domingo, 5 de noviembre de 2017

Secretos de ultratumba


Medianoche. Oscuridad y silencio. Calla el mundo. Mi tiempo comienza. Tras el lúgubre tañido de las campanas, eco extraño y sobrenatural que la quietud de esta tristísima madrugada quiebra, desde lo más profundo de la tierra, mis restos al mundo de nuevo regresan. Errante y espectral −ojos vidriosos, pasos vacilantes, piel rasgada, extremidades rígidas, rostro plomizo...− como todos esperan o quizá me imaginaron un día −deshecho y quejumbroso− así hoy yo, confundido entre la espesa niebla que por doquier en torno a mí se extiende, casi en humo diluido, mi presencia entre los vivos, tímido y cauteloso, revelo.
 Con infinito esmero días, semanas, meses enteros, preparé mi aparición. Al cabo, el tiempo ahora se cumplió y esta tenebrosa, gélida y dolorida noche de difuntos para ser testigo de tan estelar momento fue la elegida. Nada habrá de fallar. Exitosa, sin duda, resultará la misión. Y yo mismo de ello, llegada la hora, daré fe.
Sé bien la incomprensión y el pavor que mi labor despierta mas no siento que deba por ella excusarme, cumplo a conciencia un deber al que −no importan los motivos− desde tiempo inmemorial, lealtad debo.
Y sin embargo...
Tantas miradas, adivino, pronto caerán inclementes sobre mí, tantos ojos estupefactos que en un instante −bien lo sé− pasarán del asombro al reproche, de la aprensión al terror... ¡Ay! Una intolerable ansiedad se apodera de esta triste ánima del Purgatorio desolada y penitente, arden mis mejillas y hasta la misma médula mis ruinosos huesos se estremecen sólo con pensarlo.
¡Pobre de mí! ¡Si el mundo conociera cómo odio ser centro de atención!  ¡Cómo lamento esta condición de muerto viviente mía en noches como esta! ¡Cómo tanto protagonismo me espanta!
Pánico escénico, así supe un día a mi extraña dolencia los doctores llaman. Siglos ha que en secreto guardo tan fatal diagnóstico. ¡Qué vergüenza! Si en esta cerrada, claustrofóbica y mojigata sociedad de ultratumba alguien se enterara sería mi fin. Irreparable el daño para mi reputación.
Hasta ahora, casi por milagro, todo ha salido bien, nunca criatura alguna nada sospechó y así confío hasta el final de los siglos habrá de ser. Misterios hay en el mundo que no se deben revelar. Y  aunque grande es el horror que carga mi conciencia, grande fue siempre también mi talento para el disimulo, arte a mi juicio −debo decir− valioso y práctico como ninguno, injustamente infravalorado, incluso por algún incauto desdeñado.
A salvo como creo estar, nadie tendrá jamás noticia de mi impostura.
Y sin embargo...
Atrapado me encuentro en la tela de una araña envenenada y pegajosa de la que, presiento, no lograré escapar.
Vetada la caricia de las lágrimas a las cuencas vacías  de mis ojos, un llanto seco y dolorido anuda esta noche mi garganta. Un llanto que no alivia, que lastima y quema.
 En secreto, con fervor anhelo que el alba venza al fin a la tiniebla, atisbar la suave luz que alumbre el nuevo día y así a mi cripta poder entonces regresar. Tornar a la rutina de mis horas, a la aburrida tranquilidad de mi guarida, a mi soledad y mis recuerdos, al rumor de un tiempo pasado y más feliz con sabor a antiguos, muy lejanos, otoños de infancia, a crema de calabaza, a dulce de membrillo, a chocolate caliente, a nueces y castañas...

Humildes sueños que una y otra vez contra este aciago y miserable destino mío sin remedio se estrellan. Y quisiera llorar. Y no puedo. Y entre melancolías, soledades y nostalgias se ahoga esta triste alma, en el limbo de la inexistencia para siempre perdida.



Imagen: Internet

6 comentarios:

  1. Genial, Marta. Tu cuidada forma de relatar construye un marco perfecto para las penas y lamentos de esta alma en pena, nos mete en situación con facilidad. Difícil cometido el de tu protagonista, y más si como dice odia ser el centro de atención :))

    ¡Un abrazo!

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    1. Jeje, muchas gracias Julia. Me alegra que te haya gustado esta pobre alma penitente. Un beso.

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  2. Hola Marta,
    El relato es excelente. Lo he disfrutado muchísimo, la ambientación es impecable. Despierta diferentes emociones y cuando te das cuenta de que su situación le provoca infelicidad, transmite la tristeza.
    Un beso.

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    1. Muchas gracias Irene. Me encanta lo que me dices de transmitir emociones. Me alegro mucho de que te haya gustado. Besos.

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  3. Un buen artista, a pesar del "miedo escénico", este ánima en pena que concienzudamente ha preparado su misión del regreso al mundo de los vivos, mientras el lúgubre tañido de las campanas va anunciando su llegada.
    La descripción de este lugar tenebroso, así como del protagonista y su inquietud, lo has narrado muy bien, Marta.

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Estrella. Muy contenta porque te haya gustado.

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