Carmela
se levantó temprano. Los nervios la habían mantenido en vela buena parte de la
noche y harta ya de dar vueltas en la cama se puso en marcha con una sonrisa entre los labios. «Vieja tonta», se
burló de su emoción en el espejo mientras repasaba por enésima vez la lista de
tareas de la mañana. Se aseó con rapidez y comenzó su labor. Aireó la casa,
arregló su dormitorio y se encerró en la cocina dispuesta a preparar los platos
favoritos de sus nietos. Alba y Manuel crecían deprisa pero aún les gustaba el
pueblo y pasar unos días en casa de la abuela. La quincena que cada verano tenía
a los niños solo para ella era su mejor regalo. Los mimaba, jugaba con ellos,
consentía todos sus caprichos... Rejuvenecía con su vitalidad y su alegría.
Aún no era mediodía cuando terminó de cocinar. Se cambió de ropa, peinó con esmero sus ricitos rebeldes y se sentó a esperar en su mecedora favorita. Encendió la televisión y la apagó enseguida, cogió luego un libro y trató de leer pero... No, imposible concentrarse. Bumbum, golpeaba el corazón contra sus costillas, bumbum... «Vieja tonta», insistió con descaro su sonrisa.
Un cuento enternecedor que nos muestra la ilusión de muchos mayores en estos días de verano. Aunque para otros abuelos se convierten en días de infierno 😅
ResponderEliminarBesos, Marta, y suerte para esta primera ola de calor que se acerca jejeje 🌝🥤🏊
Pues sí, ¿quién sabe, verdad? Puede ser algo esperado o temido, jeje. Un beso, Miguel y muchas gracias. Vamos a ver cómo superamos estos calores...
EliminarMuy emotivo Marta y es que para una abuela esos días vacacionales con los nietos son una felicidad. Un abrazo
ResponderEliminarQué bien que te haya gustado, Nuria. Muchísimas gracias.
EliminarPrecioso tu relato. Tan sencillo y con ese final aún más sencillo. A veces, si se sabe poner en palabras de una forma tan precisa y preciosa, no se necesitan grandes historias. Enhorabuena.
ResponderEliminarUn beso.
¡Ay, Rosa! Mil gracias. Cuánto me alegra lo que dices.
Eliminar¡Hola, Marta! Un relato de vida, en este caso de esa abuela esperando a sus nietos. Y es que es en la vejez, cuando ya hemos sabido o podido soltar el lastre de todas las tonterías que nos van cargando en la espalda cuando nos damos cuenta de lo que es importante. Precioso y preciso micro. Un abrazo!!
ResponderEliminarAl final las cosas pequeñitas son las más importantes, ¿verdad? Me alegra mucho que te haya gustado el micro, David. Mil gracias.
EliminarUn relato encantador, Marta.
ResponderEliminarNo hay mayor signo de emoción que esos latidos desbocados.
Un fuerte abrazo :-)
Muchísimas gracias, Miguel Ángel. Contentísima porque te haya gustado.
EliminarSencillo y hermoso el cuento. Me acordé de El principito, cuando el zorro le habla sobre 'crear vínculos': en la mañana, estaré ansioso por verte; faltarán dos horas y estaré anhelante de verte,... Felicitaciones. Te sigo. Saludos.
ResponderEliminarPues que conexión más bonita has hecho, Héctor. Mil gracias. Encantada de tenerte por aquí.
EliminarEs un placer, estimada. La conexión surgió producto de la lectura de tu creación. Es la motivadora. Que estés superbién. Saludos.
ResponderEliminarIgualmente. Muchas gracias.
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