie, llevada enseguida al cine y unánimemente aclamada por la crítica, hizo despegar de golpe una carrera literaria donde el relato de lo cotidiano está siempre presente y su esencia deviene universal. Elogio de las manos, la última de sus publicaciones, ganadora del premio de novela breve 2024, es claro ejemplo de ello. Una historia, a medio camino entre el ensayo y la novela, que explora el papel del trabajo manual y su simbolismo como elemento transformador del mundo que nos rodea. Con una prosa limpia y poética, Carrasco reflexiona sobre la dignidad inherente a ciertos oficios artesanos, la paz mental, el ensimismamiento a que conduce el trabajo manual, la felicidad que a sus creadores proporcionan esos pequeños aportes de belleza, la honestidad con que siempre se realiza esa labor.

Hablando en primera persona, en un tono muy próximo a la autoficción que genera gran sensación de cercanía, la voz narradora  nos adentra en la intimidad de una familia, padres y dos niñas, que por una serie de casualidades en el año 2011 llegan a una vivienda de un pequeño pueblo andaluz, casi en ruinas. Un edificio destinado a la demolición para ser luego convertido en bloque de apartamentos residenciales, que el propietario les permite utilizar a modo de segunda residencia mientras se solventan los complejos trámites económicos y administrativos que la nueva construcción requiere. Pese a ese destino insoslayable, el proyecto se alarga en el tiempo y la familia pasará allí largos periodos durante años (diez, finalmente), reparando la casa y transformándola poco a poco en un lugar amable y acogedor. Así, convertida en un personaje más, envuelta siempre en un halo de provisionalidad, la casa simboliza el inevitable final al que todos, cosas y personas, estamos abocados, pero también la alegría de disfrutar el momento presente y la necesidad de agradecer con sinceridad  lo vivido.

La atención a lo cotidiano, a lo pequeño y lo doméstico, a la esencia más profunda de las cosas, el reconocimiento hacia el trabajo de los demás, la permanencia en gestos y memoria de lo aprendido de generaciones pasadas, son la base de un relato muy cuidadoso, escrito con enorme sensibilidad, que presta atención a los detalles y reivindica una belleza que pasa desapercibida demasiadas veces. Una historia inspiradora y preciosa que no deja sensación de melancolía sino de serenidad, de gratitud y asombro ante los pequeños milagros de la vida.

10 comentarios:

  1. No me terminó de convencer Intemperie (ya sé que soy rara). Creo que me gustó más la película que la novela, cosa rara. No he vuelto a leer a Jesús Carrasco por más que me lo recomiendan. Creo que debería darle otra oportunidad. No sé si con esta novela que traes, que me resulta interesante con esa casa condenada, pero siempre renovada, o con la anterior, Llévame a casa, que me atrae por se de tema familiar (también Elogio de las manos lo parece en parte) y que tengo en mi lista hace un par de años.
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa. Pues Llévame a casa no la he leído así que no puedo decirte, pero este Elogio de las manos a mí me ha gustado mucho. Sí que es una historia familiar también y tiene mucho de homenaje al modo de vida de generaciones pasadas. Ya me dirás, si te animas. Un beso.

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  2. Escribes cosas preciosas sobre el libro y además creo que nos centra en lo artesanal dejando un poco de lado la Inteligencia Artificial que sería el antónimo del relato. Es cierto que hacer cosas con las manos resulta muy edificante en algo que se ha tendido en minusvalorar y dejar en manos de otros. Y luego está el relato de lo cotidiano que parece estar más que logrado.
    Una reseña preciosa, Marta.

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    1. Hola, Miguel. Pues sí, también habla de eso que comentas el libro: del menosprecio hacia el trabajo manual en favor del intelectual y como se tiende a contraponerlas cuando son cosas complementarias e imprescindibles las dos. Es una historia pausada, reflexiva y muy agradable de leer. A mí me ha gustado mucho y me encanta que te haya gustado la reseña. Un beso y muchísimas gracias.

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  3. Hola, Marta.
    Es verdad, con el trabajo manual siempre se adquiere un tipo de paz, que los mentales no logran. Al final lo cotidiano es primordial para sentirse bien con uno mismo, las grandezas siempre traen complicaciones.
    Un beso.

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    1. Exacto, prestar atención a las cosas pequeñitas y apreciar la belleza de lo cotidiano. A eso presta mucha atención esta novela. Un beso, Irene y muchas gracias.

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  4. Hola Marta, ya las palabras iniciales son impactantes. Un placer leerte. Abrazos

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  5. ¡Hola, Marta! Cualquier trabajo o esfuerzo debe poderse visualizar, pero sobre todo tocar. A modo de broma, suelo decir que un albañil que construye una pared es un trabajo maravilloso. Comienza el día con los ladríllos apilados y lo termina viendo frente a él el resultado de su trabajo. Al contrario de los trabajos intelectuales, que te pasas el día dándole vueltas a todo y lo terminas sin ver que, en realidad, haya nada tangible que te haga ver tu esfuerzo.
    Un abrazo!!

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    1. Hola, David. Pues sí, tendemos a infravalorar el trabajo manual y de eso habla mucho este libro: de la necesidad de apreciar la belleza que hay en él y la satisfacción que proporciona. Es una historia bonita, la que cuenta esta novela.

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