sábado, 25 de febrero de 2017

Latidos de olvido


Hay algo que aún no te he dicho, mi amor: sé que te pierdo. Lentamente. Sin remedio. Y tengo miedo. Tanto como nunca hubiera podido imaginar. El puñal que atraviesa mi corazón a cada instante se retuerce más y más y de tristeza y soledad, impotentes, profundamente heridos, amargas lágrimas lloran mis ojos. Y sin embargo... eres tú quien a pesar de todo me rescata -una vez más, como siempre- del dolor. Sonríes y nada importa. El miedo, el cansancio, el frío, el futuro tan incierto... todo se desvanece. En silencio tomo tu mano. Una ventana de visillos blancos filtra con dulzura el último sol de la tarde y un destello de felicidad, algo que no me atrevo a llamar esperanza, me asalta por sorpresa. La sonrisa fugaz que por un instante ahuyenta de tu rostro el desconcierto embruja mi alma, mi corazón herido. Se clavan tus ojos en los míos y, salvado un momento este abismo de olvido, siento de nuevo la magia que alguna vez habitó mi mundo. Eternidad  robada al más cruel y caprichoso ladrón de recuerdos a quien nadie se enfrentó jamás.


Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/

miércoles, 15 de febrero de 2017

Lucy

Me llamo Lucía. Un nombre precioso ¿no creen?. A mí me lo parece y odio por eso que me llamen Lucy. Pero... todo el mundo lo hace. A estas alturas sé bien que ya perdí la batalla y trato de no darle demasiada importancia. Aunque lo odio, ya digo, el dichoso diminutivo. Pero, discúlpenme, no vine a hablarles de mí.  ¿O quizá sí?.
Quería yo contarles de Anna y difícil me resulta no colarme en su historia porque es ella mi mejor amiga. Mi amiga del alma. ¡No saben cuán extrañas suenan en mi boca estas palabras!. Ustedes apenas me conocen y esto que les digo buena impresión no les ha de causar, lo sé, pero sinceridad obliga y debo reconocer que siempre fui algo huraña y desconfiada. Nunca me gustaron mucho los humanos, cierto es y poco importa ya la causa.

Anna, les decía, tiene diez años. Es una niña alta, pecosa, enamorada de la música y los libros. Y la chiquilla más valiente que conozco. La única razón -al fin comprendí- de mi aprendizaje y mi canina existencia. Un laberinto de peligros cada día juntas sorteamos. Siempre yo su luz entre las sombras. Sus ojos y su guía.