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jueves, 6 de noviembre de 2025

Las rutas del cielo

 


Alma adoraba las estrellas. Cada noche se dormía contemplándolas con la ventana  abierta y una sonrisa entre los labios. Orión, Casiopea, Andrómeda... el abuelo le había enseñado el nombre de todas las constelaciones y el modo de encontrarlas en la oscuridad. No solo eran puntos de luz, le decía asomándola a su viejo telescopio, eran historias, mapas antiguos dibujados sobre el firmamento que guardaban en secreto el sueño de  los hombres.

─ Mira, allá arriba, casi en el centro del cielo, está Polaris, la Estrella del Norte. Si alguna vez te pierdes, búscala, ella te ayudará  a recuperar el camino.

La niña seguía la dirección de su dedo con la imaginación disparada.

sábado, 11 de octubre de 2025

Polvo de estrellas

 

Había una vez un pueblito rodeado de montañas, un jardín de flores, una niña que vivía con su abuela y un cielo repleto de estrellas.

Cada noche, cuando ya empezaba a oscurecer, el jardín brillaba suavemente y la niña contemplaba el espectáculo asomada a su ventana.

─ ¡Abuela, mira! ¡Ya vienen las estrellas a dormir con nosotras!, palmoteaba con ganas al descubrir los reflejos que su luz dibujaba en el cristal, justo antes de acostarse.

No eran luciérnagas ni reflejos de luna, comenzaba entonces la abuela su cuento, la historia que cada noche sin falta reclamaba la pequeña. Su jardín, decía con gesto de misterio, era un puente que unía tierra y cielo. En él las estrellas velaban sus sueños hasta que el sol las relevaba en su guardia para pintar de colores la luz del amanecer.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Impaciencia

 


«Deprisa, deprisa, más deprisa...» La cola no se movía y Claudio se desesperaba. No toleraba los tiempos muertos. La espera lo superaba, no podía evitarlo. Se retorcía las manos, miraba su reloj, carraspeaba con insistencia. Su relación con el tiempo era complicada. Siempre lo había sido. Desde niño. «¿Falta mucho? ─preguntaba a su padre bien pequeño nada más subirse al coche camino del colegio─, ¿ya llegamos?, ¡deprisa, papá, más deprisa!». Lo consumía la impaciencia. Si ponía agua a hervir miraba cada dos segundos si ya burbujeaba, si pedía comida a domicilio llamaba al repartidor cinco minutos después, si hacía ejercicio en el gimnasio contemplaba su cuerpo en el espejo esperando notar nuevos músculos de inmediato. Perder tiempo era perder vida. La prisa era su motor y su condena.

Y ahora, aquella larga fila en el banco lo tenía al borde del colapso.

lunes, 8 de septiembre de 2025

Autorretrato

 


Mi tiempo se acaba. Respiro recuerdos y mi alma está rota. Apenas reconozco mi cara en el espejo. Mi piel es un mapa de surcos y sombras, la fatiga entorna mis ojos y la huella de la ausencia gravita en torno a mí. Todo lo tuve y todo lo perdí. Visité palacios, alterné con duques y princesas, derroché en caprichos mi fortuna. Conocí el amor y fui feliz, pero... La vida, implacable como suele, reclamó su precio y bien pronto vino la muerte a llevarse mi alegría. Saskia, Titus, Cornelia... conjuro a cada trazo sus nombres frente al lienzo. Su memoria araña mi garganta, trampea soledades y calma el desconsuelo. Siguen en mí. Están aquí aunque nadie lo sepa. ¡Qué desolación enterrar esposa e hijos!, ¡qué dolor tan innombrable!, ¡qué pena tan honda y tan inmensa! Todo lo que amé me fue arrancado. Solo permanece la pintura y solo ella acompaña mi tristeza. Cada pincelada es una  herida abierta, una confesión, el eco de un éxito olvidado. Y aunque nada queda de la gloria  ─Ronda de noche, Lección de anatomía... ¡qué lejano todo ya!─, sigo buscando la luz en la tiniebla. Tiembla mi mano, estoy viejo y cansado, pero... Siempre al sufrimiento lo vence la belleza.

martes, 12 de agosto de 2025

Espejismos

 


Un reloj sin péndulo, un violín sin cuerdas, fotografías arañadas de olvido... Ana vagabundeaba por la tienda a la espera de que amainase la tormenta, acariciaba los objetos, examinaba las vitrinas, ojeaba algún libro de cubierta llamativa. La lluvia la había obligado a refugiarse en aquel bazar de antigüedades en el que nunca antes se había fijado y ahora recorría sus pasillos con un chispazo de curiosidad, tan lleno todo de muebles, cachivaches y rarezas. El aire olía a madera y cuero envejecido, las tablas del suelo crujían a su paso y los estantes acumulaban polvo y descuido. Pero la estancia era confortable e imperaba en su ambiente una dulce intimidad.

Un espejo de forma ovalada y ribetes de plata llamó de pronto su atención en medio del desorden. De niña jugaba en casa de la abuela con uno parecido, recordó al descubrirlo sobre un tocador. «Espejito, espejito...», parodiaban entre risas a la madrastra del cuento con aspavientos de villana. ¡Ay! Un pellizco de nostalgia la llevó a buscar al dependiente y con ojos brillantes de entusiasmo decidió comprarlo.

sábado, 28 de junio de 2025

Leyenda urbana

 


El anonimato era su mejor arma. La madrugada su cómplice. Farolas y adoquines sus testigos. Todos sabían de sus actos pero nadie lo había visto jamás. Aparecía como un fantasma en la ciudad dormida. Una silueta encapuchada, casi un espejismo reflejado en callejones oscuros, que al amanecer se desvanecía. Huía de los focos, un pseudónimo disfrazaba su nombre y su rostro era un enigma. Era invisible. Una  sombra. Una leyenda.

Los muros habían sido continuamente su obsesión. Lo atraían con la fuerza de un imán. Desde siempre. Desde niño. Ejercían sobre él una fascinación inexplicable, un hechizo que despertaba sin aviso su instinto de francotirador justiciero. Los elegía con mimo y al descubrir uno de su gusto lo atravesaba un flechazo repentino. Acariciaba sus capas de pintura desconchada, las cicatrices de sus grietas, la herida que en ellos había dejado el olvido. Los engranajes de su mente comenzaban entonces a girar y ponían en marcha el ritual.

lunes, 9 de junio de 2025

El secreto de la felicidad

 


El despertador sonó a las siete en punto, como cada mañana. Clara lo apagó con un suspiro y clavó los ojos en el techo sin ganas de moverse, pero ya repasaba en su mente las tareas del día: preparar el desayuno, dejar a Jaime en el colegio, responder correos, terminar el informe que dejó a medias la noche anterior, mantener la compostura en la reunión de empresa...

Se levantó y se arregló sin apenas mirarse al espejo. Despertó al niño, le hizo la cama, lo ayudó a vestirse y revisó su mochila. En la cocina, su marido untaba mermelada en las tostadas. Desayunaron juntos y se pusieron en marcha.

De camino al trabajo, parada ante un semáforo en rojo, una frase en la radio la dejó sin aliento. Había oído cosas parecidas en infinidad de ocasiones pero, por algún motivo, en aquel momento, su corazón latió diferente.

domingo, 18 de mayo de 2025

Bitácoras a la deriva

 


«¡Cuánta belleza en la tristeza! Aroma de añoranza. Olor a salitre. Presagio de tormenta. Firmado: Mareas del Norte». Laura releyó el comentario con una rara mezcla de emoción y desconcierto. Llevaba meses escribiendo Latidos urbanos, un humilde blog perdido en la inmensidad de la red donde a modo de diario volcaba momentos de su vida en Buenos Aires: paseos por San Telmo, conversaciones robadas en cafés, librerías con encanto, cine clásico (mejor en blanco y negro) sorprendido en algún canal de madrugada. Pequeñas instantáneas que traslucían ilusiones, también a veces decepciones, y ordenaban sus días. Mensajes en una botella lanzados al océano digital; a aquel universo extraño, anónimo e inabarcable, donde  poco a poco había encontrado su lugar. Le gustaba imaginar sus palabras flotando a la deriva, navegando hacia un puerto amigo que las acogiera con cariño.

lunes, 5 de mayo de 2025

Diez minutos

 

«Toc-toc-toc, toc-toc-toc», taconeaba impaciente a la puerta del café. Revisó el móvil por enésima vez y comprobó la hora en el reloj. «Llego en diez minutos», había escrito Jorge hacía exactamente treinta y siete minutos y quince segundos. Siempre igual, pensó Marina, notando cómo el enfado hervía en su interior. Diez minutos que se expandían como un agujero negro: veinte, treinta, cincuenta, lo que hiciera falta.  Luego él aparecía como un vendaval: una sonrisa, un beso, un «Marina, cariño, no te enfades, ha surgido un imprevisto» y... hasta la próxima vez.

lunes, 7 de abril de 2025

Tiempo relativo

 



¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo sé pero si trato de explicárselo a quien me lo pregunta no lo sé.

San Agustín           

El viejo reloj marcaba los segundos con su leve crepitar. «Tic-tac, tic-tac ─repetía monótono─, tic-tac, tic-tac...». A la tenue luz del alba un sueño cruzó de puntillas la ventana, rozó la frente del hombre que dormía y revoloteó un instante sobre él. «Yo soy el tiempo ─murmuró junto a su oído─ Tú eres yo y yo soy tú. Pasado, presente, futuro... nada son. Todos somos desde siempre parte del tiempo y de todos fue siempre parte el tiempo».

Hacía días que una intuición rondaba su mente. Un anciano le hablaba en sueños del tiempo y sus secretos, pero al despertar la magia se esfumaba y la idea se perdía.

«El futuro de hoy será presente mañana, el presente de hoy será pasado mañana...».

miércoles, 5 de marzo de 2025

Cena para dos

 

Los últimos comensales abandonan el restaurante entre carcajadas y gestos cómplices. «Buenas noches», «gracias», «hasta la próxima»...,  los despide Manuel con una sonrisa cansada. Cierra la puerta con un giro de llave, baja a medias la persiana y comienza a recoger los restos esparcidos por las mesas. Un mundo de historias y sabores flota en el aire. Una nube de alegrías, ilusiones, expectativas... ¡Cuántos secretos guarda ese local!, suspira con una torre de platos bailando entre sus manos de equilibrista. Ordena con esmero copas y cubiertos, conecta el lavavajillas, apaga las luces y vuelve a la sala ahora en penumbra. Solo un pequeño rincón permanece alumbrado a la llama de dos velas. Una cubitera con champán, servicio para dos, estrépito de latidos en su corazón. Nadie ocupa nunca ese lugar. Es su refugio. Su esperanza. Allí se sienta cada madrugada con un quejido ahogado en la garganta. Pierde la mirada en el cristal de la ventana, noche tras noche la aguarda. Ella prometió que volvería, pero... ¿Por qué no regresa?

martes, 10 de diciembre de 2024

Infiltrado

 


¿Sabes? Yo tengo una historia que tú no conoces. Que ni siquiera imaginas porque apenas me ves. Tu ceguera me atraviesa con desprecio y tu indiferencia me convierte en nada: una cifra, un despojo, un ilegal. Alguien sin origen ni identidad. Me culpas por ansiar la vida que tú tienes, por tratar de huir del dolor y la pobreza. Nunca piensas que quizá un mal día podrías estar en mi lugar. He dejado atrás mi tierra, he visto los ojos de la muerte y el daño incalculable que provoca la maldad. He llorado, amado, soñado... Y esos sueños, también el poder de la esperanza, me trajeron hasta aquí.

viernes, 8 de noviembre de 2024

La voz de la conciencia

 


Trazó la señal de la cruz sobre su frente y una oración sacudió sus labios. Las  manos le temblaban, el corazón le latía enloquecido y el miedo se anudaba a su garganta. Fuera de la cabaña rugía la galerna. El cielo relampagueaba con violencia, el viento aullaba entre los árboles y el mundo parecía quebrarse envuelto en la tiniebla. La tempestad no daba tregua, pero... No eran truenos lo que retumbaba tras la puerta. Dos golpes sordos, un aroma a incienso y flores secas... Puntuales a la cita, regresaban sus fantasmas. La oscuridad lo cercaba, la notaba sobre él y esa cercanía arrugaba el alma del anciano. El fuego de la chimenea se apagó de golpe y un escalofrío helado recorrió su espalda. Retrocedió dos pasos. El suelo crujió bajo sus pies y una voz pronunció su nombre... «Afronta tus pecados ─murmuró inflexible─, hora es de saldar cuentas». «¡Piedad!», pudo apenas suplicar el hombre enfrentado a su conciencia.

martes, 10 de septiembre de 2024

Digital Queen

 


Lo había logrado. Una legión de internautas acababa de encumbrarla reina de las redes. La estrella más brillante, la más bonita, la más querida. ¡Cuánto lo había deseado y cuánto se había esforzado para conseguirlo! Desde niña su mundo había girado en torno a ello. Ambicionaba fama y reconocimiento, ser alguien especial, y pronto Instagram, TikTok, Youtube... no tuvieron ningún secreto para ella. Había estudiado con detalle cada movimiento de sus ídolos, copiaba estrategias, analizaba perspectivas, revisaba sus publicaciones una y otra y otra vez hasta dar con la clave de un éxito que al fin ahora había caído rendido a sus pies. Cada imagen compartida era una obra de arte pensada al milímetro, escenas perfectas que mostraban una vida inexistente. Los vídeos, pequeñas píldoras de cotidianeidad planificadas con esmero, se viralizaban al instante por su alegría contagiosa y aparente desenfado. Sus seguidores se multiplicaban por minutos, las firmas desesperaban por ficharla y el universo digital la idolatraba sin medida. Objetivo cumplido. Era su momento. Y sin embargo... ¿Por qué no conseguía sentirse satisfecha? ¿Qué era ese vacío que notaba en el centro mismo del pecho? ¿Ese agujero que a golpe de likes parecía ensancharse cada día más y más?

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Rutinas

 

Seis cuarenta y cinco de la mañana. Suena el despertador. Amanece y la luz es muy escasa. Jaime se despereza y con un manotazo detiene el estridente sonido del reloj. Se levanta ─ojos soñolientos, pelo enmarañado─ y cruza el pasillo. Entra en el cuarto de baño. Se ducha. Se lava los dientes. Regresa al dormitorio. Hace la cama y se viste con esmero ─traje azul marino, camisa blanca, corbata de rayitas rojas─. Toma las llaves y la cartera y sale de casa. Desayuna como cada día en el bar que hace unos meses abrió justo en su esquina ─zumo de naranja, café con leche y una tostada con mantequilla y mermelada de albaricoque─. Camina despacio hacia el trabajo, le gusta la soledad de las calles a esa hora tan temprana. Cumple con diligencia su jornada laboral ─larga y tediosa como todas─ y regresa, de nuevo a pie, exactamente por la misma ruta aunque ahora las calles parecen otras, más alegres y bulliciosas. Como de costumbre, nadie repara en él. Llega a casa. Prepara una cena ligera que ingiere frente al televisor. Comprueba la hora en su reloj. Nunca se acuesta demasiado tarde. A las seis cuarenta y cinco en punto sonará el despertador.

martes, 16 de julio de 2024

Expectativas

 

Carmela se levantó temprano. Los nervios la habían mantenido en vela buena parte de la noche y harta ya de dar vueltas en la cama se puso en marcha con una sonrisa entre los labios. «Vieja tonta», se burló de su emoción en el espejo mientras repasaba por enésima vez la lista de tareas de la mañana. Se aseó con rapidez y comenzó su labor. Aireó la casa, arregló su dormitorio y se encerró en la cocina dispuesta a preparar los platos favoritos de sus nietos. Alba y Manuel crecían deprisa pero aún les gustaba el pueblo y pasar unos días en casa de la abuela. La quincena que cada verano tenía a los niños solo para ella era su mejor regalo. Los mimaba, jugaba con ellos, consentía todos sus caprichos... Rejuvenecía con su vitalidad y su alegría.

Aún no era mediodía cuando terminó de cocinar. Se cambió de ropa, peinó con esmero sus ricitos rebeldes y se sentó a esperar en su mecedora favorita. Encendió la televisión y la apagó enseguida, cogió luego un libro y trató de leer pero... No, imposible concentrarse. Bumbum, golpeaba el corazón contra sus costillas, bumbum... «Vieja tonta», insistió con descaro su sonrisa.

viernes, 28 de junio de 2024

Fenómenos

 

Con los humanos como atracción estelar, el gran circo intergaláctico anunciaba la función. «¡Pasen y vean! ─tronaba una voz en el espacio─ ¡El mayor espectáculo del Cosmos! ¡Pasen y vean!». Responsable de la gran hecatombe que generó la nueva era, la raza humana era una leyenda que se perdía en el principio de los tiempos. Seres de todos los rincones del Universo llenaban el anfiteatro con enorme expectación. ¿Algún grupo habría sobrevivido a la extinción?, ¿era eso posible?. «¡Pasen y vean! ─repetía la voz su exhortación─ ¡¿Mito?! ¡¿Realidad?! ¡Pasen y vean!». Atado a los barrotes de su jaula, un hombre temblaba mientras tanto de miedo y desconsuelo.

lunes, 10 de junio de 2024

Lo que nadie ve

 


Como si él mismo fuese su más pesada carga

La Metamorfosis (Franz Kafka)           

Igual que Gregor Samsa, Miguel Fernández se había convertido en cucaracha. No literalmente, por supuesto, esas cosas pasaban solo en las novelas, pero así era exactamente como se sentía. No había mejor modo de explicarlo. Notaba el asco que su presencia provocaba, el rechazo en las miradas de la gente, el perímetro de seguridad que agrandaba más y más el vacío en torno a él. La desdicha de aquel pobre personaje era ahora la suya. Tantas veces la había explicado en clase a sus alumnos y de pronto...

No recordaba los días que llevaba sin hablar con nadie. Había perdido hace mucho la cuenta y el peso de la incomunicación lo abrumaba. Un vidrio de tristeza velaba sus pupilas, lo torturaba el remordimiento, la flaqueza de un espíritu incapaz de hallar la voluntad que sí tuvo en otro tiempo. Demasiado tarde para hacer balance de todos sus errores asumía la culpa pero aún así...¡con cuánta furia lo mordía el desamparo! La ciudad había clavado en su carne los colmillos y le mostraba su cara más inhóspita.

miércoles, 5 de junio de 2024

Defensa propia

 


─¡Condenados inútiles! ─maldecía el emperador a sus generales─ ¿Cómo habéis sido tan incompetentes? ¡Por todos los dioses! ¿Cómo habéis permitido semejante desatino?

─....

─¿Cómo? ¡Responded, maldita sea!

─....

─ ¡Tanta vigilancia, tanta guardia recorriendo mis dominios, tanto presupuesto defensivo! ¿Para qué? ¡Decidme! ¿Para qué?

viernes, 24 de mayo de 2024

Cuerpos celestes

 

Amanece. Las estrellas juegan a esconderse en los colores del alba. El rumor del viento acuna la mañana. Ella, pálida y ojerosa, termina su guardia nocturna. Él la releva radiante. El nuevo día despunta. Le guiña un ojo. Sonríe. ¡Ay, amor! La madrugada es cuanto tienen. Un relámpago estremecido de ternura, un «te quiero» murmurado en la penumbra, un espejismo de sombra y luz. Clavan uno en otro la mirada y un puente de caricias aletea entre los dos. Luego, cual espectro inalcanzable, ella se desdibuja muy despacio. Desaparece en el horizonte: tenue, sin estela, sin color. Tiembla entonces una lágrima en sus ojos... Y una gota helada escarcha de rocío la cara oculta de su rostro.